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Derrota del extremismo

En el mundo occidental, cuando escuchamos en las noticias hablar acerca del extremismo, normalmente pensamos en los actos de terror que suceden en otros países. En México no se habla de terrorismo, se habla de crimen organizado, del narco, aun cuando los métodos y la finalidad de los actos que generan se encaminan hacia lo mismo: causar terror. Los países consideran que luchando contra los grupos que ellos denominan extremistas, se puede terminar con la violencia provocada por estos grupos. Según la perspectiva de Occidente, se nos presentan varios de estos grupos:

Los palestinos, a quienes Israel usurpó su territorio, son etiquetados como terroristas por exigir la creación de su país y el respeto a sus tierras. Nunca se nos presenta a las autoridades de Israel como sujetos del terror. Estados Unidos ha realizado invasiones, bajo el pretexto ilegítimo, de la autodefensa: la violación de los territorios de Afganistán y de Irak, han generado el surgimiento de grupos violentos en esos territorios. En Occidente se refieren a los talibanes, a Al Qaeda y ahora al autoproclamado Estado Islámico como los grupos de terror a vencer. Indudablemente cualquier grupo que genera terror, que ataca a la población civil bajo cualquier medio, es un grupo de personas que actúan fuera de la ley, y en consecuencia deben ser sancionadas por ello. La Corte Penal Internacional busca juzgar a los delincuentes que cometan actos atroces que atenten contra el bienestar humano.

Extremismo23x30rgbDebemos recordar que gran parte de la violencia es también consecuencia de las invasiones sufridas, de las carencias sociales, de los desastres naturales o incluso de la ingobernabilidad de un determinado lugar. Sin embargo, es importante entender que el extremismo, sea el que vivimos en México con el narco, o el que se vive en el mundo con los grupos terroristas, solamente es una parte del problema: el Estado Islámico, un grupo radical que ha conquistado parte de los territorios de Siria y de Irak, logra reclutar jóvenes ingenuos tanto en el mundo árabe como en Occidente, con la promesa de una mejor vida: les ofrecen casas, carros, dinero, mujeres, y poder. Aun cuando estas promesas sean falsas y este grupo genere caos y violencia, su éxito en el reclutamiento denota los problemas que se viven en la sociedad.

La Organización Oxfam presentó a principios de 2016 un reporte en donde advierte que 62 individuos controlan la mitad de la riqueza del mundo. Preocupa a esta organización que cada año son menos las personas ultramillonarias que dominan los recursos del planeta. Imaginar que existan seres humanos con una obsesión tan grande por el dinero y el poder, solamente puede considerarse como una conducta extremista. Los más poderosos del mundo ejercen una violencia aún más indignante que los terroristas. Sus fortunas se forjan de la pobreza y la carestía de millones de personas en el mundo. Generan violencia por el hambre y la desesperación que sufre la gente por falta de acceso a la satisfacción de sus necesidades primarias.

Existen además grupos radicales en Occidente, organizaciones neonazis que buscan acabar con la migración y la llegada de refugiados. Hay grupos, como el Ku Klux Klan, que buscan regresar a Estados Unidos a un estatus de segregación. También hay movimientos religiosos con base cristiana y judía que son extremistas. Todos estos grupos son peligrosos para el bienestar comunitario. La humanidad debe sancionar a todo aquel que debilite el tejido social, no solo al que genera violencia, sino al que prive del bienestar a los demás. Terminar con el extremismo en todas sus expresiones debe ser una premisa para acabar con la injusticia que genera tanta violencia.

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