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Crear un círculo virtuoso por Demián Bichir

Nosotros no deberíamos estar llorando la desaparición de 43 estudiantes mexicanos. Ninguno de esos jóvenes hubiera tenido que manifestarse para exigir que sus gobernantes cumplieran con las más elementales condiciones para que su gente se desarrolle de manera digna y feliz. ¿Por qué tenemos que vivir en un constante reclamo? ¿Qué no se supone que la voz del pueblo es la voz de Dios? Entonces, ¿cuándo tienen planeado bajar de su limbo y ejecutar las demandas del pueblo que los llevó a donde están? A menos claro, que no haya sido el pueblo quien los llevó a donde están. Mientras ser político en México siga significando convertirse en poderoso y multimillonario, no tendremos jamás gobernantes capaces y honestos.

Las reglas deberían cambiar. Habría que decirle a quien quiera dedicarse a la política que los sueldos serán muy bajos. Que la verdadera recompensa será la satisfacción de beneficiar a toda una nación. Habría que advertirles a los diputados que los servicios médicos a los que tendrán derecho serán exclusivamente en las clínicas del seguro social y los mismos hospitales y médicos que utiliza la clase trabajadora. Entonces sí, ellos mismos se encargarían de que fueran los mejores servicios de salud del país. Ahí está, dos pájaros de un tiro. Habría que establecer también que se acabaron los bonos de esto y de aquello. Una fiscalización verdadera sobre la riqueza y bienes patrimoniales de quien sea que quiera ser alcalde, presidente municipal, gobernador, diputado, senador o presidente de la República, debería ser establecida con un rigor a prueba de corruptelas.

C22_Demián_001La peor tragedia es que quienes se dedican al crimen organizado, ingresan a este con los mismos objetivos: alcanzar el poder y el dinero. Y en medio de todo esto, 43 estudiantes que reclamaban lo justo. Pero esas 43 voces se convirtieron en millones, adoptando sus reclamos y exigiendo que aparezcan. Nadie quiere pasar más tiempo en las calles. Esa energía hace falta en las aulas para generar científicos, artistas y atletas. Nadie quiere que las historias que nos manchan como nación se sigan escribiendo a costillas de jóvenes estudiantes. Es un círculo vicioso porque nadie quiere ceder. Ese círculo solo puede convertirse en virtuoso si los gobernantes dan el primer paso hacia un estado de derecho basado en la paz con justicia y dignidad.

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