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EL CONSUMO RESPONSABLE COMO FUENTE DE PODER SOCIAL

El término “democracia” tiene su origen etimológico en el griego; demos significa pueblo, mientras que kratos es gobierno. Por tanto, esta forma de organización se refiere al “gobierno del pueblo”. En algún momento en la polis de Atenas, se ejerció una democracia directa, en donde la participación de los ciudadanos guiaba el diario acontecer del gobierno.

Actualmente, en muchos lugares del mundo los pueblos dicen organizarse con gobiernos democráticos. En el mundo contemporáneo encontramos que esta idea se realiza mediante la representación, en donde los ciudadanos sólo ejercen la democracia mediante el voto eventual. Esto, sin duda, limita mucho el poder del individuo en su capacidad de influir en el gobierno.

Sin embargo, sí existe una faceta de la vida moderna en donde la democracia se ejerce de manera directa: el consumo. Cada vez que una persona compra algo, vota por la empresa que produjo ese bien o servicio. Dentro del mercado, los ciudadanos del mundo damos nuestro aval a una empresa y desdeñamos a otras que no satisfacen nuestras necesidades.

Es por ello que resulta de vital importancia generar una cultura de consumo responsable a través de la educación y la transparencia corporativa. Un consumidor entendido, que comprenda el origen y proceso mediante el cual cada empresa fabrica sus productos, estará en posibilidad de elegir un modelo empresarial sobre otro, desde una escala macro. De esta forma se logra que las empresas se tornen responsables, ya que el consumidor tiene el poder de elección de un producto nutricional, ambiental y socialmente responsable sobre aquellos que no lo son.

Es necesario que se desarrolle una cultura en el consumidor que exija a las empresas y los gobiernos transparentar los procesos de todas las industrias. Tal es el caso de los alimentos, fármacos y cosméticos, cuyos procesos de elaboración urgen ser esclarecidos. Es vital saber los procedimientos de manufactura de cada producto y sus contenidos de sustancias químicas y transgénicas, así como contar con etiquetas que proporcionen información detallada sobre cada empresa y sus productos. Mediante estas medidas, se puede forjar una consciencia sobre el consumo local, el consumo sano, sustentable y nutritivo.

Es difícil entender el consumo inteligente como una faceta de la democracia dentro de la economía de mercado y el capitalismo, pero sin duda tiene consecuencias directas en la salud y en la responsabilidad empresarial.

Si quieres más información sobre el tema visita:

www.consumoresponsable.org

Twitter: @agusyanez

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