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¿Cómo ser libre?

Para Aristóteles la libertad era la tendencia natural del ser humano a ser feliz. Es un concepto abstracto y noble, ya que de él se desprende la idea de la libertad como algo personal, subjetivo, que cambia de persona en persona. Lo relevante, y en donde coinciden todos los seres humanos, es la búsqueda de la felicidad. La expresión autónoma y la construcción de un camino personal forman parte de la libertad. Sin embargo, esta búsqueda debe respetar la libertad de los demás. Para eso se crean a los gobiernos.

Los gobiernos dan estructura a la sociedad, agrupan a las personas de manera armónica y ordenada. De las ideas de Hobbes y de Locke se desprende que los pueblos en uso de su libertad, con un ideal de vida en comunidad, crean las instituciones del Estado. La idea de que el gobierno se impone por mandato divino, algo que en el mundo antiguo era la pauta en la mayoría de las sociedades, es abandonada en Europa a partir del Renacimiento. Por tanto, si el pueblo es quien crea al gobierno, este debe respetar sobre todas las cosas al pueblo, particularmente en todo lo relacionado con su libertad: nunca inmiscuirse con su derecho a ser feliz, salvo para proteger la felicidad de otros.

En el contexto actual de la sociedad, se vuelve difícil ver reflejadas estas ideas tan hermosas y fundamentales para la experiencia humana. Hay dos tendencias mundiales que nos afectan a todos y que menguan nuestro derecho a la felicidad. En primer lugar, el mundo está plagado de gobiernos que no asumen la responsabilidad de atender las necesidades de la sociedad en su conjunto: protegen a pequeños grupos oligárquicos que controlan al pueblo por vía de la manipulación y la limosna. Estos gobiernos tienden a satisfacer necesidades a corto plazo de sectores desprotegidos para ganar su confianza, y luego los traicionan con acciones que los debiliten aún más en su condición social. Por si fuera poco, una vez electos, ciertos gobernantes claman que la democracia los llevó a ese lugar y que lo que ellos digan ha de convertirse en ley, en dogma de fe.

CREAM LIBERTADAlgunos de estos gobiernos han logrado mantenerse en pie durante muchos años. Para ello han utilizado diversos métodos, que incluyen la explotación de los más pobres, la destrucción de los sistemas educativos, la creación de programas y apoyos a industrias que generan malnutrición, a través de múltiples actos de corrupción y de privilegios a sectores sociales específicos. Aun en los países donde hay recursos naturales en abundancia, una mala administración puede acabar con el sistema económico. Entonces devienen el hambre y la miseria, y cuando esto sucede, cuando las personas no tienen lo mínimo, entran en estado de pánico y violencia.

La democracia elige representantes, pero estos solo son empleados de la sociedad, que deben atender a sus electores y rendir cuentas de manera permanente. No deben ser dotados de poder absoluto ni de facultades tiránicas, ya que esto destruye la libertad de las personas. Por eso es tan importante el derecho de asociación y de manifestación. Un gobierno que se enfrenta a grandes marchas debe entender que algo está muy mal en su estructura, debe salir a atender a esos sectores inconformes. De no hacerlo, el resultado se traduce en crisis, violencia y muerte, todo lo contrario a la felicidad.

Por otro lado, el consumismo mata la libertad de las personas, las esclaviza a la idea de la necesidad material. El síndrome social del consumo, promovido por las grandes corporaciones, destruye la naturaleza misma del ser humano, imponiendo valores superfluos, vacíos y vanos. Ninguna persona puede ser libre si está atrapada en lo material. El ser humano debe buscar aquellos valores que lo engrandezcan y lo conduzcan a la plenitud del ser.

Con estos dos tristes escenarios se vislumbra la derrota de Locke y los Derechos Humanos. ¿Cómo ser libre si no tengo claro en qué consiste la libertad? ¿Cómo ser libre si el gobierno me dice que ser esclavo es ser libre? ¿Cómo ser libre si no tengo un Ferrari?

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