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Amanjiwo, Java Central

Viajar antes de viajar.

La noche anterior a un viaje es sin duda una noche larga, una noche de insomnio en la que no necesariamente se cuentan borregos.

Amanjiwo - Entrance

Es la noche en la que imaginamos la llegada, el aeropuerto, el taxi, las calles, la luz de la ciudad y sus miradas. Es imaginar mercados, probar, oler. Es observar todo en el intento de pasar inadvertido pero ser siempre observado. Es suponer una tarde a la intemperie y ser testigo de la puesta del sol, enmarcando a contraluz la silueta de un gran volcán.

La noche anterior al gran viaje siempre es así: inquieta, aunque conviene no crearse grandes expectativas, ya que siempre es mejor dejarse sorprender.

Amanjiwo, música en el aire

Desde niño he disfrutado los trayectos a través de la ventana del auto, sobre todo aquellos que no conozco y resultan largos. Son diálogos en continuo movimiento, en donde las historias se cuentan solas, en cámara lenta y a la distancia.

Amanjiwo - Pool Suite

El trayecto del aeropuerto a la propiedad de Amanjiwo (resort en Java Central) no es la excepción y, por mucho, es uno de los más interesantes que he recorrido. Las terrazas de arroz, las angostas carreteras, el hipercaos ordenado del tránsito, las miradas curiosas, las miles de motos que rodean los caminos como enjambres de hormigas, el aire ahumado mezclado con el fresco del bosque lluvioso, todo eso, tan ajeno y familiar al mismo tiempo, hace de los trayectos en Java Central algo difícil de pasar por alto.

Después de veinte horas de vuelo y cuatro en automóvil, mi principal objetivo era llegar a descansar, esa era la idea principal en mi cabeza y una meta inamovible. No tenía idea de a dónde me dirigía y nada que haya experimentado antes me había preparado para lo que estaba por suceder. Incluso los mismos guías del consejo de turismo se notaban inquietos.

La llegada al resort es simplemente majestuosa. El recibimiento es un baile javanés enmarcado en una lluvia de pétalos blancos, mientras se disfruta de un vaso de té hecho a la manera tradicional, de lemon grass, jengibre y otras hierbas desconocidas para mí y cuyos nombres no sé pronunciar. El inmenso hall central, rodeado por grandes columnas que dan la forma circular al complejo principal del resort, la luz cálida y las sonrisas de bienvenida, son solo una parte de la experiencia que ofrece este gran recinto.

Las hostess saben bien que has venido de muy lejos, te acogen en amabilidad mientras te guían a tu habitación entre los altos pasillos tipo laberinto. Al llegar a la habitación te das cuenta de que estás en tu pequeño palacio. La inmensa cama está al centro de la habitación, hay una gran sala en uno de los extremos y el enorme tocador es digno de cualquier princesa. Un gran biombo corredizo separa la habitación de los dos vestidores, uno para el hombre y otro para la mujer, cada uno con su propio baño y con ducha en cascada. Al fondo, en un patio exterior, se encuentra la tina al aire libre, enmarcada por la escultura en bronce de un inmenso sol.

En poco tiempo ya estaba disfrutando de un platón de salak y bananos, recostado en la alcoba, observando, a través del gran ventanal, la alberca y el jardín privados de mi habitación. Poco a poco descubrí el canto poco audible de un hombre, entremezclado con los sonidos del bosque lluvioso. Me levanté y fui al borde del ventanal, todo era un poco irreal y zambullirme en la alberca fue mi reacción inmediata. Desde el fondo de la alberca observé el cielo. Traté de asimilar todo: el largo viaje y el extraño encanto del resort al que había llegado, que sin dudarlo es el mejor donde he pasado la noche, un buen lugar para soñar despierto. Caí rendido después de la ducha y deliberadamente dejé el ventanal abierto para escuchar entre mis sueños aquel canto perdido en el bosque del valle de Monoreh .

Fade a negros

Asentado frente al gran templo de Borobudur, monumento y santuario al peregrinaje budista, Amanjiwo fue construido por Ed Tuttle en 1997. Esta gran estructura hecha de coral beige (limestone) se asemeja siempre a un palacio. Una gran terraza rodea el salón principal e inciensos perfuman el ambiente en todo momento: olor difícil de olvidar, tanto como la sensación que produce al dejarse llevar por la belleza del lugar y las incansables sonrisas del staff.

Amanjiwo - Dalem Jiwo Suite

Amanjiwo está rodeado por terrazas y habitaciones que se extienden en abanico, con dirección todas al valle formado entre el templo de Borobudur, los campos de arroz del resort y la inmensa alberca de 40 metros de la propiedad. Por las tardes se puede tomar el té en medio del camino central de los arrozales y, mientras cae la tarde con sus tonos rojizos y dorados, matizados por una ligera niebla, se escuchan en el ambiente los llamados de las mezquitas que circundan el valle de Monoreh. La textura del megáfono a la distancia y los cantos árabes se entremezclan en el aire, ofreciendo un deleite acústico de sonido envolvente.

Por la noche la mirra inunda el comedor central a media luz de Amanjiwo. El espacio abierto es intencional en la arquitectura del lugar y a pesar de las inmensas columnas que lo rodean, el paisaje del fondo se aprecia desde cualquiera de las mesas centrales, ya que al ser el comedor la parte más alta del resort, se pueden apreciar el esplendor del valle de Monoreh, los cuatro volcanes circundantes y, al centro, el templo de Borobudu. Cenar ahí es también algo para lo que no se está preparado. En el menú se incluyen platillos tradicionales indonesios y comida occidental, pero la especialidad de la casa es el Makan Malan, una serie de platillos tradicionales javaneses servidos a las brasas.

Los dos murales principales del restaurante están pintados en oro, y representan escenas épicas del Mahábharata hindú, pero nada de esto sería trascendente sin la música gamelán javanesa que se toca en vivo. Sus notas hipnóticas hacen que lo irreal se entremezcle con lo real y la inolvidable y tímida voz de la corista encierre la noche con la promesa de que los sueños no siempre se viven al estar dormidos.

La experiencia Amanjiwo sigue en mi mente, en mis recuerdos. Al tratar de describirla, me pierdo fácilmente en el río de sensaciones, sabores, olores, vistas del lugar. Siento que “sublime” sería una mejor descripción para este santuario de los sentidos.

 

 

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