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ÁNIMA, DE ANTONIO ORTUÑO

Mi oficio de hace años es el de productora audiovisual, y he pasado por todo tipo de proyectos, historias y sentimientos. La pasión que le he puesto a mi trabajo me ha llevado al límite. Le he llorado e insultado como una amante despechada, le he jurado por mi madre no volverle a ver, me he enfermado de amor y de odio, le he brindado dulces palabras al oído que prometen una relación sin fin, sin condiciones, con un futuro perfecto. La intensidad del trabajo te puede consumir si no estás preparado emocionalmente para ello; hay que ser un guerrero para resistir tanto maltrato.

Mi charla con Antonio Ortuño estuvo anticipada por la lectura de Ánima, su último libro. Sin saber qué iba a encontrar, comencé a leerlo y me pareció perturbadoramente familiar. Desde las primeras páginas tenía la sensación de conocer a fondo a los personajes, y no lo digo de manera metafórica, lo digo de manera real. Ánima es un libro que habla de cine en una ciudad que podría ser cualquiera, pero que en realidad es Guadalajara.

Antonio Ortuño es un escritor de oficio; muchos años de su vida se ha dedicado al periodismo, medios y comunicación, pero es, sobre todo, un escritor publicado y premiado. Ganador del segundo lugar del concurso Herralde de Anagrama en 2007, por su novela Recursos Humanos, Antonio fue incluido en el 2010 en la prestigiosa lista de escritores jóvenes de lengua española de la revista inglesa Granta. La edición mexicana de la revista GQ lo eligió como el mejor escritor ese mismo año.

Ánima es un libro muy íntimo y surge de la necesidad de hacer un homenaje a un amigo después de su muerte. El resultado es claro, es un sencillo y divertido reflejo de lo que sucede en un ambiente laboral como el cinematográfico. Lleno de anécdotas personales y sin pretensiones, Ortuño describe escenarios y situaciones que rayan en lo absurdo: “Rigo Mora era compañero de la escuela de mi hermano mayor y un visitante frecuente en mi casa. Ahí lo conocí y de ahí surgió la oportunidad de trabajar para él como operador y asistente. Yo era el que disparaba el obturador de la cámara de 35 mm. con la que Rigo hacía animación en plastilina, no tenía idea en qué me estaba metiendo. Nos volvimos muy buenos amigos. Escribir de ciertos aspectos autobiográficos, era una especie de riesgo importante, pero para eso está la literatura. El personaje de ‘el Animal’ evoca alguien real, que vive, a alguien cercano.”
El Gato Vera y el Animal son los protagonistas de esta historia. Juntos, emprenden una serie de proyectos cinematográficos fallidos que van de mal en peor, dibujando un destino completamente diferente para cada uno, pero que los mantiene ligados de manera muy particular. Los tropezones que tienen pueden llegar a ser inverosímiles, la decadencia de las imágenes descritas también. Por una extraña coincidencia, puedo asegurarles que lo que se describe es real. El contexto y la peculiar forma de ser del cineasta es lo que le da sentido a todo: “El cine es un medio colectivo, se ve de manera colectiva incluso. Da muchas posibilidades para que los personajes convivan, se friccionen, colisionen, que entren en conflicto. Los conflictos de los escritores son extraliterarios, es un mundillo muy parecido el de los dos ámbitos, pero la relación entre un escritor y otro es irse a emborrachar juntos, no trabajan uno con otro, eso le da una dimensión muy diferente a un cineasta y a un escritor. La frustración está presente en un director de cine, depende de todo mundo para llevar a cabo tu idea. Yo no puedo negociar, por eso soy escritor. Como dice Rubén Fonseca, uno no escribe sobre su vida, sino sobre sus vidas posibles, y eso hice yo.”

Y es que las pasiones enferman de la peor manera, te pueden mandar al cielo o al infierno de una patada, sin compasión, te matan de a poquito, te dejan sin aliento. “Lo que más importa en la historia de Ánima, es que son personas que se enfrentan entre sí, haciendo lo que más les gusta hacer, y eso pasa en todas partes.”

 

Twitter: @beckyandthecat

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