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Casa Por Gil Cerezo

Las montañas de Hollywood tienen una energía que se contagia. Al instante que subes por sus colinas un viento de inspiración comienza a despeinarte el cabello, entra a tus pulmones y hace bailar los dedos sobre el piano o rasguear una guitarra, brotan las palabras que componen las frases y las melodías que las entretejen.

C26_Music_01El proceso creativo siempre empieza con una chispa de inspiración, una idea que brota al ver una película, al escuchar un comentario, al encontrar una frase o un sonido en el barullo de un mall. Sin embargo esas ideas solamente trascenderán si logran materializarse en una pieza, en un cuadro, en una película, en un invento y, en mi caso, en una canción. Es ese proceso entre la idea y la pieza final lo que nos mantiene horas manufacturando acordes, procesando sonidos y afinando las técnicas de grabación para dar vida a nuestra música. En ese trabajo casi artesanal es donde las montañas de Los Ángeles se convierten en la guarida perfecta para mí: adentradas en el corazón de una de las ciudades más importantes y dinámicas del mundo, también me hacen sentir en completa exclusión citadina. En la tranquilidad de estas montañas boscosas es más fácil que un venado haga frenar tu auto que una patrulla de policía.

He merodeado por Hollywood Hills desde hace más de diez años, cuando me mudé a California. Laurel Canyon es el área donde hoy reside nuestro estudio de grabación. Estas montañas comenzaron su historia musical a finales de los sesenta, cuando Frank Zappa se mudó justo a la esquina de Laurel Canyon y Lookout Mountain. Le siguieron Joni Mitchel, Jim Morrison, Neil Young y varios artistas de la época que definieron el sonido “americana”. En casas que se confundirían hoy en día con cabañas de bosque, se generaba la música entre ellos: comían juntos en las terrazas, se drogaban, se revolvían, dormían y despertaban juntos.

C26_Music_03El famoso estudio conocido como La Mansión, propiedad de Rick Rubin, comenzó una serie de discos legendarios con el Blood Sugar Sex Magik de los Chili Peppers, en los noventa, seguido por álbumes de agrupaciones clásicas del rock moderno como Audio Slave, Linkin Park, Slipknot, Mars Volta y el último disco de lcd Soundsystem. A La Mansión, entre sus historias de fantasmas y anécdotas legendarias, también se le atribuye haber alojado a Jimmy Hendrix, David Bowie, Mick Jagger y The Beatles, además de haber sido habitada por Houdini.

Ahora vivo en la misma montaña, un poco más al este de la ciudad, cerca del Hotel Roosevelt. En el ballroom de ese hotel se hizo la primera entrega de los Óscares, en 1929. Me cuenta mi vecino, un alcohólico que sale en bata con su vaso de vodka en la mano, que su casa perteneció a Dolores del Río y que en aquella época la gente caminó del Roosevelt hasta su casa para el after. A mi lado vivió Robert Downey Junior, mientras filmaba Chaplin, y Drew Barrymore en su época rebelde. Justo en mi casa vivía el guionista de Independence Day o 2012 o una de esas películas donde se acaba el mundo. Mucho Hollywood shit.

C26_Music_04Dos de mis placeres favoritos, la música y el cine, han rondado por estas montañas que tanto quiero, que tantas veces he subido a pie cargando un six, o en coche con el pedal a fondo por las prisas. Odio la palabra “vibra” y las frases de “superación emocional”, pero me atrevo a hablar de la energía de estas montañas, no en un sentido neohippie, sino material: sus árboles como sus estudios de grabación, secretos entre estas casas, la cantidad de gente creando beats en sus laptops o los grandes salones que todavía cuentan con grabadoras de cinta entre sus antigüedades y con guitarras de colección. Imagino que albergará a miles de actores, escritores y directores que en este instante están creando algo que después verás en pantalla. Estas montañas son un foco de creación continua y evolutiva, y mantienen sus colinas vibrantes. Hoy, después de diez años, me atrevo a llamarlas casa.

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