Marcha 8-M: Guadalajara en resistencia violeta

Por Belinda Lorenzana

Fotografía / Sandra Grattarola

Es domingo por la tarde y las tapatías llenan las calles de la ciudad, vestidas de verde y violeta. Diversas, de diferentes colonias y barrios, con creencias a veces contrapunteadas, vienen dispuestas a manifestarse: niñas, adolescentes y jóvenes, mujeres de la tercera edad, todas juntas. Muchas de las asistentes marchan por primera vez, se muestran tímidas al principio, curiosas todo el tiempo. Marchan también las que no se nombran feministas, pero decidieron apoyar. Nunca antes en Guadalajara se vio una manifestación con este nivel de convocatoria. La cifra de Protección Civil habla de 35 mil personas, mujeres en su gran mayoría.

La jornada por el Día Internacional de la Mujer comienza desde las 11 de la mañana en la Perla Tapatía. Se celebran talleres, charlas y conversatorios. Antes de las 4 ya hay grupos de mujeres reunidas en Plaza Universidad, en la zona centro. Pitan carteles, conversan, se preparaban para la salida. Alrededor de las 6 de la tarde, la marcha arranca desde Pedro Moreno y Juárez hasta Chapultepec, rumbo a Niños Héroes. La afluencia es abrumadora, al grado de que mis amigas y yo preferimos permanecer en un solo contingente para no perdernos. Además de los grupos separatistas, queer y mixtos, este año hay contingentes de maestras con sus alumnas, de mamás con carriolas, de mujeres que hacen bordados. En la retaguardia se ven algunos hombres con pañuelos violetas y verdes.

Mientras avanzamos, compartimos un sentimiento muy particular, que va del hartazgo al entendimiento. Algunas lloramos cuando leemos una pancarta que nos conmueve o presenciamos el performance en que unas cien mujeres hacen percusiones con el cuerpo y gritan «¡estamos acá!». La gente apoya desde las banquetas y los balcones, donde se despliegan mantas moradas. Las consignas advierten «no queremos rifa, queremos justicia», «con falda o pantalón, ¡respétame, cabrón!», «verga violadora ¡a la licuadora!», «aborto sí, aborto no, eso lo decido yo», «señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente», «¡la que no brinque es macho!».

Hay mujeres que reparten agua embotellada; otras más, fruta y galletas, porque algunas comenzaron la jornada desde temprano y hay que mantenerse en pie, hidratarse, comer. El gesto me conmueve: mujeres procurando cuidados y atenciones a las demás, sin conocerlas. Se perciben la ternura y el acompañamiento, nos sentimos abrazadas por las demás.

Al pasar por el edificio de Rectoría de la Universidad de Guadalajara, se escucha la consigna «nuestro acosador también es profesor». La estatua de Fray Antonio Alcalde luce un pañuelo verde pintado con aerosol, alrededor de su cuello. Frente a él, una mujer, rosario en mano, lanza padrenuestros a todo pulmón, con los ojos cerrados y la cara al cielo, mientras las manifestantes gritan «mujer, escucha, ¡también esta es tu lucha!». Unos metros después, al margen del contingente, se ve a un grupo de seis o siete mujeres que lloran y se abrazan entre sí. El cuadro se repite en distintas ocasiones a lo largo de la marcha: mujeres abrazándose, escuchándose, consolándose y diciéndose «hermana, no estás sola».

Las colectivas reparten pañuelos violetas y algunas mujeres preguntan por el significado de los pañuelos verdes. Quienes reparten contestan con explicaciones breves y rapidísimas: «Se trata de un derecho, de salud, ninguna está obligada a abortar.» Así, la marcha sirve también para desatar conversaciones en torno al aborto, para que las más conservadoras escuchen las posturas de los feminismos y echen a andar sus propios cuestionamientos, más allá de los que se dictan desde el púlpito.

Está a punto de caer la noche, cuando quienes marchan delante de nosotras se repliegan, avanzan a toda prisa en sentido contrario. Nos tomamos de la mano y corremos hacia las calles aledañas a avenida Juárez. No entendemos qué pasa, hacemos preguntas en voz alta, estamos asustadas. Me comunico vía WhatsApp con amigas, algunas de ellas organizadoras de la marcha. Me explican que el caos se debió a hombres encapuchados que lanzaban agua. La petición es que nos mantengamos juntas y nos quedemos en el piso en caso de riesgo. Nuestro miedo se debe en parte a los rumores que se leían en redes sociales horas antes de la marcha: amenazas de ataques con ácido. «¡Tranquila, hermana, aquí está tu manada!», «¡no tenemos miedo!», se escucha. La manifestación continúa, seguimos caminando, ninguna mujer herida, ningún peligro confirmado.

Tras avanzar por avenida Chapultepec, la multitud se concentra alrededor del Monumento a los Niños Héroes, iluminado de color violeta, que esta noche se llama Glorieta de las Desaparecidas. Las madres y hermanas de las muertas toman el altavoz para contar sus historias. Las manifestantes responden con gritos que exigen justicia, corean los nombres de las víctimas. Las colectivas leen sus pronunciamientos. Las mujeres se abrazan entre ellas, se despiden de sus compañeras antes de volver a casa.

La noche del domingo 8 de marzo en Guadalajara se reviste del peso de lo simbólico: una multitud de mujeres ha tomado las calles, como preámbulo al paro del día siguiente, en que se verá a muy pocas mujeres en oficinas, tiendas, escuelas, por primera vez en la historia de nuestro país. «No somos histéricas, somos históricas», se lee en una pancarta, y me viene a la mente que la palabra histeria contiene una historia universal de la misoginia, que las mujeres de México y Guadalajara estamos protagonizando un episodio histórico.

Pasados la marcha y el paro, el color violeta persiste: puede leerse en los periódicos, verse en los miles de videos y fotos que circulan en redes sociales. Nosotras seguimos preguntándonos qué debemos cambiar y cómo, seguimos buscando maneras de lograr que las autoridades del estado y el país, las instituciones, las personas a nuestro alrededor, también se lo pregunten.

De compras en Oaxaca

Por Bibiana Guzmán

Platicamos con cinco personalidades de la ciudad y nos contaron sobre sus lugares preferidos para comprar diseño mexicano.

Visitar Oaxaca presupone una agenda de actividades que suele ser abrumadora. El estado tiene una riqueza cultural tan grande que las compras pueden quedar relegadas al tema meramente artesanal, aunque la capital tiene una oferta muy grande de diseño contemporáneo, que no debería pasar desapercibida. Por eso, platicamos con cinco famosos oaxaqueños que nos hablaron de los lugares que más les gustan. Aquí sus sugerencias.

Alejandro Felguérez, arquitecto
SILVIA SUÁREZ BOUTIQUE

En el barrio conocido como Ruta Independencia, en el centro de Oaxaca, se encuentra la boutique de esta diseñadora local con más de 18 años en el mercado y una importancia singular por la reinterpretación de los bordados típicos de la región, que incorpora en prendas modernas y sofisticadas. “Silvia estudió medios digitale; sin embargo, desde hace 19 años se vinculó al mercado textil con una bolsa hecha a partir de un tapete de Teotitlán del Valle. Esta pieza fue la punta de lanza para que un año después abriera la tienda y creara la marca que lleva su nombre”, nos cuenta Alejandro. Las piezas que diseña Silvia son únicas, pues incorporan un bordado hecho a mano que nunca se repite y telas de alta calidad de las que compra poco metraje para lograr estas colecciones atemporales. Para ella es fundamental utilizar materiales de la mejor calidad y pagar a sus costureras un sueldo justo.

Karen Narváez, diseñadora industrial
LANII GIFTS

Para Karen la visita a esta pequeña boutique en la calle Murguía es imperdible. La descubrió hace un año cuando trabajaba con un grupo de comercios locales en la primera guía de compras de la ciudad, y no dudó en incluirla y recomendarla.

Lanii, que quiere decir fiesta en zapoteco, es para sus creadoras esto precisamente: una celebración del color y las texturas. Para Sara, Michelle y Sofía, sus propietarias, era importante contar con un local que ofreciera diseño oaxaqueño contemporáneo, traducido en accesorios, textiles, cerámica y moda.

La estrecha relación con los artesanos que trabajan estos productos les permite tener una oferta muy amplia y siempre diferente. Las bolsas de palma que todos conocemos aquí toman forma de tote bags o backpacks, por ejemplo, mientras que los tapetes incorporan patrones y colores acordes con una cultura que también es moderna y atrevida.

Silvia Suárez, diseñadora de moda
TIENDA Q

La tienda Q fue concebida como una galería que incorpora arte utilitario, en la que además encontramos objetos cotidianos diseñados por artistas y artesanos. Ubicada en una vieja casona sobre la calle Manuel Bravo, la tienda es el centro de reunión para artistas y diseñadores locales que visitan las exposiciones temporales de la galería. “Para mí es un lugar indispensable por marcas como Dosa, que pertenece a una diseñadora japonesa que vive aquí y tiene un manejo impresionante del algodón crudo. O las bolsas de Dutzi Design, una marca yucateca que incorpora materiales muy originales a sus diseños, algo que se traduce en piezas únicas con un valor especial”, afirma Silvia. Mención aparte merece la línea de joyería inspirada en los dibujos del recién fallecido Francisco Toledo: collares impresos en 3D con sus famosos alacranes, o ranas en forma de excéntricos aretes forman parte de esta colección de más de 30 piezas, que sin duda se traducen en arte objeto.

Fanel Reyes, ceramista
HABITÁCULO

Fanel estudió diseño gráfico, pero desde siempre se sintió atraída por la cerámica y el barro, lo que la llevó a interesarse en el diseño industrial. Al buscar un lugar donde vender sus primeras piezas conoció a Karen Narváez, fundadora de Habitáculo, una suerte de comunidad en la que diseñadores de diferentes disciplinas y estados se reúnen para exponer sus procesos artesanales con enfoques contemporáneos. “Para mí, en Habitáculo se da un buen intercambio entre el comercio justo y las historias que hay detrás de cada pieza que vende la tienda. Es un lugar que se nutre del talento local y apoya lo hecho en México, algo fundamental para los jóvenes diseñadores”, como nos platicó Fanel. Hoy, la tienda tiene productos de más de 100 diseñadores nacionales, mismos que año con año van rotando para que siempre haya una oferta diferente o nuevas colecciones de diseñadores exitosos.

Alejandro Ruíz, chef

Fanel Reyes

Para el chef Alejandro Ruíz la cocina de origen es lo que motivó la apertura de su famoso restaurante Casa Oaxaca, y esta corriente está relacionada con lo que nace de la tierra; con la leña, con el barro. Como el barro es sin duda un material predominante en la cultura oaxaqueña, Alejandro no duda en hablarnos de las piezas de la joven ceramista Fanel Reyes. “Fanel nació en Pochutla, una zona conocida por el barro rojo y las ollas de café. Las mujeres de su familia le enseñaron el amor por este material y ella empezó a trabajarlo con un resultado sobresaliente. Sus piezas tienen un detalle que resalta tras el proceso de pulido que las vuelve suaves al tacto, sin embargo el diseño de estas deja el lado femenino a un lado y parte hacia uno más crudo, más oscuro”, como afirma Alejandro. Además de ceramista, Fanel también es ilustradora. Su obra, sobria y minimalista, es una conversación que nos remite a oriente: líneas sencillas que dan la sensación de movimiento y una gama cromática de tonos neutros. Ella traduce su trabajo gráfico como la belleza de la imperfección.

La última de las tribus

Por Miriam Villaseñor

Tuvimos la oportunidad de platicar con los artistas y las curadoras de la exposición La última de las tribus en el Museo de Arte de Zapopan (MAZ), una muestra de escultura que invita a recorrerla usando todos nuestros sentidos, a sentir el espacio a través de nuestro cuerpo, a poner atención en nuestra relación con las escalas de las piezas, con las formas, con la luz a través de ellas y de nosotros. El espacio creado con la obra de estos artistas es completamente nuevo y el significado será único para cada persona que lo visite. Ver a la distancia piezas que cuando te acercas quizás ya no son tan grandes, o quizás no parecían visualmente tan pesadas, hace que nos concentremos en nuestra experiencia en el lugar, hace que nos concentremos en el presente.

El montaje, impecable como siempre en el museo, se percibe como un camino de sorpresas: todas las piezas seleccionadas para la exposición necesitan ser vistas por todos sus ángulos, acercarnos, alejarnos y volver a regresar si es necesario. 

Platiqué con los cuatro artistas involucrados en diferentes momentos, lo que me llevó a preguntarles cosas que siempre quise saber, tanto de su trabajo como de su profesión. Muchas gracias a Susana y a Viviana por su tiempo, por la oportunidad y por permitirnos a través de esta curaduría nuevas formas de mirar, de entender poesía. 

Pedro Cabrita

Soy arquitecta de profesión y aunque me he dedicado prácticamente toda mi vida profesional al arte, siempre me cuestiono el espacio y su vivencia, por lo que mi primera pregunta es: ¿Tú crees que el gesto de colocar una pieza de arte genera espacio?¿O es el espacio es algo que complementa tu obra?

No, digamos que hablando de obras tridimensionales (escultura, etcétera) naturalmente hay dos conceptos que están inherentes teórica, filosófica o estéticamente a la concepción y construcción de la obra, y hay una especie de cuarta dimensión que no es visible materialmente pero es palpable y es comprensible, que es el espacio que esa obra tridimensional crea. El espacio genera espacio, y ¿cómo es que una obra genera espacio? Justamente por la manera en como cambia la lectura del enviroment, del entorno y como determina nuevas trayectorias de la persona que está mirando la obra en el sitio donde está colocada la pieza. Es un espacio que está en permanente confrontación, es un territorio confrontacional. Es un espacio nuevo generado por esta relación de la obra con el sitio: puede ser en medio de una floresta, puede ser en el patio de un museo, puede ser en un pasillo subterráneo, no importa, pues todos los espacios son lo mismo: espacio. Y es por ello que lo que la obra crea es una expansión de su presencia física a través de un cambio y una transformación relacionada con el ambiente en su entorno de visibilidad.

De acuerdo, entonces una obra se puede abordar desde la distancia y conforme te vas acercando, el espacio se transforma y tú junto con él. 

Naturalmente, la obra gana en todos los inúmeros y en todos los infinitos puntos de vista que uno puede tener. Colocarte en relación con ella te crea otro tipo de espacio, digamos, es un espacio mental el que se crea en esa especie de encuentro. Dar, recibir, recibir, dar, volver, andar en torno a, mirar, cerrar los ojos y reabrirlos, ver. Por eso es un espacio que está en expansión y en permanente movimiento, no es apenas un lugar físico, aunque impalpable, es un espacio expandido en permanente movimiento.

En algún lugar leí que tú considerabas que muchas veces dibujabas con el espacio, dibujabas con los objetos. El dibujo a mí me parece un ejercicio de la memoria…

Dibujar es de alguna manera, redefinir en permanencia la naturaleza y el proceso de construcción de la obra. Y aún creo que aunque pueda ser considerada una perspectiva clásica, el dibujo material; o sea, el dibujo sobre papel, sobre la pared, en el suelo, en el vidrio de una ventana, no importa dónde, es siempre una imposición de la marca que reconstruye una métrica para el mundo. Y naturalmente, construye una exposición, un encuentro de obra distinta dentro de un espacio del museo o de un espacio público, es siempre como un dibujo.

No se dibuja únicamente sobre una superficie física, por ejemplo, la línea de la mirada, sea una línea envolvente o una línea enfocada, eso es un dibujo, predetermina la percepción que tenemos hacia la obra que estamos mirando. 

Volviendo al tema de la memoria, todos estos elementos que utilizas, elementos que a veces recolectas, ¿cómo es este proceso de recolección o cómo decides con qué objetos vas a generar un espacio? Es decir, la pieza que tienes acá con ventanas de camiones: tú tomas la basura y el desecho, y posteriormente decides convertirlo en algo a lo que tenemos que ponerle atención, para verlo de manera diferente.

Hay una cosa para mí que es importante y es que todo el trabajo o la obra es un proceso de volver a ver las cosas que ya conocemos. Por ejemplo, hacemos una pieza que llamamos “el lago” y la hacemos con los cristales de camiones que están en el suelo y forman una superficie negra a través de la cual no podemos mirar nada o que refleja la luz envolvente al igual que el agua negra de un lago, y lo que tenemos que hacer es alargar la inteligencia, para eso sirve el arte (entre otras cosas), tiene subyacente el concepto de alargamiento de la inteligencia. Y ¿qué es eso de alargar la inteligencia? Es que la obra da al observador un modo diferente que aún no había sido experimentado, para mirar de nuevo alrededor de sí mismo, reconociendo los objetos que componen la obra, que son reconocibles y saber que eso que era antes un cristal de un camión, ahora es un lago. Y en ese puente intangible del nombre y una determinada realidad preconocida y la identificación de algo que no se conocía, está toda una trayectoria física, mental y psíquica que reconstruye, reformula y aumenta las dimensiones del mundo que conocemos, y esa mancha de dimensiones es un aumento de inteligencia.

Decía Octavio Paz que una obra nace y muere en una zona invisible… 

Y esto hace que, por ejemplo, una pieza que tenga yo, que tenga una ventana o una mesa, la gente la ve en una aparente descontextualización, en el sentido en el que la mesa es propuesta como obra de arte en un sitio que canoniza y ritualiza la creación artística, que es un museo. Si tú ves una mesa colgada en un muro de un museo y luego te encuentras con unos amigos en un bar para tomar unas copas, se sientan alrededor de una mesa. A partir del momento en el que la mesa del bar es identificada como parte de una experiencia visual, y después intelectual, poética y demás, a partir de la mesa que se ve en el museo, ahí el concepto de mesa gana una dimensión que sí está en la zona de penumbra de que hablaba Octavio Paz. 

Con todos estos objetos y todos estos elementos creas una “instalación” (odio esa palabra). De alguna manera también generas una nueva memoria o una memoria colectiva. ¿Es tu intención? 

Eso nos devuelve inmediatamente por qué recolecto o colecciono “basura”. Lo que pasa es que yo veo un poco el rol del artista como un reconstructor de identidades y de memorias a través de la recolección de lo que los otros tiran. Cuando tú tiras un par de zapatos, estás tirando un momento de vida de alguien. Yo me intereso mucho en recolectar cosas que me encuentro aleatoriamente por la calle, y no las utilizo jamás en términos de nostalgia o del entendimiento de la memoria como un retorno a una experiencia pasada; al revés, lo que me interesa al utilizar cosas que cojo por la calle es reconfigurar, aumentar, alargar, prolongar en el tiempo, el sentido y el ADN de un humano que está por detrás. Un par de zapatos puede ser, es una historia que podemos intuir, no la podemos definir ni cronológica, ni  narrativamente, ni contextualizarla, pero sabemos que un par de zapatos es una cosa de alguien y si lo mueves para adentro de una pieza o a las paredes de un museo, estás trayendo un territorio de preguntas sobre a quién pertenecían esos zapatos: ¿Quién era? ¿Qué hacía? ¿A dónde iba? ¿Por dónde caminó con esos zapatos? Estás haciendo interrogaciones sobre un tiempo y un espacio generado por la percepción de un objeto que fue propiedad de alguien, y con eso te interrogas sobre todas las personas que están alrededor de ti. El arte tiene claramente un input político pero tiene su método de construirlo, de pasarlo a la reflexión y al análisis de la gente, no necesariamente de una forma superficial y fácil y sin densidad, ni teórica, ni filosófica, ni poética, pero hay que imaginar que la política esta en un ladrillo, un par de zapatos tiene política, un rollo de alambrón tiene política y nos incumbe a nosotros establecer las conexiones entre las hipotéticas intenciones del artista, entre la naturaleza física, material y conceptual del trabajo, y con eso construir los sentidos y los conceptos que nos llevan a la percepción de una obra como parte de un trabajo de cambio del mundo.

¿A quién admiras?

Además de a mí mismo, no sé, voy muy poco a museos de arte contemporáneo. Si tú me quieres en sitios de arte, me encontrarás contemplando un Greco. Claro que estoy informado, acompaño lo que pasa en el mundo, pero si tengo que volver a un sitio para revalidar mi propio trabajo o el modo en el que me confronto y me coloco en relación con mi disciplina de trabajo y mis ideas, entonces me visualizo sentado delante de un Rubens.

Sobre el tema de instalaciones… Hace algunos años utilizaba esa palabra para nombrar algunos trabajos que hacía, de dimensiones largas, de ocupación de un espacio, etc. Pero yo nunca negocié con los espacios, siempre impuse una obra. No hay negociaciones con la arquitectura, hay confrontaciones y eso ya lo pensaba así desde antes y aún asumía el acto de hacer instalaciones. Más tarde, justamente apreciando, mirando, visitando obras de otros artistas, de otras generaciones, yo las miraba y me fui dando cuenta de que quizás estaba totalmente equivocado, quizá  me ponga en una posición reaccionaria, quizá haya perdido ya el sentido de apertura y sobre todo la curiosidad que un artista debe tener, pero me di cuenta de que cada vez más, las instalaciones que veía por aquí y por allá tenían una naturaleza aburrida de decoración de interiores, porque justamente se basaban en los espacios donde estaban colocadas y hablaban con los espacios como siendo parte de ellos.

Imaginamos una obra de arte que debe tener una autonomía que la haga portadora de un sentido y de un concepto, portadora de algo para transmitir al espectador. Si la restringimos y la ponemos en un sitio donde lo más relevante parece ser la relación de esa obra con el sitio que la recibe, estamos viendo que la obra se entregó, bajó las manos y ya no tiene una identidad única. Por eso, de un modo quizá agresivo y arrogante, las empecé a clasificar como meramente decoración de interiores. Y yo no soy un decorador, yo soy un artista, y por ello decidí que a partir de ese momento la palabra instalación desaparecería para mí.

¿Qué te gusta hacer, escuchar, leer?

Ahora, estos últimos años, me gusta leer poesía. La poesía es para mí (claro esto puede ser debatido) la forma más exigente, más depurada… si pudiéramos hablar de perfección, que es un estado difícil de determinar. El inicio de la palabra encuentra su perfección en el ejercicio de la poesía porque textos filosóficos, políticos, narrativas, romances, ensayos, todo eso, conforman una turbulencia creativa de aquello que es la única cosa que posiblemente puede unificar la condición humana: la utilización de la palabra. Pero sobre todo hay un nivel que pasa por encima, la poesía, la palabra como poesía. Eso es lo que más me toca ahora. Muchas veces estoy en medio de un proyecto o haciendo dibujos o fumando un puro y me levanto y voy a mi sección de poesía, hojeo y me basta con eso. Es un ejercicio casi como una especie de interiorización del pensamiento. Así, digamos, lo materializas: una lectura de un verso, de una línea, o de un soneto y todo eso de repente te recoloca y te permite ir adelante. 

¿Quién es tu poeta favorito? 

T. S. Eliot y Cavafis son de los más recientes. Y, bueno, siempre Pessoa está ahí como el gato en casa.

JOSE DÁVILA

Me platicaban que estas piezas en el MAZ, son piezas que no habías podido exponer en ningún lugar, recién salidas de tu estudio.

Sí, no se había dado la circunstancia para poder exhibirlas, a pesar de que una de ellas llevaba ahí en mi estudio más de un año, simple y sencillamente no se había dado la oportunidad para poderlas mostrar. Entonces de alguna manera las 4 obras que estás viendo ahí son nuevas, es la primera vez que se exhiben.

Hay una pieza en particular, la del andamio, que decidiste dejarlo en el lugar e intervenirlo. Pasa muy seguido que los artistas utilizan objetos cotidianos para llevarlos a una galería o convertirlos de repente en una pieza de arte, pero acá al andamio le va a pasar a la inversa … volverá a ser andamio. 

Creo que esa es la parte que más me interesó de la pieza, que de alguna manera es una idea con la que llevo conviviendo desde hace tiempo. Originalmente en el 2001 hice una exposición en Londres, donde efectivamente renté unos andamios, pero de los que son tipo estructura, que ponen alrededor de las fachadas para limpiarlas; entonces a través de la galería podías acceder a esos andamios y se convertía en un espacio parasitario de la galería. Siempre me fascinó la idea de que esos andamios eran una obra de arte, siempre y cuando cumplieran con esa función, porque a la hora que terminara la exposición (eran rentados) pues esos andamios los iban a quitar y poner en otro lugar para limpiar una fachada. Creo que lo interesante de esa pieza es que cuestiona la identidad de los objetos en tanto su función, como por ejemplo el del MAZ, que efectivamente es una obra de arte siempre y cuando está en la exhibición y tiene esta intervención parasitaria mía con los globos, pero cuando se termine, le van a quitar los globos y lo van a seguir usando como andamio. Esa parte es la que a mí me interesa, la parte que ya no es una cuestión de un objeto encontrado, es como de un objeto prestado que cambia su identidad de manera temporal y  luego puede regresar otra vez a lo que era. 

Platicaba con Pedro Cabrita acerca de que no nos gusta la “instalación” para nombrar una obra de arte escultórica. 

En todo mi portafolio creo que no tengo una sola obra que en la ficha técnica diga “instalación”, jamás me refiero a mi obra como instalación, la verdad en ese sentido me considero escultor. Y a lo que te refieres yo lo llamo un grupo de esculturas, que es lo que son. Una vez leí una definición, no recuerdo de quién, pero con gran sarcasmo decía que las instalaciones eran esculturas que necesitaban que alguien las cuidara y que costaba mucho su mantenimiento y que si una persona no estaba al tanto de ellas estaban destinadas a desaparecer. O sea que eran como esculturas que no podían ser autónomas. 

Yo me sumo, la palabra instalación me parece que fue una definición en los 90 para intentar calmar los nervios de algunas personas que no estaban dispuestas a entender distintos lenguajes de escultores.

¿Crees que una escultura genera espacio? Me refiero al gesto de poner una pieza en un lugar y lo que genera alrededor. 

La manera en que lo entiendo no es tanto que lo cree, pero sin duda lo articula. Una pieza siempre articula el espacio.

Entonces ¿crees que es algo que sucede antes o es el resultado de un proyecto museográfico?

Yo trabajo de manera paralela en cuanto a que intento siempre estar muy al tanto del espacio donde voy a exhibir. Quizás sea una maldición o bendición en el pasado de arquitecto, pero soy muy atento a las características espaciales porque es innegable que influyen en la experiencia final del espectador, en cómo se enfrenta con la obra y creo que antes intentaba que la obra de alguna manera reaccionara al espacio, y creo que he cambiado de opinión, porque ahora me doy cuenta de que la obra tiene que ser siempre interdependiente del espacio de su propio universo. 

Me sucedió en una exposición en Berlín, el espacio era una iglesia brutalista en los 70 y se convirtió en galería y es un espacio masivo muy alto y muy largo. Mi primera reacción fue pensar en una pieza, que el espacio no se la “comiera”. Después entendí que eso no iba a funcionar, debo permitir que el espacio modifique la naturaleza propia de lo que quiero hacer, entonces trabajé en mi estudio con mis propias reglas, con la escala que siempre trabajo y siempre tuve un poco el temor de que la escultura quedara un poco chica. Sin embargo, cuando la instalamos en el espacio funcionaba perfecto, porque la escultura tenía su propia identidad y en ese diálogo el espacio era más impresionante y había más focalización en la escultura. Fue una lección que aprendí. 

Eso que dices justo lo acabo de leer en una entrevista que le hicieron Donald Judd donde precisamente menciona que a él le gustaba todo el espacio enorme que generaba alrededor de una pieza, por el proceso de acercamiento y de cómo cambia la escala junto contigo, donde puedes ver de repente algo pequeño y después algo grandioso.

Exactamente, de otra manera, si hacías algo enorme desde un principio, no pasaría.

¿Crees que la arquitectura es arte? 

No, lo siento si algunos arquitectos se enojan conmigo, pero yo creo que la arquitectura es arquitectura y el arte es arte. Me parece que las confusiones son las que se prestan a mal arte o mala arquitectura.

¿Cómo es tu proceso creativo? Es decir, ¿cómo es el proceso de una idea que tienes al resultado formal de una pieza? 

Como artista soy autodidacta, a través de la investigación de arte, a través de libros y otro tipo de referencias mantengo ese canal, la investigación digamos, teórica e histórica. De pronto en mi proceso intento siempre empezar con un indicio o el gesto de una idea que plasmo en un sketch o bosquejo, después ese bosquejo lo llevo a lo que yo llamo el piso, en el estudio donde en realidad tengo un área para trabajar en escala 1:1 y tengo toda una serie de objetos que conforman el ecosistema de mi estudio: piedras, volúmenes, concretos, placas de mármol, vidrios, cuerdas, ladrillos, esculturas de yeso encontradas, pedazos de metal, etc., y entonces el bosquejo lo intento llevar al cabo pero siempre permitiendo que en el proceso mismo de armarlo se van necesitando ciertas cosas para balancear, para poder contrarrestar, sostener, etc. Hay veces que utilizo un elemento que lleva 7 años en mi estudio y no encontraba lugar y de pronto en ese momento encaja, entonces el bosquejo es un punto de partida, el trabajo en sitio es un elemento de improvisación importante en la obra.

¿Crees que para ser artista hay que estudiar arte? 

A veces me dan celos con los que sí estudiaron arte porque siento que empezaron antes, llevan un camino andado que sin duda te ayuda, pero también por otro lado puede perderte. Te puede perder porque te puede llevar a aceptar convenciones dadas que luego es muy difícil romper para generar identidades propias. A veces creo que, si no estudias arte, es más fácil no estar en la avenida de cinco carriles.

Entonces, si te volvieran a decir ahorita “Jose, vas a volver a estudiar una carrera universitaria”, ¿volverías a estudiar arquitectura?  

Sí volvería a estudiar arquitectura, con la firme intención de nunca ejercer. 

¿Qué te gusta leer? 

Lo que más me gusta leer son entrevistas de artistas y biografías.

¿Qué te gusta escuchar? 

Sobre todo blues, country y folk de los 20 y 30.

ZAZIL BARBA 

Estas piezas en el MAZ hacen una referencia a los “apartalugares” que vemos mucho en México, en Guadalajara, todo el tiempo. ¿Hacen una referencia al futuro también? Es decir, al gesto de tratar de asegurar algo que necesitaremos, pero que aún no…

Si la pieza hiciera referencia a algún tipo de temporalidad, sería más bien a un tiempo congelado, a un no-tiempo. Esta serie, como dices, parte de la observación de los “apartalugares” urbanos, que siempre me han parecido objetos escultóricos. Son marcadores espontáneos sembrados en las calles con propósitos simbólicos y funcionales, creados a partir de la acción simple de seleccionar azarosamente un palo o un cacharro y sumergirlo en un balde con cemento. Son banderas que subrayan la apropiación de fragmentos de la ciudad y que delimitan pequeños territorios. En el caso concreto de esta serie, mi intención es reutilizar lúdicamente la forma de estos hallazgos para producir otra clase de objetos que sirvan para marcar un imaginario personal y delimitar un territorio íntimo. 

A la vez podemos observar objetos personales ¿Son parte de alguna depuración personal?

Todos los objetos utilizados en esta serie pertenecen a mi entorno más próximo. Son cosas que utilizo diariamente. Cosas comunes, precarias y hasta desechables. Me gusta la idea de “dignificar” los objetos cotidianos y de elevarlos a un estatus especial al reutilizarlos como parte de una obra. Ciertamente al sumergirlos en cemento, al mismo tiempo me desprendo de ellos, los cancelo y los transformo en vestigios.Todos hemos tenido más de alguno de estos objetos, quizás es una referencia a historias colectivas, todos pasamos por sucesos parecidos, todos nos enamoramos, vivimos la pérdida, etc. Sí, pienso que los objetos permiten que ocurra una narrativa, se activan como capítulos de una historia personal, pero al mismo tiempo generalizable. Son un juego de restos que, interconectados, hablan de alguien difuso que puede ser cualquiera. Al final de ahí surge el título, de la idea de que la intimidad es un lugar común.

¿Cómo es tu proceso creativo? Es decir, ¿cómo llegas a la decisión formal de una pieza a partir de una primera idea o algún tema del cual te gustaría hablar?

Mi proceso creativo pasa por distintas etapas y no siempre ocurre en el mismo orden. En ocasiones lo primero que surge es un tema que me interesa, como por ejemplo “el tiempo”. Entonces me dedico a investigar sobre el tiempo, a leer sobre él, a ver videos, a buscar distintas perspectivas. Es en el camino de ir leyendo, viendo y escuchando, que se me van prendiendo “focos” desde los cuales comienzan a surgir piezas posibles. En otras ocasiones lo primero que me llega es un elemento simple: una imagen, un objeto o hasta una frase. A partir de jugar con ese elemento, de una forma más visceral, voy encontrando formas, conceptos y conexiones entre temas que me interesan. En mi experiencia, la inspiración llega en los momentos y lugares más inesperados. Pero algo que sí me queda claro es que mientras más tiempo dedico a trabajar en mi estudio, más caminos encuentro para decir las cosas.

¿Crees que una pieza de arte genera espacio? Me refiero al gesto de poner tus piezas dentro de una sala y crear una reacción alrededor.

Definitivamente creo que el gesto de poner un objeto dentro de una sala, cambia el significado y la lectura del mismo. No sé si necesariamente es el objeto el que genera el espacio, como dices, o el espacio el que genera a la pieza. Creo que es la suma del objeto, el espacio (o el contexto) y la percepción del espectador lo que termina por completar la obra. Es algo en constante movimiento. Nace en la cabeza del artista, pero se va desenvolviendo, transformando y materializando, hasta dejar de estar en sus manos, para llegar a un espacio determinado y ser percibida por un espectador. Una misma pieza puede mostrarse en distintos contextos o épocas y generar diferentes significados. Hablando de la museografía, creo que definitivamente juega un papel importante en la manera en que se percibe la obra. Las dimensiones y características del espacio, la iluminación, el acomodo y convivencia entre las obras; todo comunica discursos y genera lecturas.

¿Te apropias del espacio antes de cada exhibición? ¿O lo vives como un proceso continuo? Me imagino que no siempre se puede ver el espacio vacío y a partir de ahí apropiarte y generar el despiece de tu obra. La escultura en muchas ocasiones interactúa más con el cuerpo que las piezas bidimensionales.

A mí en lo personal sí me gusta entender el espacio en el que voy a exhibir y de preferencia montar o ser parte del proceso de montaje. Como dices, la escultura es algo muy espacial, y sí creo que el acomodo y disposición de los objetos en el espacio, modifican la manera en que los percibimos. De cualquier manera, siempre es un reto pasar de la producción en el estudio y la visualización, a la realidad de una pieza montada en determinado lugar.

¿Cuáles son tus influencias?

La respuesta es amplia y muy versátil. He tenido toda clase de encuentros con personajes o corrientes del pensamiento que me han volado la cabeza en distintas etapas de mi vida; no sé si son directamente influencias, pero definitivamente han modificado la manera en la que entiendo las cosas. Por supuesto, el descubrimiento de Duchamp en la adolescencia fue para mí un antes y un después en mi manera de entender el arte. Lo mimo me pasó con Joseph Beuys o con Lawrence Weiner. ¡Pero encuentros ha habido muchísimos! No nada más de artistas, también escritores, filósofos, músicos. No sé, desde Olafur Eliasson hasta Velázquez; desde Andy Goldsworthy hasta Egon Schiele. Carl Andre, Robert Smithson, Erik Satie, Caravaggio, David Lynch, Werner Herzog, Kerouac y todos los beatniks, Marie Curie, Marina Abramovic, Janis Joplin, Kant, Capote, Salvador Novo, Vivian Gornick, Anaïs Nin, Los Beatles, Bowie, Blind Willie Johnson, Atahualpa Yupanqui, Juan Rulfo, Chavela Vargas, Einstein, Carlo Rovelli, Arvo Pärt, Lars von Trier, Andy Wyeth, Edward Hopper, Bas Jan Ader, Melquiades Herrera, Piero Manzoni, PJ Harvey, Billie Holliday… La lista es interminable, menciono unos cuantos y en desorden, porque ni siquiera sé si tiene sentido buscar ordenarlos. En resumen, diría que aquello que en su momento me ha transformado, necesariamente debe influir en la manera en que veo y hago las cosas.

¿Qué lees actualmente?

Actualmente estoy por terminar una novela muy buena de Mary Karr llamada El club de los mentirosos. Y a la par me estoy echando el libro de Susan Sontag Sobre la fotografía.

¿Qué es lo que más te gusta hacer?

En este momento lo que más disfruto es encerrarme en mi estudio a trabajar, con una taza de té verde, humo ocasional y mucha música. Cuando más disfrutable me parece la experiencia, es por las noches, cuando ya no hay ningún tipo de distracción.

MARIA TANIGUCHI

How has your birthplace influenced your work? I can imagine something specifically with the bricks and the wood of the sculpture.  

I am not sure if the brick paintings (and this is just a nickname since officially the paintings are untitled) have anything directly to do with Dumaguete, where I was born in the early 80s. Since you asked, let me tell you about the place, and a bit about the cultural milieu I grew up in, and then maybe you can decide for yourself if biography indeed influences art. Dumaguete is a very small seaside city of a bit more than 100,000 people. This is, perversely, around the number of people attending a large art fair, though of course not all at the same time, and the people in Dumaguete are a lot nicer. It’s a university town that probably would not be on the cultural map of the Philippines if not for the presence of the very influential Silliman University National Writer’s Workshop. It was established in the 60s and the program still exists today. I have to mention this program because my mother was in the university’s literature department, and some of the sessions were held in our backyard. I grew up thinking that successive afternoons of poetry reading in the garden was normal. A recurring dream of that period was of myself in that same garden at dusk, tumbling on my hands around a mound of grey, palm-sized stones. In this dream, the trees were barely visible, as it was getting dark. I’d say darkness was also part of my childhood, quite literally, because of the 90’s power crisis. I did my school assignments by candlelight, often unsuccessfully because I was more interested in playing with the melted wax. This is what most children do — take the warm wax to spread on fingers and palms to make a second skin. Theres a lot more to say about Dumaguete as an experience, but fast forward to today, I’ve been painting a lot…  

Do you think a piece of art can “make” space? I mean, the gesture to put something (sculpture, etc.) in a place and generate something around…  

Yes, of course! 

How do you appropriate a space with each exhibition? 

I never feel like I need to fill up a room.  

Do you think a space “complete” a piece of art? Or is it what results from a museographic project?

Since you mention museographic projects, I assume that you’re talking about space in the context of strategies of display. Many artists use rather institutional ways of working with space in creating their own exhibitions. Maybe 20 years ago it used to be more uncommon, but these days making space the museum way is a well rehearsed, and, some would say, an over-rehearsed language. Personally, I’m not against encapsulation, laying things out neatly, and perhaps even anticipating or programming an encounter. Aside from this, it’s true that if a work is in the right place in a room it can seem that the room is part of it, or the other way around. Things can expand. Paradoxically, a work might be easier to apprehend when it exceeds its own body, although I don’t think a good work can be completely ruined by misunderstanding it — on the contrary. 

I interviewed Pedro Cabrita too and we talked about we don’t like the word “installation” to name a group of pieces. What do you think?  

I use that word all the time, with an increasing awareness that the term is getting really old, and maybe we need a new one. Have you tried asking a 25 year old? 

Which is the process of your work? I mean, if you draw, make photos, read books, travel, etc.  

I read books on top of my paintings. They are large enough to do this, and they often cover up my entire floor space so I have no choice but to do my emails and reading on top of them, like they are an extra room in the house. My work space is also my living space. I like to wake up and go straight to whatever it was I was doing the day before.  

Which are your influences, on your creative process?

This week what really caught my attention was an Anne A. Cheng’s essay called Yellow Skin, White Gold. She says: “I am interested in those dynamics behind eerie moments of transformation—and they happen more often and more visibly than we think—when a person or the seductive idea of personness gets vivified and made highly plausible, not through the human, but precisely through the inhuman, the minute, the sartorial, the decorative, the prosthetic.” I’ve long been thinking about the conflation of human and object in my own work, but it’s interesting to read an academic theorizing Asian femininity and materiality. 

Do you think an artist should begin his career studying art? 

Not if you have to borrow money to do it! 

What is the best thing in the world for you?

I’m feeling very domestic lately so the best thing in the world is reading non-fiction (fiction is much harder for me) or watching a film with my girlfriend Mara and our three dogs. 

Which book are you reading at the present moment? 

This will sound pretentious, but I’m trying to read Anti-Oedipus by Deleuze and Guattari. A friend at dinner was talking about desiring-machines and the internet and I realized I only vaguely had a notion of what she was talking about despite having read parts of this book while I was at university. See? We shouldn’t borrow money to study things that we forget!

Springfield, un corazón millennial

La marca nació en España en la década de los ochenta y el modelo que representa tiene mucho que ver con los valores actuales que cualquier joven busca. Una marca auténtica, inclusiva, activa y natural, Springfield es una de las firmas líderes en casualwear y tiene además una presencia global.

Con puntos de venta en más de 70 países, México es uno de los mercados en América Latina para el lanzamiento de sus primeras aperturas. En concreto, Guadalajara ya cuenta con 3 sucursales: GaleríasMidtown y la más reciente Galerías Santa Anita

De ADN casual y con una estética urbana, las prendas de Springfield son contemporáneas y para esta primavera- verano 2020 nos traen colecciones muy coloridas y frescas, en donde la estética western– americana para ella y el espíritu sportypara él serán clave en nuestros armarios.

Además, desde hace ya algo más de un año, en su compromiso por el cuidado del medio ambiente y su apuesta por la innovación, la firma española ha desarrollado diferentes iniciativas que responden a las inquietudes y sentimiento de sus clientes sobre estos temas. 

R[ECO]NSIDER, #DressAsYouBelieve

R[ECO]NSIDER es el nombre de su línea de prendas eco-friendly, la cual engloba diferentes iniciativas respetuosas con el planeta. El uso de fibras naturales o recicladas, como el algodón orgánico, o su programa H20 basado en el uso de tecnologías láser y ozono en los procesos de acabado del denim, son las principales iniciativas desarrolladas bajo esta línea. Para su identificación, estas prendas de características sostenibles tienen en su etiquetado el logo R[ECO]NSIDER. 

ZERO GRAVITY

¿Buscas sentirte cómodo todo el tiempo con tus jeans favoritos? Zero Gravity es la línea de jeans y prendas de mezclilla que te pueden llevar de la oficina a practicar hiking por la tarde sin necesidad de modificar tu vestuario. Esta línea fue pensada en hacerte la vida más fácil y por ello, la innovación aplicada al tejido ha permitido que Springfield presente modelos como el skinny active flex para él o slim cropped para ella, ambos con tecnología comfort- stretch que proporcionan flexibilidad, libertad de movimiento y posee una alta capacidad de recuperación.  

OTRAS TEMÁTICAS PARA NO PERDER DE VISTA

Creators Project es una línea desarrollada por la marca en donde colabora con artistas e ilustradores. Springfield crea cápsulas de producto en donde se impulsa el compromiso de la marca por el arte. Algunos ejemplos son las colaboraciones con artistas como  Humor se escribe con lápiz o Ana Hard.

Springfield también posee su línea de fragancias con la que, cada temporada, proporciona nuevos aromas. Esta última temporada OI’19 presentó Rewind & Play again, una fragancia que promete un agradable viaje a los recuerdos y a las vivencias del pasado. 

Springfield es una marca fácil de llevar, asequible, casual y de alta tecnología.  Sus pilares de estilo representan una forma de vida joven, activa y multitask. Vivir al máximo y sin limitaciones es algo a lo que esta marca se adapta sin problemas. Así que ya sabes, si tu espíritu es libre y auténtico, entonces Springfield es para ti. 

Viaje infinito

Por Álvaro Váladez
Intervención Gráfica @sincuerdo 

Lo que ves es lo que hay: es la norma que se dicta desde las pantallas de nuestros dispositivos móviles en cualquiera de las redes sociales en la actualidad. La obsesión por construir una identidad propia en su edición 2.0, al mismo tiempo que creamos una imagen pública “perfecta” al ritmo insaciable de los likes y followers en Instagram, no ha hecho otra cosa más que exponer —y detonar— las presiones, las inseguridades, las aspiraciones y la frivolidad a las que nos enfrentamos todas y todos en nuestra cotidianidad. Pareciera que la internet y las nuevas herramientas de comunicación —contrario a lo que pensamos— nos han llevado a un estado de aislamiento y mimetización no sólo cognitivo sino también emocional.

La saturación de información a la que estamos expuestos, lejos de generar mayor conocimiento, ha provocado hastío, disparando nuestros niveles de estrés y ansiedad; pero quizás más grave aún sea nuestra creciente incapacidad de profundizar. Hoy no contamos con el tiempo, la necesidad, las ganas, ni las agallas para profundizar; la superficialidad que ha traído la inmediatez se ha filtrado en lo más hondo de nuestra existencia y no excluye a nada ni a nadie. De nueva cuenta las redes sociales son la mayor proyección del estado en el que nos encontramos como individuos y como sociedad.

Trends_YalBasta ver lo que ha sucedido en los últimos meses con la película Roma de Alfonso Cuarón. Lejos del impacto mediático, el reconocimiento de la crítica o la calidad de la película, la reacción de la gente en redes sociales ha sido un “fenómeno” digno de análisis. La batalla desatada entre quienes aman la película y quienes la descalifican, ha sido proporcional a las discusiones originadas en torno a la imagen de una de sus protagonistas, Yalitza Aparicio. Los juicios categóricos y las opiniones viscerales han sido una constante no solo respecto a la película sino a cómo luce Yalitza. Su portada en la revista Vogue y sus apariciones en las alfombras rojas de las principales entregas de premios, resultaron el detonante para que los usuarios de redes sociales, desde la comodidad que supone el anonimato, hagan de esto la vía perfecta hacia una autoafirmación y validación que difícilmente encuentran fuera de la web.

Si la película es muy lenta, si está sobrevalorada, si es clasista, si el vestido Miu Miu de Yalitza en los Globos de Oro le quedaba bien o no, si ella es un nuevo icono de la moda, etcétera. La “opinionitis” se ha esparcido como un virus. Es cierto que tanto el arte como la moda —al igual que el concepto de belleza— son asuntos muy subjetivos, pero lo que realmente ha expuesto la “opinionitis” en torno a Roma es la carencia de diálogo, de argumentos sustentados que conlleven a una reflexión y un análisis que no se limite a la simple percepción. ¿De verdad una película como Roma se puede calificar como aburrida por sus largas secuencias carentes de diálogo? ¿Es solo un retrato personal y clasista de un segmento social privilegiado? De verdad, ¿la historia de Yalitza Aparicio y su desempeño actoral pasa a segundo plano ante una elección de vestido o una portada

La falta de contexto, de referencias y de contenido, nos ha llevado al límite de la banalización. Es fundamental regresar al origen y entender que la vida y las personas no se pueden descifrar a la brevedad de un hashtag, bajo 280 caracteres o con un buen filtro. Es momento de refutar nociones tan tóxicas como las que aseguran que una imagen vale mil palabras o que como nos ven nos tratan. Somos muchísimo más complejos e interesantes de lo que podamos percibir desde el exterior; otorguémonos el privilegio de volver a indagar en las profundidades de las sensaciones, de las emociones y del conocimiento. Porque lo material no trasciende y mucho menos es infinito, las ideas y las emociones sí lo son.

Del celeste al índigo

C36_edito_1En esta edición de Cream exploramos los alcances simbólicos de esa gama de color que va del celeste al índigo. Transitamos, pues, alrededor del mar y el cielo: de lo infinito, lo simple y lo profundo. En su infinidad de matices –y tras las manos de nuestros colaboradores–, la gama resultó entrañable y heterogénea. Y estas páginas son un muestrario de ello.

Como primera gran apuesta, nos llena de emoción tener por primera vez una doble portada con dos de las mujeres que han sacudido la vida reciente en nuestro país: Yalitza Aparicio y Marina de Tavira. A unas semanas de anunciar su nominación al Óscar, ambas actrices nos cuentan el proceso tan excepcional por el que atraviesan y las implicaciones de que su trabajo sea reconocido a este nivel. Las entrevistas de ambas se acompañan de un exquisito trabajo fotográfico por parte de Ricardo Ramos, uno de los lentes más emblemáticos de la escena en México.

En otras páginas, el azul fue plasmado con parsimonia y pertinencia. En especial en aquellas retrospectivas fotográficas con el trabajo de Diego Ramos, el imprescindible recorrido visual de Renata Juárez Huerdo sobre monjas de claustro, el oportuno ensayo Cruces de Steffanie Padilla y un apartado sobre el mar tras los ojos de múltiples autores. En el arte y la arquitectura, la gama osciló entre las ávidas exploraciones de Daniel Barreto, la pertinencia de Maj Linström y el refinamiento de Ambrosi Etchegaray.

Estas páginas toman el azul como pretexto para seguir celebrando el talento de México. Un horizonte interminable que no nos cansamos de seguir descubriendo.

Jorge, Ashley y Jocely

Yalitza Aparicio

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Por Jose Acévez (@joseacevez)

Fotografía / Ricardo Ramos (@ricardoramosphoto)

La historia de Yalitza Aparicio se ha convertido en un mito para la vida cultural mexicana de los tiempos recientes. Una mujer mixteca de la sierra oaxaqueña que por un desliz del azar terminó convirtiéndose en una estrella reconocida y aplaudida en los rincones más sofisticados del mundo. Una historia sobre las excepciones; de esas que abundaban en la televisión abierta o en las películas con poco presupuesto. Una historia casi inverosímil si no fuera por, literalmente, la magia del cine. Ese cine que es capaz de retratar y reconocer, de abrir espacios para interrogantes genuinas. Esa “magia” lúcida que abunda en Roma, donde la actuación de Yalitza es elemento imprescindible para la completud.

Cuando a inicios de noviembre de 2018, la edición estadounidense de Vanity Fair publicó una entrevista con Aparicio junto con su coprotagonista, Marina de Tavira, y Alfonso Cuarón, director de la tan esperada película producida por Netflix, el nombre de la maestra normalista que se hizo actriz comenzó a ebullir. La entrevista se acompañaba de las fotografías que realizó Cristina de Middel, las cuales están llenas de una atmósfera estética particularmente vasta y caleidoscópica. Las imágenes no tardaron en viralizarse y en generar todo tipo de comentarios. No es común que en México veamos a una mujer mixteca vestida de Gucci, Louis Vuitton y Prada, posando con elegancia y rodeada de elementos formales (colores, flores, luces) que no niegan su etnicidad, sino que la engalanan. Un encuentro poco explorado entre el exotismo de lo originario y el mundo del glamur que solo le corresponde a unos pocos. Fue un momento donde comenzamos a imaginar, a discutir, a vislumbrar alcances. ¿Por qué nos hemos negado tanto tiempo la posibilidad de adular nuestra compleja diversidad? ¿Por qué tenemos que reservarnos la exclusiva de la belleza autóctona mexicana en su contexto folclórico y no verla como un engranaje más de los referentes que se suponen universales?

La historia de Yalitza —y su repetición recurrente, constante y múltiple— ha desatado todo un fenómeno de reflexión (a veces superflua, otras muchas más profunda). Hacia el interior de nuestro país, en dos sentidos: primero, sobre la trama de Roma (el oportuno y casi urgente cuestionamiento acerca del tipo de relación que hemos construido con quienes se dedican a que los hogares mexicanos sean espacios vivibles, a quienes les debemos, sin hipérbole, la supervivencia de la cotidianidad); y, dos, sobre cómo nos hemos relacionado históricamente con los pueblos originarios de México. Ambas cuestiones se entrelazan en un fenómeno tan único como inédito: la superación de Yalitza ante el personaje de Cleo para convertirse en un icono de la cultura masiva internacional, pero sobre todo mexicana. Además, a nivel global, con el León de Oro y diez nominaciones al Óscar, entre las que Aparicio compite por el premio a mejor actriz, la película que retrató con manufactura exquisita un momento históricamente tan situado del México de los setenta, pero cuya narrativa no impidió que se comprendiera en cualquier punto del mundo, nos dejó entrever un talento innato, que desde su estreno ha estado sobrado de aplausos. Es aquí cuando las capas se vuelven visibles y podemos reconocer a Yalitza Aparicio, a Cleo, y a la primera interpretando a la segunda.

Nos hicimos de pronto de una de las mejores figuras que ha entregado México al cine internacional, representando, sí, un papel cuyas vetas nos hacen cuestionar profundas huellas de las diferencias que han marcado a este país. Pero que, sin embargo, no se quedó ahí. Yalitza no fue Cleo y no la entendimos a partir de su personaje, sino que sus rupturas y replanteamientos nos han permitido ver más allá de lo evidente. Rehacer códigos no es sencillo y el perfil de Aparicio fue un aliciente pocas veces experimentado.

CREAM_36-38_aDespués de Vanity Fair llegó el epítome del reconocimiento estético: Vogue. Por primera vez en la historia de la edición mexicana, la portada fue para una mujer que no ocultó ni maquilló sus rasgos indígenas. Los retratos de ese “orgullo mexicano” se enaltecieron. A la Frida Kahlo, a la María Félix, a la Angélica María. Pero bajita, morena y con abismal mirada negra. Estábamos siendo conscientes de la creación de un nuevo referente, de un antes y un después. De un momento en la historia visual mexicana donde, además, leíamos In tiu’n ntav’i, la traducción mixteca de “Una estrella ha nacido”. La validación (aunque no solicitada) fue explícita.

Y eso es lo que más se reconoce y aplaude de Yalitza: no le bastó una actuación monumental, una comprensión detallada de la realidad de miles de mujeres que tienen que enfrentar la pesadez de la desigualdad y el desdén. No. Su capacidad rebasó al personaje para entregarnos a una mujer completa que se planta con igual distinción en Londres y en Los Ángeles, en el New York Times y con Jimmy Kimmel.

A Yalitza Aparicio le debemos la reformulación de muchas de nuestras convicciones. Sabemos, gracias a ella, que nos estábamos limitando y que eso nos hacía daño. Hoy, como en ningún otro momento de la historia contemporánea de México, podemos reconocer las anomalías con las que se construye y se aprecia la belleza. Por lo que poco abona la obediencia perpetua a un modelo o a una regla.

Los pendientes son todavía cuantiosos. Sabemos que la separación entre Yalitza y un personaje que replica los estereotipos de las mujeres indígenas en México, si bien no fue fortuita, no es aún una constante reconocible. Lo que sigue es que la validación y el porte de quien se presenta como el nuevo referente se replique sin dudas o trabas. Que sean cada vez más las portadas que no cuestionen el origen o el tono de piel; que se diluya el reconocimiento monolítico para construir otras (y múltiples) maneras de que no haya jerarquías entre colores. Lo que sigue es que Yalitza ya no ocupe el papel de Cleo, sino que la realidad y el cine obedezcan a contar más historias que no estén limitadas a que los personajes vivan atados a una raza, a un género o a una clase social.

El primer paso ya lo dio Yalitza y lo que sigue es mantener la congruencia, pero sobre todo la apertura para facilitar y apreciar. Que Oaxaca y cualquier parte del mundo sea un retrato pertinente y pulcro.

C36_Yal_01Platicamos con la actriz sobre esto y sobre los retos y disfrutes de hacer Roma. Aquí algo de lo que Yalitza nos platicó.

Cuéntanos cómo es Tlaxiaco, tu ciudad natal.
Tlaxiaco es maravilloso. Crecí y siempre he vivido ahí. Considero que todas las personas son muy amables, muy respetuosas; me encanta como se llevan entre sí. Aún es un lugar pequeño y cuando vas por la calle, toda la gente se saluda. Eso me encanta de mi ciudad.

¿Qué te llevó a elegir la docencia como primera profesión?
Elegí la docencia porque desde que recuerdo, es algo que me ha gustado. Me encanta convivir con los niños y siento que ellos tienen esa facilidad de aprender las cosas de una manera muy natural. Además cuentan con la inocencia de la edad, que les permite ir formándose con los aprendizajes de acuerdo a sus experiencias. Son esas razones que me llevaron a elegir esa profesión tan maravillosa.

Cuéntanos qué es lo que más te gusta y si hay algo que no te guste de ser mixteca.
Me encanta todo de ser mixteca. Estoy muy orgullosa de mis raíces, orgullosa de cómo es mi gente. Son personas muy alegres, siempre apoyándose mutuamente y es por ello que estoy tan feliz de haber nacido en la Mixteca y de haberme criado con su cultura. Aunque mi familia pertenece a dos culturas diferentes (Triqui y Mixteca), yo crecí y nací en Tlaxiaco, por lo que aprendí a amar todo lo que significa.

¿Y de ser mexicana?
Me encanta que tenemos una cultura tan diversa, tenemos tantos lugares maravillosos, cada persona tiene características diferentes que nos hacen ser únicos. Además de contar con una gastronomía tan grande y tan rica.

Durante el proceso de rodaje, ¿Cuarón te contaba de Libo? ¿Cómo fue que te apropiaste del personaje de Cleo?
Conocí a Libo un poco antes de comenzar el rodaje. Tuve la oportunidad de hablar con ella y también Alfonso me contó sobre su historia con ella. Pero, repito, esto fue antes de que comenzara el rodaje y no me contaron qué sucedería en la película.

CREAM_36-50¿Qué es lo que más admiras de Cleo y Sofía?
Lo que más admiro de Cleo y Sofía es la fortaleza que tienen como mujeres y el amor tan grande que tienen por la familia. El amor las ayuda a salir adelante.

¿Cuál es tu escena favorita de Roma? ¿Por qué?
Es cuando Cleo está arrullando a Sofi y que Sofi está también cantando esa canción de cuna en mixteco. Es algo muy bonito, porque se muestra cómo Cleo comparte su lengua materna con la niña que cuida y a quien quiere tanto como si fuera su propia hija.

¿Qué sigue para Yalitza después de Roma?
Es algo que me he estado preguntando en los últimos días. Esperaré a ver lo que pasa, pero sé que si llegara a presentarse la oportunidad de hacer otra película, sería algo maravilloso. Y si no, igual estaría feliz de regresar a dar clases, ya que es lo que siempre me ha gustado y para lo que me preparé.

¿Quién o quiénes son las personas más interesantes que has conocido últimamente?
Todas las personas que he conocido son muy interesantes. He tenido la oportunidad de ver que mucha gente en esta industria se ha esforzado mucho para llegar a donde está y es algo para admirarse.

Cuéntanos sobre algún momento inolvidable de los últimos meses.
El momento que nunca olvidaré fue en Venecia, cuando se presentó la película en el festival de cine. Fue la primera vez que estuve en una alfombra roja y no tenía idea de lo que tenía que hacer y era algo que me tenía muy nerviosa. Pero fue una experiencia maravillosa.

Marina de Tavira

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Por Lety Sahagún (@letysaha)

Fotografía / Ricardo Ramos (@ricardoramosphoto)

Siempre he tenido pensamientos alrededor de los sueños. ¿A qué huelen? ¿Qué pasa cuando los tocas? ¿Qué cambia dentro de ti cuando eres nombrada como una de las mejores actrices del año a nivel mundial? ¿Cómo se siente desfilar por todas las alfombras y saber que tu nombre va acompañado de todo tipo de elogios por parte de los críticos de cine? ¿Qué se activa cuando ese trabajo que tanto alaban es algo que se relaciona con Alfonso Cuarón, quien como director confía en tus recursos actorales y te da la libertad de fluir con tu personaje? Con estas y otras dudas llego a casa de Marina de Tavira y entiendo todo. Me recibe con un café en la mano, sin una gota de maquillaje, mientras nos sentamos en una banquita pintada de colores a hablar del fenómeno que ha sido Roma.

Todo se ha movido más rápido que nunca para ella. Viene llegando de Los Ángeles y debe asistir a una entrega de premios dentro de algunas horas. Cuando le pregunto si se mudaría para allá, si cruzaría todas las puertas que se empiecen a abrir a partir de ahora, me sorprende su respuesta. Con toda la certeza del mundo, me habla de sus prioridades y de lo bonito del ritmo de su vida antes de Roma, de su amor por el teatro, por la vida tranquila en Coyoacán, por su familia y por esa casa con un naranjo precioso que se ve al entrar. Y entonces, desde la felicidad de lo que ya es, goza lo que esta película ha traído, pero no se obsesiona con Hollywood ni con los reflectores que acompañan este sueño. Ella lo supo desde niña: quería la vida que tenía, y quizá por eso llegó con tanta fuerza todo esto, porque no lo buscaba y no lo esperaba, pero ahora que llegó, lo disfruta a plenitud.

CREAM_36-16¿Quién es Marina de Tavira?
A estas alturas, muchas cosas. Soy actriz básicamente, es lo que más me apasiona, lo que quise ser desde niña, lo que más disfruto en términos profesionales, además de ser mujer, mamá, amiga y todas las demás partes de la vida.

¿Te acuerdas de algún momento en particular en que dijiste “quiero ser actriz”?
Sí, desde muy muy chiquita, casi a los tres años. Mi tío Luis (hermano de mi papá) es director de teatro y mi papá era un gran amante del teatro y también hacía teatro, tenía su propio grupo que ensayaba en mi casa. Desde chica me llevaban al teatro de adultos, no necesariamente al infantil. Desde siempre supe que quería pertenecer a ese mundo que me parecía mágico y fascinante. Podía ir a saludar a las actrices al camerino acabando la función. Nunca pensé en otra cosa, lo tenía muy claro.

¿Cómo fue para ti crecer en la Ciudad de México?
El momento en el que empecé a ser más feliz fue cuando entré a estudiar actuación en Coyoacán en la Casa del Teatro, que es mi alma mater. Siempre me encantó Coyoacán y el espíritu que ahí se sentía. Mi infancia fue maravillosa, la adolescencia y toda esa parte de la preparatoria siempre es complicada, creo que se empieza a disfrutar la vida hasta después, jaja.

Tienes muchos años dedicándote a la actuación, pero todo esto que ha pasado es una locura. ¿Cómo has lidiado con todo esto que ha venido acompañando a Roma?
Ha sido maravilloso. He trabajado desde los dieciocho años en teatro, cine y tele, pero nunca había hecho un proyecto que tuviera esta resonancia. Ha sido maravilloso recibir todo lo que por la misma película ha sucedido, pero también agradezco que sea una película que haya puesto a la luz tantos años de trabajo.

Tú qué eres actriz y desde niña soñabas con esto, ahora que estás al lado de personas a quienes todos admiramos, ¿cómo se siente?, ¿es algo con lo que habías soñado?
Curiosamente yo no había soñado con eso. Siempre quise ser actriz de teatro, fue lo que me enamoró, con toda la conciencia que tiene otro tipo de proyección. Cuando tenía pláticas con amigos que decían que querían hacer cine en Hollywood, yo decía “yo soy muy feliz en mi teatro”. Estoy feliz de estarlo viviendo, pero no es algo que yo deseara. Ha sido increíble descubrir que estas personas a quienes te refieres son de carne y hueso. Estuve en una mesa redonda con actrices increíbles y hablábamos de hijos y de mamás y de cómo nos cuesta trabajo estar en tacones tantas horas. La vida finalmente es lo mismo para un actor, simplemente son escalas distintas.

Hace poco entrevistaba a Diego Luna y me decía lo mismo. Él creció en el teatro con su papá. Decía que todo era abrumador y lo agradecía mucho, pero no era su objetivo. Hay tanta gente que se frustra en el intento, y a veces solo te enamoras de tu pasión y se nutre más orgánicamente…
Pues sí, entiendo perfecto lo que dice. Entiendo cómo fue su infancia: él estaba mucho más cerca que yo con Alejandro, su papá, un gran escenógrafo. El teatro es un mundo tan mágico que te jala y lo que quieres es estar ahí. No es que no quieras lo otro, sino que es muy cansado estar aspirando. Ese es el mundo que yo conocía, al que tenía acceso y que ha sido muy generoso conmigo. La idea de estar en Los Ángeles y haciendo audiciones me parece muy cansada. Admiro mucho a los que han decidido hacerlo, pero no es algo que tuviera en el horizonte.

¿Cómo fue trabajar con Alfonso Cuarón?
Fue un reto enorme, la verdad. Nunca se me quitaron los nervios cada vez que me llamaban al set. Es una persona increíblemente talentosa y así como se exige a sí mismo, exige a los demás. Todos en el set querían dar lo mejor porque él estaba haciendo lo mismo. Yo crecí con maestros que me exigían muchísimo. Mi maestro más querido, Luis de Tavira, es una persona que tiene la misma manera de abordar su trabajo, que es siempre pedir el máximo. Eso te hace nunca estar en tu zona de confort y siempre cuestionarte e ir más lejos de lo que hubiera sido tu primera intuición. Alfonso me ayudó mucho a ir más allá, a entender la actuación desde otro lugar. Y fue increíble que alguien me cambiara la dinámica a estas alturas de la vida.

C36_Mar_01¿Cómo es entender la actuación desde otro lugar? ¿Tú tenías un método y el usaba otro?
Él trabajó en orden cronológico, no compartió el guion con nadie, es algo totalmente distinto. Normalmente construyes un personaje antes, habiéndolo leído, analizado y encontrando sus puntos de cambio; en fin, todas estas cosas que te enseñan en la escuela, que son nuestras herramientas. Y con él no había nada de eso, era confiar en que, de alguna manera, ese personaje estaba en ti, porque por algo te escogieron, porque tienes las cualidades necesarias para abordarlo y se trató sobre todo de un asunto de confianza y de estar en el presente. Actuar es estar en el presente porque si no, el personaje no se sorprende de lo que le está pasando, pero en este caso fue con mayúsculas, lo experimenté en su totalidad.

Vivimos en un país machista, pero en varias familias son las madres quienes se hacen cargo. Estas mujeres se convierten en “todo terreno” por necesidad, incluso cuando el papá vive ahí. ¿En quién te inspiraste? ¿Cómo te preparaste?
Definitivamente en mi mamá. Y también en la mamá de Alfonso, que es Cristina Orozco. Ella representa a las mujeres de toda una generación, e incluso a las mujeres en general. Se vuelven cabezas de familia y tienen que asumir la responsabilidad de ser mamás y papás al mismo tiempo. En el caso de Sofía, mi personaje, no es una decisión, es algo que le sucedió, a lo que se tuvo que enfrentar, y tuvo que crecer. Hay muchas mujeres en esta situación. Al final Sofía, como Cleo a su manera, representa a todo un grupo de mujeres. Sí, como sociedad y como país, tenemos que reforzar lo que significan las paternidades. No solamente desde el punto de vista de lo que los hombres tienen que hacer: también las mujeres. Es un arma de dos filos, no es nada más culpar, demandar, criticar lo que el hombre no hace. Las mujeres a veces solemos tomar la tarea y no dar espacio a que los padres se vuelvan padres. Se necesita fortalecer la conciencia de la paternidad en los hombres. Hay padres maravillosos y también hay los que se desentienden de esa responsabilidad. Las mujeres hemos asumido socialmente que nos corresponde tomar el control de la situación y luego no lo soltamos.

Sofía es como un péndulo. Pasa por un quiebre personal por tristeza, incertidumbre, le rompen el corazón, pero al mismo tiempo es sostén para Cleo y para sus hijos. ¿Cómo ibas explorando sus vivencias?
Pues yo creo que esa es la razón por la que la vemos romperse tantas veces y tener momentos en los que no es la mejor versión de sí misma. Le avienta a Cleo toda la frustración solo porque es la testigo silenciosa de su dolor, y también al hijo. Ese momento en el que le pega por puritita desesperación y miedo al dolor de él, de que haya escuchado. Somos seres complejos y contradictorios, y no siempre nuestras respuestas salen de la mejor manera, pero nacen del amor y eso es lo más interesante.

¿Qué descubriste de ti en estos seis meses de rodaje?
Descubrí que entiendo perfectamente a Sofía. Me inspiré en mi mamá, pero soy también yo. Que la relación entre Cleo y Sofía, así como yo tengo esa misma relación en mi vida personal, es una relación a la que le tenemos que pensar. Que hemos establecido una dinámica social que viene arrastrando cosas desde la colonia y que hay mucho que pensar e investigar porque es una relación bellísima, fundamental, indispensable, y sobre todo si eres madre. ¿Qué podemos hacer para mejorarla, para todos los involucrados?

¿Cuál fue para ti el momento más difícil?
El principio, la primera semana que fue entender el tono actoral que estaba buscando Alfonso. Y empatarme con la forma de trabajar de los demás, con quienes estaba actuando por primera vez. Es decir, olvidarme de lo que sabía y simplemente entregarme a lo que me pedía Alfonso, a su manera de trabajar y a lo que los otros estaban dando. Él ayudó mucho con lo que comentábamos hace un momento, con la forma en la que cambiaba la situación a la mera hora o le daba información distinta a cada personaje. Eso es muy interesante porque la vida es así, podemos estar todos en una misma mesa sentados y cada quién está en una mesa distinta, por lo que trae y por la forma en la que entiende la dinámica familiar. La primera semana fue difícil, fue un reto enorme. Me rompí la cabeza para entender cómo olvidar mis dinámicas actorales.

¿Quién te inspira a ti en la vida después de haber vivido esta experiencia?
Mis amigas que son mamás y todo lo que implica en estos tiempos querer realizarte profesionalmente y al mismo tiempo ser una mamá presente. Eso es todo un trabajo diario de encontrar el equilibrio. De no olvidarte de ti misma, porque entonces te deprimes y te frustras y se lo avientas a tus hijos. Pero tampoco se puede caer en el no estar, porque el tiempo se va muy rápido y se va para siempre.

¿Cuándo te sientes más libre?
Con un grupo de amigos en la playa, de vacaciones.

¿Cuándo tienes miedo?
Siento miedo todo el tiempo en esta carrera. El otro día estaba pensando que escogí la carrera en la que nunca sueltas el miedo ni los nervios. Cada cosa que hago, dar función, estrenar, entrar a un llamado, cruzar por una alfombra roja, por Dios, nada más contrario a mi personalidad. Las entrevistas. Todo el tiempo es estar con la adrenalina.

CREAM_36-71Para los mexicanos fue muy fácil identificarse con Roma, un vivo retrato de la cultura mexicana. Lo fue especialmente para quienes vivieron en esa época, en la Ciudad de México y en la colonia Roma. Pero lo que más llama la atención de este proyecto es que gente de todos los países, idiomas y culturas está conectando con la historia: gente que nunca ha pisado México, pero que quedó enamorada de la película. ¿A qué crees qué se deba?
A que todos fuimos niños y todos perdimos algo en la infancia, todos tenemos cicatrices. Y también tenemos a alguien a quien darle las gracias, ya sea la mamá, la abuela, la mujer que vivía en nuestra casa y ayudaba a cuidarnos o nuestro abuelo o padre. Es algo intrínseco del ser humano.

Cada quien vive su historia. Sofía estaba luchando por sobrevivir como mejor podía, Cleo también, los hijos igual. Y hasta después puedes juntar las piezas del rompecabezas. En el momento, cada quien busca su aire para respirar…
Por eso Alfonso dice que esta película la tenía que hacer ahora. No la podía haber hecho a los 30, cuando empezaba a hacer cine, porque es algo que debes reflexionar tiempo después de haber vivido la experiencia. Le queda muchísima vida por delante, pero digamos que este es un momento en el que pudo mirar hacia su infancia y su adolescencia, y preguntarse por aquellos que estaban ahí. ¿Quiénes eran? A mí Sofía me hizo pensar en cómo vivió mi mamá un divorcio en los 80. Y tener muchísima más compasión y entendimiento por ella que de niña, porque de niña estaba enojada.

Parece que has alcanzado el gran sueño. ¿Con qué sueñas en esta etapa?
Sueño con poder estar tranquila y contenta con las decisiones que tome en mi vida, tanto profesional como personalmente. Ya sea quedarme en México y seguir haciendo teatro o aceptar otros proyectos. Estar en paz con esa decisión. Quiero estar contenta, serena y feliz con lo que tengo.

Creo que sí te va a tocar tomar decisiones grandes porque se te van a abrir muchas puertas después de esto.
Nunca se sabe, jaja. ¡Ojalá!

¿Qué es lo que quisieras que la gente supiera de México?
Que tiene gente maravillosa, en especial las personas que pertenecen a la comunidad indígena, que ha sufrido muchísimo. Los indígenas no han recibido el agradecimiento que se merecen, de este país y el mundo. Hablamos de una comunidad que está siendo constantemente agredida en las fronteras. Me encantaría que esta película, al retratar la belleza de Cleo y la belleza de Yalitza Aparicio, interna y externamente, y de Libo, la mujer en la que se basa su personaje, al retratar a esos seres maravillosos, multiplique su resonancia por millones, y podamos regresarle a esa comunidad un poco de lo que históricamente le ha sido arrebatado.