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Emmanuel Gutiérrez Hermosillo, entre lunas

Es sábado por la mañana, y poco a poco va quedando atrás el bullicio de la ciudad. Llegando al rancho, pasamos por una presa y caminamos unos cuantos pasos más para llegar a su casa. En el jardín pasean sus perros, el aire se respira fresco y una vez adentro todo comienza a tener sentido.

Cuéntanos un poco de ti. ¿Quién eres y a qué te dedicas?
Soy Emmanuel Gutiérrez Hermosillo Collignon, y bueno, me dedico a varias cosas. Estudié agronomía, pero en realidad estudié más con los huicholes y grupos campesinos para aprender un poco más de la agricultura y lo orgánico. Aquí en el rancho se producen hierbas aromáticas, y muchos de los materiales con los cuales se abonan se incorporan a la tierra para mantener la fertilidad de la misma. Es un proyecto que nació hace mucho, desde hace 35 años, cuando llegó mi padre. Tenía el rancho como hobby, empezó a sembrar y poco a poco fue metiéndose más. Luego a mí me gustó la agronomía y le he dado continuidad.

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¿Comercializas tus productos?
Los vendemos a varios restaurantes, en supermercados, con la marca Tierra Nueva.

¿Cómo es que decidiste vivir en el rancho?
Crecí en la ciudad. Aquí llevo viviendo seis meses: se ha vuelto un proyecto de vida. Me tocó hacer las prácticas en la sierra huichol, trabajé en aquel entonces con AJAGI [Asociación Jalisciense de Apoyo a los Grupos Indígenas]: ellos ayudan a los huicholes con sus tierras agrarias. Me invitaron a colaborar como egresado de agronomía en proyectos productivos, para que la gente de la sierra tuviera manera de generar recursos económicos. Allá fue donde conocí a un marakame [chamán]. Me hablaba de muchas cosas, y hasta la fecha me van cayendo veintes.

¿Qué aprendiste del marakame?
Una de las cosas que me marcó mucho fue que un día me platicó que en la Tierra hay dos gobiernos, uno es el gobierno del águila (la economía), pero también está el otro gobierno, el del Sol, de la tierra, del maíz, del agua. Decía que su pueblo decidió cuidar este otro gobierno, por eso a veces la carencia del águila.

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¿Qué viviste en la sierra huichol?

Me impresioné mucho allá porque es un estilo de vida diferente, pero todos de alguna forma son sustentables. En realidad es el único espacio que conozco donde hay gente que puede llegar a vivir sin usar dinero. Hacen sus casas, siembran todo lo que comen y lo recolectan. Empecé a aprender con ellos y con RASA, una red de campesinos, cómo trabajar la tierra orgánicamente, sin agroquímicos. Me di cuenta de que, como los campesinos antiguos, te vuelves campesino pero practicas también otros oficios. Llegaba un punto donde me decían: para que tú siembres la tierra, no tienes que moverla en luna nueva tres días antes y tres días después, porque se enferma. La primera luna, pues muy bien, una semana de vacaciones a la playa, y la segunda también, pero la tercera pensaba en qué otras cosas hacer. Me di cuenta de que el mismo espacio, Tlajomulco, sigue siendo la ladrillera de Guadalajara. Entonces vino un amigo huichol que empezó a ayudarme a trabajar y los días de luna empezamos a hacer adobes. Replicamos lo que se hace en la sierra, la siembra, los adobes, y me han ido llegando muchos maestros así.

¿Qué hicieron con los adobes que produjeron?
Llegó otro amigo, un gran maestro también. Él construía con tierra y me dijo que lo invitara a verlos. Entonces los agarró, les hizo la prueba, les brincó encima y nos dijo que habían quedado buenos. Sugirió armar un cuarto donde almacenamos maíz, al principio entre lunas y luego más de lleno. Mal que bien, ya había varios cuatros hechos, porque siempre he tenido el compromiso de cuidar la semilla del maíz. Hubo un día en el que me di cuenta que ya podía hacer mi casa, comer, y eso me hizo mucho más libre. No necesitaba ir y ganar dinero para poder cubrir mis necesidades básicas.

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¿Cómo mantienes ambos gobiernos?
Para nosotros el reto aquí es poder complementar las dos cosas. El águila, la economía está bien, pero mientras no tengas qué comer, dónde dormir, las cosas básicas, lo demás se vuelve un sueño. Y qué bueno, para eso nacimos, para soñar. Es encontrar ese equilibrio. Si no, vamos haciendo lo que nos dice la sociedad, rentando y luego queremos comprar, tomando créditos a treinta años. Si un día dejas de generar dinero, empiezas a hacer cosas que no quieres, o que tu espíritu no desea. Pero no puedes dejar de hacerlas. Pienso que mientras no hayas experimentado cómo puedes sobrevivir, debes seguir en ese ciclo. Es válido también, pero me he dado cuenta de que el poder tener la base, tu comida, la salud, el trabajo físico, te da un bienestar y también la oportunidad de soñar. Cada actividad que realizas está en el otro gobierno, conforme vas haciendo ciertas cosas, te dan un mejor estilo de vida, y te cuesta más barato vivir, y vivir bien.

¿Algún día regresaremos a nuestras raíces?
Cada vez hay más conciencia en la gente. Cuando estás en lo orgánico, cierras los ciclos, ya no contaminas. Aquí en el rancho, muchos de los árboles, especies que antes no había, empiezan a regresar. Llegan los patos y anidan. Ya hay un águila, liebres, tortugas. Ya no tenemos que reforestar, dejamos partes como reservas, nos sobra madera.

¿Cuál es tu filosofía de vida?
En la cuestión del espíritu, mi maestro dice: ve a Dios en ti y ve a Dios en los demás. Creo que muchos de los grandes maestros dicen lo mismo. Más allá de lo que puedas pensar, de lo que puedas sentir, hay algo más. Existe en todas las personas. Primero lo conectas contigo mismo y después con los demás. En algunos lugares lo llaman el gran espíritu, en otros el self, cada uno en su propia forma. Se impregna en todo. Cuando empiezas a tratar de mantener la vida, a cuidarla, se manifiesta en todo lo que te rodea.

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