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Bally: pasión por la perfección

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Desde su fundación en 1851 en Suiza, la firma Bally ha sabido traspasar la barrera del tiempo, mantenerse fiel a los valores bajo los cuales su creador, Carl Franz Bally, comenzó la que sería una de las máximas firmas de calzado de lujo. A partir de los principios de innovación, funcionalidad y modernidad, Bally continúa como referente en la creación de los más exclusivos diseños de piel, ya sea en calzado o en accesorios, cuyo trabajo artesanal y calidad los convierten de manera inmediata en piezas clásicas. Cada uno de los productos Bally representan el más veraz testamento de la pasión por la perfección, que por más de siglo y medio ha generado la firma suiza, gracias a su impecable labor.

Lejos de la moda y las tendencias, para Bally el hombre y la mujer contemporáneos buscan una elegancia refinada con un enfoque accesible, dinámico y siempre funcional. Un estilo de vida que desde marzo de este año está disponible en México, en la primera flagship store de Bally en nuestro país, ubicada en la calle Presidente Masaryk, en la Ciudad de México, siendo este el proyecto más importante a nivel global en el mercado latino para la marca. La llegada de Bally a México no solo es parte de una estrategia de expansión de la firma sino que representa una renovación en su identidad, que se ha generado desde hace poco menos de dos años y cuyo principal artífice es un latino: Pablo Coppola.

En febrero del año pasado, Coppola —de origen argentino— fue nombrado director creativo de Bally, después de una breve estancia como director de accesorios, además de contar en su historial profesional con colaboraciones con las principales firmas del sector de lujo. Desde su llegada, el joven y talentoso diseñador se ha encargado de brindarle una actualizada visión a la marca. Su principal objetivo es hacer del lujo algo palpable y simple que al mismo tiempo resulte sencillo de entender para una nueva generación de consumidores. Para la temporada primavera/verano 2015, Bally, de la mano de Coppola, ofrece una colección de piezas clásicas destinadas al uso diario, con toques de modernidad, que da seguimiento al concepto de “esenciales del guardarropa”, propuesta en la colección otoño/invierno 2014. Una aproximación más fresca, lúdica y relajada, en donde el estilo effortless constituye uno de los pilares de la mujer y el hombre al que se dirigen.

En el caso de la colección femenina, las referencias retro a los 50, 60 y 70, se muestran en siluetas elegantes de tonos cálidos y tejidos sensuales —de piel de serpiente brillante o cuero suave— que se combinan a la perfección con accesorios como la bolsa Sommet, en distintas combinaciones de colores. Looks con aires minimalistas y vibras bohemias, capaces de expresar la seguridad de una mujer que disfruta el ser y el estar sin complicaciones. Esta figura es representada acertadamente en su campaña por la top model Freja Beha Erichsen.

Por otra parte, el modelo Clement Chabernaud es el encargado de encarnar al hombre Bally, un individuo que valora la herencia y el trabajo artesanal plasmado en la sastrería moderna y en los diseños atemporales y únicos con el sello y la garantía suiza. Ya sea en calzado, accesorios, marroquinería o ready to wear, el hombre Bally encuentra el balance perfecto entre lo clásico y lo innovador. Un estilo innato que no necesita deslumbrar para destacar. La incomparable reputación de Bally y su extraordinaria sensibilidad por la excelencia confirman su pasión por brindar a las nuevas generaciones una renovada expresión del lujo artesanal, que solo la historia que construye a una casa como Bally puede otorgar: herencia atemporal de origen suizo, en donde la palabra lujo toma un nuevo significado.

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