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Beautiful Savage

La primera vez que vi una película de Iñárritu fue por ahí de 1999. Vivía en el extranjero, en Seattle Washington para ser preciso, y es relevante que mencione donde vivía porque la nostalgia por lo mexicano o lo de casa siempre se acentúa en ese tipo de clima lluvioso de días grises y cortos. La verdad es que Amores perros me voló la cabeza y quizá me atreva a decir que en el momento era la mejor película mexicana que había visto jamás. Repito, vivía fuera y a lo mejor otros factores influían para dar ese veredicto. Sin embargo sigo creyendo que esa película ha sobrevivido al tiempo, sigue siendo un gran filme, sobre todo por la narrativa de las tres historias que corren en paralelo y tienen un mismo hilo conductor, lo cual para la época era toda una novedad, especialmente en “el nuevo cine mexicano”.

Yo nunca había oído hablar del “Negro” González Iñárritu ni de sus genialidades en la radio, ni de su trabajo como director creativo de los promos de Televisa en Canal 5. Para mí era un creador desconocido que tenía una tremenda ópera prima y llegué a pensar que podía ganar el Óscar a la mejor película extranjera. Ahora ni siquiera recuerdo si estuvo nominada o no, pero sí recuerdo que esa peli catapultó la carrera de Gael García Bernal gracias al trabajo de Iñárritu dirigiéndolo y sacando lo que quería de él como actor. Después de Amores perros vinieron las otras dos entregas de la famosa trilogía de Iñárritu y Guillermo Arriaga: 21 gramos y Babel, que para mi gusto pasaron sin pena ni gloria, rescatando por ahí las actuaciones de los actores que tuvo en sus repartos, como Sean Penn, Brad Pitt e incluso la mexicana Adriana Barraza, la cual recibió una nominación al Óscar como actriz secundaria.

En ese entonces Iñárritu empezó a recibir atención de la prensa y Babel llegó a estrenarse en el Festival de Cannes. De ser un “desconocido” el director pasó a ser una de las figuras más importantes de la industria del cine a nivel mundial. Incluso sus detractores lo acusaron de no darle el suficiente crédito a Arriaga por los logros de las películas y ahí viene la famosa ruptura entre el director y el guionista.

La verdad es que después de Babel Iñárritu me parecía un tipo chocante y arrogante y para ser honesto su película Biutiful me pareció pretensiosa, aburrida y hasta patética. Confieso que sí fui de los que pensó que sin su dupla (Arriaga) Iñárritu no volvería a hacer nada relevante o por lo menos con sustancia, pero cuatro años después me cerró la boca y ganó el Óscar por Birdman. Yo seguía siendo escéptico, sostengo que los méritos de Birdman tienen que ver con la narrativa, relacionada con el trabajo de Lubezki más que con el propio Iñárritu. Tampoco el guion me pareció tan atractivo como otras propuestas, o como lo que resultaba cuando Alejandro coescribía con Arriaga. Reconozco que como buen mexicano no darle el mérito a otro mexicano es una postura muy típica, especialmente cuando hace lo que yo solo sueño con hacer.

Pero ahora con The Revenant veo en Iñárritu lo que muchos vieron antes: su salvaje genialidad, su brutal honestidad al realizar cine como en su primera entrega, Amores perros, cuyo título lo dice todo. En su última entrega el salvajismo del director está lleno de maestría y experiencia y logra controlarlo de manera majestuosa para entregarnos para mi gusto su mejor trabajo a la fecha.

Beautiful Savage CreamThe Revenant es una historia violenta, visceral, y sin embargo transformacional, de la supervivencia y la venganza, y así mismo esta filmada, actuada y producida. The Revenant es una salvajada en todos los sentidos y es que la brutal violencia que tiene el filme sacará a algunos espectadores del cine, retorciéndose en el malestar y el dolor emocional. Sí, es así de excesiva, pero totalmente justificada. Todos los escenarios son reales, está filmada con luz natural y el diseño de producción y la producción misma son de una grandeza que solo siendo un espíritu salvaje se llegan a lograr.

Inspirada en hechos reales, como se suele decir, y en una novela histórica de 2002 escrita por Michael Punke, The Revenant muestra a Leonardo DiCaprio en una de sus actuaciones más impresionantes, como Hugh Glass, un hombre de la frontera, que en 1823 fue contratado como explorador por el Rocky Mountain Trading Co. para dirigir a un equipo de cazadores de pieles, a través de un territorio que algunos años más tarde se convertiría en parte de Dakota del Sur.

La peli es violenta e implacable desde la primera escena. Pero el realismo con que es realizada es raramente visto o escuchado: el sonido de una flecha perforando la carne de un hombre y, casi al instante que termina su vida, todo parece tan increíblemente real. Pocas películas han hecho un trabajo tan brillante de capturar la dureza de la vida en la frontera de hace casi dos siglos. Por su narrativa y la música que lo acompaña, el filme nos invita a la contemplación y a la reflexión interna y nos sumerge en ese helado mundo que ha perdido su humanidad, que saca lo más animal y primitivo de cada uno de los personajes por el mismo entorno que los rodea.

Quizá a la hora en que este artículo esté impreso la película habrá sido multipremiada, o a lo mejor no, pero lo que es innegable es que Iñárritu se consagra junto con el “Chivo” Lubezki como uno de los artistas mexicanos más importantes de todos los tiempos (léase en el contexto actual, en términos de tecnología, contenido en su ámbito) y hace que México, como país, sobresalga por actos salvajes, pero salvajes de creatividad y no de otra índole, por la cual siempre somos el centro de atención en el extranjero.

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