frang_a_20141128_156

Cartas a la “China” desde Asia

_DSF0205Carta 1
Principios de diciembre, 2014

Hola, China.

Te escribo mientras cruzo la frontera entre Tailandia y Camboya. Llevamos cuatro horas en este camión y nunca me he sentido más en paz. Sabes cuánto necesitaba este viaje, los dos lo necesitábamos. Creo que ni yo misma se cómo llegué aquí. El viaje era para él, y es más suyo que mío, ya que no puedo hablar de Asia sin pensar, respirar, sentirlo a él.

La idea de irnos de backpackers al sureste de Asia surgió un día, a las cuatro de la mañana, mientras estábamos hartos de dormir en diferentes camas y soñar en diferentes horarios. Fue la excusa perfecta para ganarle a la distancia una batalla y poder despertarme junto a él 94 días seguidos. Sé que entiendes de lo que hablo, porque la distancia nos ha ganado tantas en esta vida. Por primera vez creí que yo podía ganar… bueno si me equivoqué o no, eso ya no importa, pero por estos 94 días yo sentí que había ganado.

frang_a_20141108_229Llegar a Asia fue lo más difícil. ¿Sabes lo que fue empacar mi departamento y dejarlo en un storage perdido en Brooklyn y luego dejar lista una maleta que te juro no media más de 40 centímetros? Así que con más ganas que dinero nos subimos a un avión con escala en Londres, para llegar después a Beijing (que por cierto China se me hace uno de los países más underrated del mundo). Quiero recorrerlo ya contigo.

Luego llegamos a Chiang Mai, Tailandia. Es de lo más bonito que he visto en mi vida. Rentamos una moto y recorrimos una ruta que nos sugirió el monje al que ayudamos toda la mañana. Fuimos a un templo que está escondido en las montañas, cerca de un pueblo que se llama Doi Pui. Mi China, una cascada gigante pasa por el templo. Solo estábamos él y yo, por horas sin hablar. Quisiera llevarte, quisiera recorrer esa montaña de nuevo para que te quedes con la nostalgia que siento mientras te escribo esto. Y así pasaron los días en Tailandia: entre montañas, ruinas y más ruinas. Hicimos un roadtrip del norte de Tailandia a Bangkok.

Te veo pronto, China, piensa en mí.

Ashley
______________________________________________________________________

frang_a_20141224_1278Carta 2
Finales de diciembre, 2014

China mía:

¿Te acuerdas que moría por ir a Myanmar? Casi todo mundo va solo a Bagán, pero si pagas un poco más, puedes viajar a ciertas partes del país, que están cerradas. Me parece increíble que siga el comunismo tan latente todavía. A veces siento que nosotros somos los desafortunados de habernos contaminado tanto, de saber tanto, de pensar tanto. Es un sueño Myanmar, aunque comí cosas que no sabía que existían.

Mandalay y Rangún son ciudades que visitaría una y mil veces, solo para ver cómo empiezan a cambiar una vez que se abra el país. De Bagán a Rangún caminamos durante seis horas en las áreas rurales. No hemos soltado las cámaras, es una maldición durísima de fotógrafo. Te juro que pasamos por los lugares más espectaculares. La vida rural es mi fascinación. En Rangún, él y yo fuimos a la pagoda más grande del mundo. Mi China, es lo más hermoso que he visto, la pagoda me impresionó: la fe con la que los budistas rezan es alucinante. Tú sabes que para mí la religión es un tema complicado, pero casi juro que pude ver a Dios caminar entre los monjes.

Te escribo desde Vietnam.

Besos,

Ash
______________________________________________________________________

frang_a_20141125_002Carta 3
Principios de enero, 2015

Mi China:

Te llamé ayer para contarte que acababa de recorrer Vietnam de norte a sur en una moto de dudosa procedencia. La última vez que me sentí así de libre fue cuando mi mamá me mojaba con la manguera afuera de mi casa llegando de la escuela. El norte de Vietnam es increíble. Fuimos a una región que se llama Sa Pa, casi en la frontera de China, donde están algunas tribus vietnamitas. Cruzamos las montañas llenas de campos de arroz. Juré que iba a morir cada diez minutos, las montañas estaban llenas de lodo y yo estaba en chanclas, esas que odias. Dormimos en casa de una familia de una tribu que se llama Dao Hmong. Me dieron ganas de tener hijos por primera vez en la vida, para poder enseñarles el mundo.

Fuimos a un lugar que se llama Tam Coc al norte de Hoi An. Mi China, qué te digo, el lugar más mágico del mundo. Nos subimos a unos barquitos que te llevan por el Río Rojo, no había ni un alma, estábamos solos. Sentía que nada importaba.

frang_a_20141117_321La moto nos llevó además por Halong Bay, Hoi An y Hue. En cada uno de los lugares me quería quedar más y más tiempo. El otro día me preguntaste si notaba la guerra en la gente de Vietnam, y creo que sí. El país está marcado permanentemente.

A veces, mientras andamos en moto por Asia, me siento tan chiquita, no he visto nada, siento que no he hecho nada. Me la vivo abrazada a su espalda, esperando que no sea la última vez que nos sintamos así de vivos.

Ashley
______________________________________________________________________

Carta 3
Finales de enero, 2015

Lety:

Te marqué ayer, China. Me entró la asfixia de que ya me voy a regresar. Estoy cansada de ponerme las tres mismas blusas y dormir con gente que no conozco. Quiero llegar a casa de mi papá y dormir por días. También creo que quiero más. Quiero más días, más tiempo, más de él.

Estas semanas son las últimas en Asia. Él está dormido en mis piernas mientras te escribo desde un barco pesquero que nos lleva de Nom Pen, Camboya, a Battambang, Indonesia. Estamos pasando por aldeas flotantes. No puedo dejar de ver. Vivo con los ojos abiertos. Me siento tan afortunada por tanto.

El miércoles él me despertó a las cinco de la mañana para ir a ver el amanecer en Angkor Wat. Nos subimos a las bicis y recorrimos la ciudad oscura hasta llegar a la los templos, entre turistas y más turistas vimos el amanecer. Voy a comprar una casa aquí, no sabes el lugar, la jungla se come a la ciudad poco a poquito.

¿Qué haces tú hoy? ¿A dónde vas? Conocí a una niña que se llama Chloé y les tiene miedo a los aviones y a los trenes, así que recorrió todo Camboya en bici (imagínate). Mañana empieza a recorrer toda la China rural, también en su bici. ¿Sabes las ganas que me dieron de decirle que yo me iba con ella? Claro que no sabe que aprendí a andar en bici hasta los diecisiete, pero igual quería subirme a su bici y no bajarme nunca.

Te escribo la última carta porque después de aquí nos vamos. Me duele tanto irme. Entre lo que sé que voy a dejar y lo que viene.

El viaje no es más que un homenaje a nosotros, por no decir que fue el principio del final. Él tiene el espíritu aventurero más grande del mundo. Si algo nos juntó en esta vida es que los dos podemos sentirnos en casa cuando estamos totalmente perdidos.

Te abrazo el jueves a las tres.

Besos,

Ashley

¿Te gustó esta publicación? Compártela con tus amigos:

Deja un comentario