ANTONIO LAVEGA VS PEPE HUERTA

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¿QUÉ SIGNIFICA CATAR?
Por Antonio Laveaga

La palabra, para mí, de por sí suena intimidante, desafiante, retadora. Pero ¿qué quiere decir?. Según el diccionario de la Real Academia es: Probar o degustar un alimento o una bebida para determinar su sabor. Así de fácil, probar y dar uno su propia opinión pero: ¿cuál es el temor? Es el no confiar en nuestros propios sentidos con los que hemos convivido toda la vida. Mejor cambiemos la palabra: digamos degustar, ahora se lee y hasta suena agradable, amigable y hasta divertida y complaciente. El diccionario nos dice que el significado de este término es: saborear, deleitarse sensorialmente. Connotación positiva: gran cambio ¿no?.

Pues eso fue lo que se nos pidió hacer, catar pero en su lugar lo que se hizo fue degustar y así disfrutar, que para mí es una de las máximas de este quehacer: gozar, divertirme y regocijarme con este oficio y créanme, no me resulta complicado.

EL DESPERTAR DEL VINO
Por Pepe Huerta

¿Ahora qué vino será el que despertemos de ese sueño en el que entró al ser puesto en una botella; lejos, en la bodega en donde fue creado y ahora aquí presente en la mesa?

Llega de la mano de la expectativa, esa que siempre se hace presente con comentarios, a veces a favor, a veces con la duda, a veces chuscos, y a veces con un silencio respetuoso; algunos vinos se niegan a ser levantados y aprietan el corcho como si nunca quisieran volver en sí, otros, de sueño ligero, son levantados con facilidad.

Una vez que inicia esa transición de letargo a respiro, nos comienza a contar su sueño con aromas, a veces fáciles de entender, a veces inexplicables, a veces complejos y algunas veces, no son sueños sino pesadillas.

Al servirlo se escucha que llena de color la copa, después de todo el alboroto por fin descansa, para respirar, se mantiene ahí quieto, hay veces que necesita tiempo, y hay veces que pareciera estar más vivo que nunca.

Inhalas, y empiezas a vislumbrar los primeros esbozos, a veces claros, y a veces ocultos, pero siempre presentes. Si pones atención, hay veces que con un murmullo el vino te dijo algo y es suficiente para sacarte una sonrisa desde dentro.

De pronto alguien en la mesa exclama, las copas levantan el vuelo para decir ¡salud! e inmediatamente lo llevamos a la boca y comenzamos a descifrar los sueños del vino. Se hace una pausa, la mirada empieza a recoger los primeros atisbos de lo que finalmente será el aplauso, la duda o la decepción. Un vino más ha sido despertado.

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Antonio Laveaga
La cita fue en el restaurante Con(tenedor), que en otra ocasión hablaremos de este discreto lugar, con una excelente cocina, situado en el corazón de la Colonia Providencia.

Pepe, socio y enoentusiasta me esperaba con un vino mexicano Artigiano Nebbiolo, gran vino que hacen en San Antonio de Las Minas, cerca de Ensenada, Baja California, región de donde proviene el mejor vino del país. Este caldo fechado en 2010 está hecho por Alejandro Cabello Passini, en el cual se utilizó una, uva típica del norte de Italia la Nebbiolo, que se avecinó muy bien en nuestro país y como resultado, da grandes vinos. La descripción técnica es la siguiente: color rojo intenso, con un halo violáceo debido a la juventud del vino, nariz compleja pero elegante, se logran percibir los frutos rojos como la manzana y la ciruela, y el caramelo. El paladar confirma los frutos rojos y un dejo a madera muy bien integrada. Taninos presentes, pero no llegan a molestar. El maridaje sería un buen ossobuco o bien, un buen corte. Un vino muy balanceado y recomendable en cuanto a la relación precio-calidad.

Para esta degustación, cometí un error típico que sucede cuando vas con amigos, llevé un segundo vino que fue el Argiano Non Confunditur 2009, (aún cuando se parecen los nombres, son totalmente independientes) que, aunque no era una cata comparativa, ya antes de descorcharlo, este llevaba cierta ventaja sobre el otro, es un vino con pedigrí, pues el vino fue, en el 2011, el no. 46 dentro del top 100 que cada año hace la revista Wine Spectator.

Insisto, aún cuando no era concurso, es inevitable comparar uno con otro. Un 3er. amigo, Iñaki, en el paladeo de alimentos preguntaba sobre las diferencias de las aguas de vides, a lo que yo quise hacer una analogía futbolera: ambos vinos son buenos, correctos, adecuados y cumplidos al paladar. Pero juegan en torneos diferentes, el mexicano lo podemos comparar con Omar Bravo o Miguel Sabah (ambos futbolistas nacionales) y el otro con un Kun Agüero, Iniesta, y hasta Messi o Christiano Ronaldo.

Argiano es de la región de La Toscana, y es un vino “Super toscano”, esto quiere decir que es de la región, pero hecho de uvas diferentes a las permitidas por las normas de la denominación de origen de Italia. Fue hecho con base de uvas de origen francés: Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y la italiana, Sangiovese. Es un vino de color rojo rubí, gran cuerpo, a la nariz refleja lo especiado de la Cabernet, y se notan también los frutos rojos. Al paladar percibimos un toque dulce que proviene de la Merlot, madera bien integrada, frutos rojos y la mineralidad se alcanza a detectar. Vino con un final largo que bien se puede beber ahora o guardarlo por otros 3 o 4 años. Cómase con quesos maduros o semimaduros y carne asada. No olvide siempre al degustar vino disfrutar el placer de hacerlo.

Pepe Huerta
Cuando me vi con Toño para invitarlo a escribir me dijo «¡Vamos empezando con un mexicano!». -«¡Sale!, ¿Cuál?», y él sin dudar volteó al mueble donde había unas botellas y me dijo: -«¡Ese, el Artigiano, está muy bueno, pero que sea el Nebbiolo«. Hay veces que esta es la mejor forma de elegir un vino cuando se trata de catar, la improvisación. En esto del vino hay que aventarse y probar. El día de la cata estaba yo con mi amigo Iñaki, veo entrar a Toño y me muestra una botella y dice: «Este también está bueno, es un Super Toscano»
A lo cual yo pensé: «Ese no va a estar bueno, va a estar buenísimo».
En ese momento decidimos que no probaríamos los dos, sino los tres. Debo de confesar que con ansiedad esperé este momento. El primero en subirse al ring fue el Artigiano 2009, un vino de Fratelli Pasini, Nebbiolo, como ya lo había mencionado, una de mis uvas predilectas en estos días, pues se adapta muy bien al suelo mexicano.

Visualmente es cristalino y de color rojo violeta con un cuerpo aparente medio. Es un vino expresivo fuerte en aromas y complejo a la vez, en el cual se distinguen aromas a frutos rojos frescos y fresas, muy agradable en nariz.

La madera, aunque presenté, no es una característica predominante en él. Ya después de un tiempo denota un ligero casi imperceptible aroma a tabaco.

En boca confirma los frutos rojos, las fresas y frambuesas, muy expresivo y una acidez muy poco elevada, que no molesta, el tanino envuelve la boca, es fino, me gustó. Lo único que le faltó en boca es un poco más de permanencia.
Carece de esa nota salada tan típica en algunos vinos mexicanos, la cual a mi no me gusta y considero un defecto, más que un estilo.
No hay presencia de fruta sobremadurada, también, algo común en algunos vinos de esta región. Es un vino con personalidad, muy fácil de beber. Fue un acierto probarlo.

Luego nos enfrentamos al Super Toscano. “Qué injusto eres Toño”, le comenté, luego les cuento por qué. Se llama Argiano 2010, hasta se parece el nombre a su antecesor.
 Este es un Cabernet Sauvignon, Sangiovese y Merlot, Toscano IGT.
 A la vista es un vino limpio con un color profundo rojo rubí, con cuerpo.

Un vino muy expresivo en nariz, con aromas a moras, como zarzamora y frambuesa. Deja sentir elegantemente la pimienta del Cabernet Sauvignon. La barrica está muy presente y lo enriquece. Ya después aparece ligera nota a tierra mojada.
En boca, es todavía más expresivo, las frutas se hacen presentes con una acidez perfecta y un tanino muy agradable, suave y elegante. El ataque es medio y se siente con estructura, cuerpo y con permanencia en boca. ¿Qué les digo? Tal y como lo esperaba, delicioso. Dicen que la expectativa a veces mata, pero en este caso, sobrepasó. Es un vino muy bien hecho, la verdad me sorprendió sobremanera.

Se me hizo injusto subirlo al ring, porque es un vino totalmente diferente al mexicano. Creo que los tres estuvimos de acuerdo en esto. En la diferencia de ambos vinos radica su bondad. Aunque siempre hay una prueba irrefutable: el vino que se queda en la botella al final de una cena, pues digamos, que en este caso, no fue el mejor.

Lo que es innegable es que nada como que el vino sea el añadido a la compañía con los amigos. Esa sí que es una fórmula infalible.

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