ANA SERRADILLA

Ana se encuentra de visita en la ciudad para presentar en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), Espacio Interior, un largometraje basado en hechos reales, que cuenta la historia de un secuestro.

¿Qué es lo que más disfrutas del FICG? Ver buen cine, el reencuentro y convivencia con muchos compañeros de la industria, aunque no soy tan fiestera. Las desveladas en verdad me pegan, así que las disfruto un rato y a dormir, para no estar como trapo al día siguiente.

¿Qué te gusta hacer cuando visitas Guadalajara? Lo que más disfruto es comer. Como se come en Guadalajara no se come en ningún sitio. No puedo dejar de ir a El Negro –sería imperdonable–, y la i latina y Anita Li también son de ley. Las tortas ahogadas son básicas, los lonches, los jochos, los tacos, mmm.

¿Tienes buenos amigos aquí? Sí. Tengo muy buenos amigos y familia que viven aquí. Tengo tíos, primos y sobrinos muy queridos.

¿Por qué decidiste ser actriz? Decidí ser actriz porque esta carrera me escogió, yo no la escogí. Siempre he dicho que es una carrera muy injusta, hay quien decide ser actor y jamás lo logra, y personas que nunca lo pensaron, que están en los mejores proyectos. Después de que me escogió, yo decidí qué tipo de actriz quería ser, qué tipo de carrera quería llevar, y ahí viene el reto: mantenerme como actriz siendo fiel a mis objetivos y convicciones sin traicionarme, encontrando un equilibrio que me permita expresarme de la manera creativa y artística que deseo, sin tener que morir de hambre.

¿Cómo empezó tu carrera? Tuve demasiada suerte. Pero esa suerte pudo ser un arma de doble filo. Empecé modelando y haciendo comerciales desde los catorce años. Después, mientras estudiaba Diseño Gráfico, el Maestro Quintanilla (que me había visto en algún casting) me invitó a estudiar actuación en su escuela (Centro de Formación Actoral, CEFAC). No lo dudé, y a los tres meses de estar en curso propedéutico me ofrecieron protagonizar una novela en Argentina. A esto me refiero como un arma de doble filo, ya que podía ser el inicio o el fin de una carrera. Tomé la delicada decisión y responsabilidad de aceptar un papel protagónico, sin tener remota idea de qué era actuar. Pero en ese proyecto tuve la oportunidad de aprender a distinguir que había tipos diferentes de actores, y ahí fue donde decidí qué tipo de actriz quería ser. Me mantuve cerca de los actores que admiraba y aprendí de ellos, decidí que no sería una estrella fugaz, y que esta carrera requiere una disciplina y respeto. Así que en cuanto el proyecto terminó, yo sabía que mi proceso apenas empezaba. Regresé a mi escuela a terminar de estudiar lo que hasta ahora no termino ni quiero terminar de aprender jamás: actuación.

¿Qué es lo que más te gusta de ser actriz? Que cada vez me reinvento, nunca termino de aprender cosas nuevas, de cada personaje me quedo con lo mejor y aprendo de lo peor. Además, es el mejor medio para desfogarme. Me encanta que cada viaje, cada cultura nueva que conozco, cada persona conocida o nueva en mi vida, me nutre para crear personajes.

¿Qué es lo que menos te gusta de ser actriz? Que se acumulen los proyectos y uno no pueda darle el tiempo y el valor que se merecen. Cuando se acumulan y uno los hace, no sólo descuidas los proyectos, descuidas a la gente que te rodea (familia y amigos), se descuida uno mismo, y tu calidad profesional puede que no sea la misma. Los actores por naturaleza somos inseguros, y a veces pensamos que nunca más vamos a volver a trabajar y llegamos a tomar decisiones erróneas. Hay que aprender a decir «no, gracias». Creo firmemente en la idea de que la carrera de un actor se hace más de los proyectos a los que uno dice que no, que a los que dice que sí.

¿Tienes broncas para hacer algún personaje? Soy muy selectiva con los personajes, no importa que tengan mucha o poca participación, la historia que cuentan es lo que me importa. También hay cierto tipo de escenas como por ejemplo, de sexo explícito, que tampoco haría.

¿A qué actores y directores admiras? A muchos; me encantan Karina Gidi, Damián Alcázar, Isabelle Huppert, y mis directores favoritos son Patrice Leconte y Peter Greenaway.

¿Te gusta más el cine o el teatro? Me gustan los buenos proyectos, contar buenas historias, originales, no importa si son en cine, teatro o tele. Son muy distintos los tres, pero se pueden hacer maravillas y destrozos con ellos. El chiste está en encontrar el proyecto adecuado, que reúna los requisitos de calidad.

¿Hacia dónde quieres dirigir tu carrera? Hacia donde las consecuencias de mi trabajo me lleven. Obviamente me interesa internacionalizarme y contar historias bien realizadas y con corazón, con un equipo de trabajo profesional del que pueda aprender. No importa en qué parte del mundo sea ni con quién. Ni si es lo más visto o premiado. Nunca quiero dejar de aprender, ni dejar de estar en el proceso de constante crecimiento como persona y actriz.

¿Qué opinas de las leyes SOPA y PIPA? Van en contra de la libertad de expresión y la libre información. Creo que hay formas mucho más innovadoras de proteger los derechos de autor sin coartar los derechos de los usuarios de Internet.

¿Una frase que uses mucho? No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti.

¿Qué te gustaría que la gente supiera de ti? Que soy exactamente igual que cualquiera.

Platícanos de Cristóbal, tu chamán. ¡Jajajajajaja! ¡Qué maravilla que sepas de él! Te puedo decir que es un ser fascinante con el que puedes reír horas y aprender de todo. Me enseñó lo mejor de Tulúm, mi rincón favorito en la Tierra.

Sabemos que construirás una casa ecológica en medio de la selva, en la Rivera Maya, ¿cómo va el proyecto? Ahí va. Desgraciadamente no como yo quisiera, pero es parte de un proceso, hacer una casa en la selva no es nada fácil. Sólo espero algún día cercano ver los resultados de este sueño al que le he invertido tanto.

¿Cuál es la cosa más sorprendente que te ha pasado? Muchas cosas sorprendentes. Entre ellas que mi gato Ramón, que cayó desde una ventana muchos metros, se salvó. Y que desde niña me ha tocado ver objetos voladores no identificados.

¿Para qué eres buena? Soy muy buena para cocinar.

¿Para qué eres mala? Para bailar, dos pies izquierdos.

¿Si no fueras actriz a que te hubieras dedicado? Me encanta la psicología, me hubiera ido por ahí. O tal vez el dibujo, la pintura o la fotografía.

¿Cuál es tu debilidad? ¡Comer! ¡Amo los postres! Bendito metabolismo.

¿Tienes alguna filosofía? Estudio una filosofía de vida, una sabiduría. Últimamente veo mucha gente que se le une, y espero no lo vean sólo como una moda, y en verdad la pongan en práctica: la Kabbalah.

¿Apoyas a alguna ONG? Soy vocera de la fundación Ale, dedicada a la donación de órganos.

¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre? Me encanta estar en mi casa con mi pareja, mi perra y mis gatos; leyendo, viendo alguna película o serie, haciendo postres y comida rica, escuchando buena música. Me encanta ir al teatro y descubrir restaurantes únicos. Y mi máximo: viajar.

¿Cómo te han ayudado las redes sociales en tu carrera? No sé si me han ayudado en mi carrera como tal, pero que el manejo de la información ya no es tan manipulable con las redes sociales, eso es un hecho. Uno tiene control directo de lo que quieres comunicar o no, y eso es un arma muy poderosa. Siempre y cuando no sigan inventando leyes (como las anteriormente mencionadas).

¿Tienes nuevos proyectos? ¡Sí! El estreno en salas de Espacio Interior. Espero que también Preludio, un largometraje experimental que hicimos y produjimos entre amigos, pueda exhibirse en las salas de cine. Ha ido a muchos festivales y ojalá salga, aunque sea con muy pocas copias. Y el estreno de Hidden Moon, mi primera cinta en inglés, una coproducción México-EEUU, que protagonizo con Wes Bentley.

Deja un comentario