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Futbol y honor por Demián Bichir

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Chivas, el equipo de mis amores y mis sobresaltos, permanecerá por lo menos un año más en primera división. ¡¡¿Qué?!! ¡¿En serio acabo de escribir esto?! Qué extraño se siente haber llegado a este punto. Qué raro tener que hablar de la posibilidad de descender, de uno de los equipos más importantes de México y sin duda el más querido. ¿Qué pasó? ¿Qué hubo mal? ¿En qué momento se desbordó el río que nos puso a la deriva? Seguro que, tanto directiva como jugadores y cuerpo técnico, han hecho ya su propio análisis asumiendo la parte que les toca. ¿Cuál es la parte que le toca a la afición? Gritarle “buuh” al rival, no a sus propios jugadores, como lo hizo con Giovanni en el último partido de la liguilla, un chico todo corazón que lo único que deseaba era dar su mejor partido. La afición se equivocó y tendrá que recapacitar.

Nada mejor que una severa crisis para mirar hacia arriba porque ya no hay más abajo. Tocar fondo es lo mejor que le puede pasar al ser humano para analizar las cosas a conciencia y sin sentimentalismos. Eso seguimos esperando que ocurra en nuestro país, en donde tocamos fondo desde hace ya veinte años, sin que se vea una salida clara. Si el Guadalajara anda mal, es malo para todo nuestro futbol porque Chivas sigue representando ese fiel de la balanza, en donde reina la adoración por jugadores foráneos que desafortunadamente no siempre llegan a México a marcar una diferencia importante ni a elevar el nivel del futbol nacional. Guadalajara es la otra Selección Nacional que juega solo con jugadores mexicanos, y en muchas ocasiones es la única Selección Nacional, porque no acepta jugadores naturalizados como lo hace la Selección Mayor.

No hay duda de que este torneo ha sido una prueba durísima para los verdaderos aficionados del Rebaño. Pero ha provocado también un examen profundo hacia las mismas entrañas de su directiva y presidencia. El mismo Jorge Vergara lanzó un mea culpa hace varios meses, en una conferencia de prensa en donde leyó un comunicado, reconociendo que la arrogancia no había sido su mejor consejera. En el futbol, como en la vida, uno es tan digno como sea capaz de dignificar a los demás. En el caso del futbol, uno solo es un gran vencedor cuando honra al rival vencido. Por eso los jugadores del Bilbao se le fueron encima a Neymar en la final de la Copa del Rey, porque toda la grandeza de este enorme jugador se vino abajo en un gesto infame que, lejos de resolver una situación crucial para el Barça, sirvió solo para burlarse de un equipo evidentemente reducido en su capacidad de respuesta ante la aplastante maquinaria de uno de los grandes equipos del mundo.

No hay un dios que premie la arrogancia, los dioses se enfurecen cuando lo tienes todo para triunfar dignamente y muestras ese lado pequeño de tu espíritu. Chivas llegó a ser más arrogante y pedante que el mismo América. Los famosos desplegados de Chivas, lejos de ser “divertidas ocurrencias pícaras”, eran insultantes y le arrebataban la dignidad al rival vencido. La única realidad es que los únicos que quedábamos mal, éramos nosotros. Orillarnos tan cerca al precipicio ha servido para que el Guadalajara recuperara el honor, la furia, el corazón y la garra para subsistir. Pero lo más importante es que este evento nos ha regresado a la base que ha caracterizado a Chivas toda su vida: la humildad para afrontar los retos, respetando y honrando a todos los rivales. Larga vida a este nuevo Guadalajara. Y respecto a México, seguimos esperando a los hombres íntegros que nos conduzcan con honorabilidad y honradez a un futuro mejor.

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