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Carlos Ranc: Elegante Vagancia

La librería Elegante Vagancia del artista plástico Carlos Ranc, reúne un conjunto de libros de editoriales independientes, una colección de literatura del siglo xx (años más y menos) y una biblioteca que promueve un sistema de intercambio. Se encuentra en el domicilio del artista, en la colonia Americana de Guadalajara. Fue inaugurada el marzo pasado y, apenas dos meses después, se plantea ya como un peculiar escaparate al mundo de los libros impresos como productos culturales.

A diferencia de una librería grande, de una cadena, Elegante Vagancia puede darse el lujo de elegir los títulos que ofrece al público. El propósito de este proyecto es dar a conocer el trabajo editorial que hay detrás de libros y colecciones. Poco antes de la inauguración, tuvimos una conversación con Carlos, y él mismo nos explicó en qué consiste su propuesta.

DSC_7425-5¿Cómo surgió la idea de tu librería?
La librería se divide en tres partes. La principal tiene que ver con editoriales independientes. Quiero mostrar la labor editorial. Esta no es una librería de autores. No se trata de que la gente venga a preguntar por un autor, porque el propósito es mostrar lo que hace una editorial. He pedido a las editoriales que me entreguen una colección completa de lo que han hecho, ya sea cuatro libros o 500, dependiendo de lo antiguo de la editorial, o de la cantidad de títulos publicados. Me interesa que se note la labor editorial. Por ejemplo, más allá de los escritores, que la gente vea cómo es una colección, desde el diseño editorial, qué se traduce, quién traduce, cómo se arman los libros, todo lo que una editorial hace. Como soy artista… en general los artistas escogemos galerías, no es que yo vaya a exponer en la galería que me ofrezca un espacio, sino que escojo cierto perfil. A veces no sucede igual en el caso de los escritores. A partir de esa idea nació el proyecto.

Entonces tu librería se centra en lo editorial…
El trabajo de un editor es algo que ha desaparecido, como desapareció ya el trabajo de un tipógrafo. Ahora hay diseñadores gráficos, algunos que se dedican al diseño editorial. Pero en realidad el trabajo de un editor va mucho más allá: la selección, la traducción, la construcción de sus propias colecciones, que es lo que yo tengo aquí en la librería. A muchas de las editoriales la condición que les pongo es que me entreguen incluso los libros agotados, que el público puede consultar pero no comprar. Eso permite que la gente vea ese trabajo.

Al día de hoy el editor es una persona que sabe un poquito de literatura pero que se interesa más en la mercadotecnia, salvo honrosas excepciones, que son las que me interesa realzar. Cuando uno ve el trabajo de los grandes grupos, en donde supuestamente hay editores, uno se da cuenta de que son más bien agentes de ventas. El trabajo editorial merece recuperar su lugar preponderante.

Además de libros de editoriales independientes, ¿qué encontraremos en Elegante Vagancia?
El segundo núcleo reúne una colección de literatura, poesía, ensayo, novela, centrada en el siglo xx, de finales del xix hasta los años 80, que es cuando, según yo, todo empieza a decaer, y no solo en el mundo editorial, también en otros mundos. Libros agotados, raros, que en realidad cuestan lo mismo que un libro nuevo. Mi biblioteca personal está también en la planta baja, y poco a poco iré abriéndola al público.

Como artista plástico, ¿de dónde surge tu interés por el libro y la literatura?

Siempre me han interesado. Me empecé a volver un obsesivo coleccionista de libros viejos. Cuando comencé a trabajar, dentro de mis proyectos artísticos, partía de ideas con bibliotecas: bibliotecas inútiles, provocativas, etcétera. Como parte de mi propio proyecto artístico se abre la librería, en donde quiero ver qué sucede con los libros, porque la tercera parte de la librería, el tercer núcleo, es una biblioteca prácticamente de intercambio.

¿Cómo funciona este sistema?
Al principio, para mantener una cierta calidad, va a ser por invitación. Les pido a escritores y a editores que me regalen libros para la biblioteca, para construir un acervo de unos mil y tantos ejemplares. Luego, también por invitación, la gente puede venir a cambiar libros. Pero la condición es que los libros vengan a su nombre, de manera que no me regalen basura. Nadie va a poner su nombre en las Cincuenta sombras de Grey, autoayuda o qué sé yo. A la vez, cuando vengan a cambiar libros, previa selección, yo les autorizo ciertos libros. Entonces hago una especie de listado de qué deja quién. Puedes quedarte con los libros que elegiste si dejaste otros. Además, como los libros llevan el nombre de autores con cierta relevancia, habrá gente interesada en coleccionar el libro que leyó Lugi Amara sobre, por ejemplo, Bethoveen, o el libro que leyó Mario Bellatin sobre tal cosa. Es un poco una provocación, para ver con qué se queda la gente, qué regresa, qué cambia, qué me traen. Con eso hago una especie de bitácora.

¿Qué estás leyendo ahorita?
¡Muchos libros al mismo tiempo!, es un desastre. Leo a autores tapatíos, a Jorge López Páez, Los invitados de piedra, que es un libro de cuentos.

¿Qué opinión tienes de los libros electrónicos?
Todavía no terminan de armarse. Están todavía en pañales. Tienen un gran futuro, pero solo ciertos libros, cierta literatura. Siguen imitando mal al libro. No hay un diseño editorial para el libro electrónico. Todavía hay mucho que aprender. Por otra parte, hay un deseo inherente al hombre, que es el de poseer, de tocar. El libro impreso lo satisface, amén de otras cosas.

Elegante Vagancia
T – 3335 0231
López Cotilla 1295, Americana
Guadalajara

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