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Botella de doble fondo por Demián Bichir

Después de la terrible resaca que nos ha dejado el resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, y después de haber ido de la incredulidad al coraje, pasando por una terrible decepción y la más amarga depresión, nos declaramos en pie de lucha, de manera franca y abierta. La primera gran asignatura pendiente para futuros presidentes demócratas, será cambiar el proceso electoral y contar cada voto como unidad y no como bloques de números de votos electorales por estado. Reconforta un poco saber que voto por voto, Trump quedó por debajo de Clinton por más de un millón de sufragios. Pero es un consuelo que nos sirve de muy poco. Estados Unidos ha tocado fondo. Trump representa al voto del enojo de millones de estadounidenses ofendidos por la inoperancia de políticos rancios, pero también representa la fascinación de la gente por los reality shows.

Trump apostó por la ignorancia de la gente y ganó. Trump es un excelente vendedor de mentiras pero se necesita a un ávido consumidor de ellas para poder triunfar. La lucha ha iniciado ya. La resistencia se ha manifestado de diferentes maneras. Desde manifestaciones a lo largo de todo el país hasta la campaña para independizar a California de Estados Unidos. Por supuesto que es un sueño guajiro, pero lo que importa es el acto mismo, es una llamada de atención importante cuando California es la sexta economía más poderosa del mundo y cuya fuerza de trabajo recae en una gran medida sobre los hombros de millones de trabajadores indocumentados, en su mayoría mexicanos.

c29_db_webEstamos, insisto, en pie de lucha. Y no será fácil conducir a Estados Unidos a la barbarie y al retroceso sin que el escrutinio de millones de ojos con voces que ya se alzan con fuerza, los desnude. No es como en México, donde en las altas esferas de poder se tapan unos a otros las espaldas, evitando así que el pueblo vea algún día justicia. Esa es probablemente la esperanza más clara que tenemos todos, que el pez por la boca muere. Un sujeto como Trump será siempre susceptible de cometer algún error grave que lo lleve a su destitución. Él mismo seguirá siendo su peor enemigo. Las patanerías y charlatanerías que divirtieron tanto a sus seguidores, no podrán ser dichas ni hechas como presidente.

Que nadie se relaje. Que nadie se equivoque, vienen tiempos difíciles. El reloj se ha retrasado 60 años, pero si no se lucha contra la intolerancia, la ignorancia y la estupidez, podríamos regresar a la Edad Media. Esta botella tiene dos fondos y ya se ha tocado el primero. El bando político que representó Clinton ha dejado muchos cabos sueltos durante mucho tiempo y ahora ha pagado esa vieja factura. Está a tiempo de evitar que se llegue al segundo fondo. Haber agitado el avispero puede, a final de cuentas, resultar positivo, suponiendo que todos hayan aprendido su lección. Nada bueno ha resultado nunca de gobiernos totalitarios, retrógradas y fascistas. No le conviene a la gran mayoría. Sería un error ignorar que fueron 50 millones de estadounidenses quienes comparten y apoyan las ideas primitivas de Trump, pero somos más los que amamos el progreso, somos más quienes nos conmovemos ante las injusticias, somos muchos más quienes nos reconocemos en nuestras propias diferencias y somos capaces de razonar.

 

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