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El fracaso democrático

La democracia es un sistema de gobierno que se desarrolló en las antiguas polis griegas: alude a la gobernanza por el pueblo. Aun cuando en la antigua Grecia, el concepto de pueblo se restringía a los hombres libres, sentó un precedente en la vida humana, que fue retomado después de la Revolución Francesa. Es fascinante: concebir que sean las mayorías quienes decidan el destino social hace suponer que se realizará y buscará el bien común en esas decisiones. Las polis griegas utilizaban la democracia directa, esto es, votaban por cada decisión que se tomaba.

En el mundo moderno, y en las sociedades actuales, la democracia es indirecta: se gestiona a través de representantes elegidos por el pueblo, quien debe atender a las necesidades específicas de sus electores. Cabe aclarar en este punto que en México distamos mucho de tener una democracia representativa, ya que existen representantes proporcionales (conocidos como plurinominales), quienes no hacen campaña y no representan a nadie en específico: su designación emana de los partidos políticos y en consecuencia es a los partidos a quienes rinden cuentas y no al pueblo.

Parte de la razón por la que las democracias modernas son indirectas está en la imposibilidad de que toda la sociedad se involucre directamente en las decisiones sociales y por ende de gobierno. La democracia directa es factible. Como ejemplo de ello tenemos a Suiza, en donde el sistema se utiliza para todas las decisiones tomadas en su estructura local de gobierno. En algunos otros países se utiliza el mecanismo electoral para validar decisiones de los gobiernos a través de consultas populares, pero su difusión es escasa y poco relevante.

Con el advenimiento de la era digital, es factible que los gobiernos sometan a consideración de los electores todo el actuar estatal. La tecnología rompe completamente el mito de que el gobierno directo del pueblo es inviable. Pero para ello, la sociedad debe tener acceso a la satisfacción de sus necesidades básicas, ya que si esto no sucede, de poco sirve que se tenga el derecho a decidir sobre la sociedad.

c28_theworld_01La realidad en el mundo actual es que la democracia es un mito, un instrumento de las clases gobernantes para legitimar su actuar. En todas las sociedades consideradas modernas existe algún tipo de democracia, pero todas son sumamente disfuncionales. En México, más allá de los representantes de los partidos, el gran problema es la falta de educación y cultura de la sociedad. De poco sirve que la gente tenga el derecho al voto si no tiene satisfechas sus necesidades básicas ni los elementos mínimos para comprender el sentido de una elección o las diferencias entre candidatos. El caso mexicano no es único, la realidad es que se replica por el mundo de manera preocupante.

En España no se ha logrado formar gobierno desde diciembre de 2015, van dos vueltas electorales, esto es, la gente ha elegido representantes para el parlamento en dos ocasiones, y ningún partido logra alcanzar la mayoría necesaria para gobernar, y se vislumbra una tercera elección. A pesar de que el pueblo español tiene un nivel de educación superior al de México, existe una traba electoral que no permite la gobernanza de ese país.

En Venezuela, un país en la ruina económica, con la inflación más alta del mundo y una escasez absoluta de bienes básicos de consumo, se intenta iniciar un proceso revocatorio en contra del presidente Nicolás Maduro, quien ha demostrado absoluta incapacidad para gobernar, y a pesar de su impopularidad, el derecho de la sociedad a decidir su destino se ha visto inhabilitado por los mecanismos legales que han impedido el inicio del proceso la revocación del cargo.

Sin lugar a duda el peor caso de una democracia fallida la tenemos con el caso actual de Estados Unidos de América. El 8 de noviembre el pueblo de ese país deberá elegir a un nuevo presidente, siendo los candidatos principales Hillary Clinton y Donald Trump, los más impopulares de la historia moderna de ese país: el 70% de la población los aborrece. Es increíble observar cómo un país que presume su sistema de gobierno ante el mundo, se ve ante una crisis de legitimidad de esas dimensiones. Trump es antipático, grosero, confrontativo y sin conceptos reales sobre el mundo en que vivimos. Clinton es la primera mujer en ser postulada por un partido importante en Estados Unidos, pero tiene mucha historia que la hace impopular.

La democracia es un concepto sumamente hermoso e idealista, pero requiere de ciudadanos aptos para tomar decisiones y de representantes responsables. El mundo actual no solo dista mucho de cumplir con estas expectativas, sino que además el voto se ha transformado en un mecanismo de castigo y para la transmisión de los rencores y desagrados que existen en la sociedad. La gobernanza debe centrarse en cumplir el bien común, sin ello la democracia jamás funcionará.

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