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Dariela los martes

Muy al principio de Cream, cuando empecé esta columna, escribí sobre una película que giraba alrededor de los cambios emocionales de las parejas al inicio de las relaciones. En esta ocasión quiero retomar el tema, pero desde otro punto de vista, esta vez plasmado en la segunda entrega cinematográfica del director Mauricio T. Valle, Dariela los martes, escrita, producida, dirigida y protagonizada por él mismo.

Mauricio nos regala una historia muy íntima que casi se puede tocar y respirar, sobre la complejidad que viven las parejas hoy en día, en busca de la felicidad, sin realmente comprometerse por completo a sostener una relación estable. La trama es contada a través de diferentes formatos cinematográficos: es imposible no perderse por momentos en los recuerdos propios de esas sensaciones. Lo que más me gusta del filme es que la técnica y los diferentes recursos no se separan del diálogo ni del guion; al contrario, ayudan a contextualizar y forman parte de la película, como si fueran otros protagonistas cuyo rol es ubicarnos en el tiempo y en la memoria emocional de los personajes.

Dariela, representada por Paola Núñez, es una actriz involucrada en una relación que al parecer no la hace del todo feliz y que busca retos nuevos en su trabajo de actuación. En se contexto conoce a Rodrigo (Mauricio T. Valle) quien le propone papeles que la reten un poco más, y entonces comienza su relación, basada en el pacto de verse solo los martes: no importa si la cita dura unas horas o todo el día. Solo los martes. Al principio pareciera ser la amistad o relación ideal, ya que ambos guardan sus energías para ese día tan especial en que se disfrutan el uno al otro por completo. La cosa se complica cuando Dariela se va a Nueva York por asuntos de trabajo y Rodrigo decide ir a visitarla. Más tarde los dos hacen un viaje juntos a París.

Mariela los martes ilustracionLo que al principio pareciera una aventura que nos dará más romance e intimidad que solo un día a la semana, se convierte en un viaje por los rincones obscuros que los personajes guardan y comienzan a mostrar con el tiempo. No es que todos tengamos la obscuridad de Dariela, sino que, con el tiempo, dejamos salir aspectos de nuestra personalidad, capaces de alejar a quienes no estuviesen tocados por el enamoramiento. Dariela parece ser una chica simple, sin mucho mundo intelectual, que solo es actriz por ser bonita, pero ya avanzado el filme nos damos cuenta de que la personaje está llena de complejidades, de que sufre de un insomnio que la ha hecho adicta a las pastillas para dormir, de que, al no lograr el sueño, vive en una profunda tristeza interna, lo que le provoca una irremediable ansiedad, explicable solo a través de un llanto profundo.

El planteamiento de la obra es acorde a lo que se vive hoy en día: las relaciones fugaces sin un verdadero compromiso, duraderas solo mientras exista algo que mantenga el interés mutuo, desprovistas de los ideales de sobrellevar los malos momentos para intentar un proyecto de vida conjunto, una familia en algunos casos. La película replantea la manera de relacionarse: nos hemos dado cuenta de que cada vez funciona menos el matrimonio como institución o forma de vida y de que es necesario buscar nuevos caminos. Después de haber visto a toda una nueva generación de padres jóvenes divorciados, nadie quiere seguir esos mismos pasos.

Mauricio T. Valle plantea esta idea como una especie de fantasía, que se rompe y se vuelve real cuando el contacto directo e íntimo de dos personas es abrumado y demolido por la depresión, ya que no importa qué tan open mind sean los personajes ni cómo puedan plantear sus relaciones: las enfermedades de la mente hacen que el factor humano se haga presente, que nada pueda seguir siendo perfecto por siempre. Dariela los martes ofrece un gran guion, contado de una manera introspectiva y fresca. Esta película, aunque de bajo presupuesto, se logra de manera formidable: de lo mejor que ha dado el cine mexicano en los últimos tiempos.

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