Gael García Bernal

Por Darío Yazbek Bernal

No fue tarea fácil entrevistar a mi hermano. Siempre es complicado, porque hay demasiadas cosas que ya sé, y una cantidad interminable de preguntas. Pero pocas personas hay a quienes adore más en esta vida. Siempre me ha gustado escucharlo, y es por esto que acepté la invitación: para poder compartir esta plática con todos. Así que se puede decir que una parte de la entrevista es mía también, y espero no se vuelva demasiado local. 

A mi hermano lo conocí cuando nací, pues me lleva doce años exactos. Además de todo, nacimos el mismo día, con el mismo signo chino, y el mismo ascendente. Nunca he entendido bien el zodiaco pero me impresiona más el tino que tuvo mi mamá que otra cosa. Junto con mi hermana, crecimos los tres, dentro del revoltijo que es tener una mamá actriz y las claras diferencias de edades. Sin embargo, siempre tuvimos discusiones profundas, al principio propiciadas por él, que me recogía en la escuela e inspirado por sus clases de filosofía me planteaba problemas metafísicos mientras estábamos atrapados en el tráfico. Yo tomaba de mi agua de limón que se calentaba con el sol, mientras intentaba hacer sentido lógico a algo que me desesperaba, al no encontrar respuestas. Él se reía y profundizaba mientras yo le cambiaba el tema para platicar de futbol o para contarle chistes que improvisaba en ese momento. Creo que mis chistes eran pésimos, ya que siempre regresábamos a la filosofía. 

Pasó el tiempo y yo seguía intentando entrar en esas discusiones, hasta que lo logré (o al menos eso creo), y ya le puedo recomendar cantidad de libros y autores. Esta entrevista es una de esas conversaciones, donde el hilo conductor es el amor incondicional entre hermanos y el entusiasmo de entender las cosas, sin saber siquiera si se logró el cometido. 

Empieza con un proyecto que vi crecer en sus manos: Chicuarotes. Fue un proceso realmente orgánico, y no me refiero a que tuvo libre pastoreo, sino que le exigió a mi hermano su total devoción y cariño. Hacer una película es un proceso doloroso, que consume a los que se involucran con ella. Hay que aplaudir el hecho de que se concrete. Pero hacerla bien, escuchar el proyecto, y plasmar las ideas en algo visual y entretenido, es un hito de héroes. No lo digo porque sea mi hermano ni mucho menos, pero el producto final de la película es impresionante, por la generosidad de la historia, y por lo desgarradores que pueden ser unos minutos de histeria. Al hablar de ella podemos hablar de la condición humana, o de la situación del país, y hasta de las relaciones amorosas adolescentes. Al hablar de Chicuarotes hablamos de la vida, y espero así se transmitan las preguntas: aludiendo a nuestras conversaciones mientras nos entreteníamos en el tráfico en un carro sin radio, ya que siendo el DF en los noventa, algunos Cagaleras siempre te robaban el radio. 

Dentro del alma del proyecto y la parte que obviamente es manufactura, ¿dónde consideras que existe lo tuyo? ¿Dónde empieza Gael y dónde empieza Chicuarotes?

De alguna manera existe, es lugar común que delata que una película te desnuda completamente. O sea que hay tanto tiempo y tanto amor para acompañarlo, sostenerlo, llevarlo a cabo, convocar a todo mundo, creer en el proyecto, que pase algo que ojalá trascienda, creer que ahí va a haber un lugar en donde experimentar y que toda la experiencia va a ser fantástica… Como que toda la ilusión y la convicción del proyecto viene de un profundo amor que te delata, habla de quien eres. Veo la película y puedo apreciar un sentido del humor que es muy parecido al mío. Obviamente todas las decisiones las tomamos los colaboradores y yo, pero veo que es algo construido de parte mía, me veo muy ahí. Y, en una forma psicoanalítica y más aventurada, diría que también la película va un poco de la mano de un sentimiento, que ahora ya es otra cosa, pero alguna vez experimenté, que es la desesperanza. Ahora la vivo de otra forma, pero la desesperanza juvenil es algo que me pasó y de alguna manera siento que está retratada en Chicuarotes, con todo y que los personajes son increíblemente lejanos a mí. Con todo y que el Cagaleras creció en un entorno completamente desprovisto de amor y yo no. Yo crecí en un entorno muy amoroso y cálido. Yo veía otras posibilidades, siempre me causó misterio, incluso mucha impresión y pánico, el hecho de que hay gente que no puede ver más allá, por haber crecido en un lugar completamente violento.

Y la falta de horizonte, ¿no? De un futuro, de algo.

Sí, exacto, y no tiene nada que ver con el lugar. No es cuestión de un lugar, es cuestión natural del haber familiar, del cariño, del crecer con confianza. Alguien que me conozca bien puede ver ese puntito extra que yo no veo al estar tan dentro de mí. Puede encontrarle a la película algunas similitudes conmigo, en forma muy directa y muy relacionada con los proyectos en los que he participado como actor o los proyectos que he dirigido, está todo ahí revuelto.

Hablas mucho de la esperanza, porque conociéndote, obviamente, yo sé que tú ves mucho la esperanza y la parte buena y cómo se puede mejorar. ¿Dónde crees que está eso en la película? ¿Dónde crees que se plasma la luz, el cambio o alguna especie de futuro que tenga un buen augurio?

La esperanza es difícil de articular en palabras, lo que uno vive como esperanza. Uno puede sublimarla en lo cotidiano, pero siento que no se puede tocar, porque al intentar disectarla me doy contra pared, me empiezo a contradecir y empiezo a ver los grises y cómo en realidad esa esperanza que veo es una construcción del día a día para seguir adelante. No necesariamente es en blanco y negro la cosa. No podría asegurar que todo está bien, la desesperanza la vivo ahora de una forma, habiendo cumplido 40, jaja. Sigue siendo muy esperanzador lo cotidiano. En la película lo que me interesaba, y creo que por ahí va la función fantástica del cine o de la expresión artística, sea la que sea, es que puedes explorar la esperanza que existe empíricamente, aunque no la comprendas del todo. En la película siento que Sugheili es ese misterio y esa luz que guarda una esperanza. Ella la habita, es un misterio y es lo interesante de la película. Te hace cuestionarte qué pasa con esa fortaleza y ese seguir adelante. El arco dramático evolutivo de la Tonchi, enfocándonos en las mujeres, que de alguna manera son las que cargan ese peso de la esperanza en la película, ese lo entendemos más. Ella entiende algo y toma acción al respecto. La hermana también está buscando cómo sobrevivir de la misma forma que el Cagalera, pero le toca cargar con el muerto, literalmente. Sugheili en cambio guarda un misterio y sobrevive con ese misterio. Otra luz que hay ahí es el Moloteco, en cuestión de cómo aborda la fraternidad, él avanza desde ahí. Son espacios, indicios de que otra forma es posible. Y el hecho de que exista otra forma ya es una posibilidad que hace que exista esperanza de alguna manera. Hay varios indicios en la película que van por ahí. El accidente que había que provocar era evidenciar ese misterio, y simplemente señalarlo ya es suficiente.

¿Cuál es tu relación con la película terminada después de un proceso tan largo?, ¿cómo te sientes con ella?

Es extraño. El entendido sería que ya, a lo que sigue. Acabo la película y ya quedó caduco ese instante que fuimos. Lo que ha pasado es transversalmente opuesto, me ha interesado muchísimo más la película, los temas que aborda, el trabajo de todos, lo admiro muchísimo. Y le descubro capas a la película. Por ejemplo, la lectura del western es una que no había cachado y ahora veo. Hay un encuentro mitológico entre el padre y el Cagalera. De alguna manera he descubierto cómo la película pertenece mucho a la tesitura existencialista del cine de los 70, donde el héroe te traiciona, y eso es una majadería. Reflexiono mucho en torno al estado del cine y de la narrativa actual, la industria en la época de la posverdad. El número impresionante de opiniones y de información que podemos adquirir y con la que podemos interactuar todos los días, nos ha hecho simplificar nuestra narrativa. Temas específicos como la violencia en México. Hablamos tanto de ello y buscamos tanto y se aparece todos los días. Interactuamos tanto con ella que de alguna manera ya nuestra visión ante eso es un poco simplista, ya sabemos que tiene que parar. Eso nos ha hecho acotar un poco los ejes desde donde podemos hablar de ello. Porque cuando empezamos a ahondar en los grises, ¡hijo!, es una labor cansada y desesperanzadora. Si te asomas un poco al agujero, te das cuenta de que estamos muy adentro.

¿Qué rol crees que toma Chicuarotes en esa discusión de buscarle un sentido a lo que son muchas verdades que en realidad no son verdades?

Ahí es donde creo que la película, por describirlo de una manera un tanto perezosa, cumple con una función muy cinematográfica que te hace ver tres segundos, cinco segundos. Te hace echar un vistazo a algo que ya sabes, para que realmente digas a ver ¡espérate! Es algo que viene sucediendo, con lo que me relaciono, pero por qué carajos me tengo que enfrentar de esta forma a ello. Chicuarotes hace que evolucione esa perspectiva. Por un lado, podemos semánticamente manejar mucho razonamiento en torno a la violencia, la inseguridad, pero siento que la narrativa de salida o la solución se emplea de una forma tangencial, casi poética. Hay un libro nuevo de Srećko Horvat, un escritor croata, Poesía del futuro, que retoma lo que siempre se ha dicho: cómo la poesía de alguna manera te ayuda a llegar antes, la poesía anticipa. La poesía como objetivo artístico de cualquier área. Siento que la película abona a ese terreno fértil donde pueden crecer nuevas poesías, en torno a esos temas. Cumple con ese cometido, ese accidente que queremos generar. Me siento muy orgulloso de la película a la distancia. Me siento muy feliz y extrañamente esto te lo confieso a ti. Digo, cualquiera lo puede leer, pero no me he sentido nervioso en ningún momento con la película, al contrario, me he sentido feliz.

Te dejaste llevar por el tobogán, un poco como el espíritu de la película, ¿no?

¡Exacto! Y otra cosa que veo de la película es que hay también una natural inocencia que surge cuando hay jóvenes en cámara. Es una historia juvenil, tiene una inocencia muy bonita. Entrañable, no solo me remite al cine de los 70 en el sentido del antihéroe, sino que también me remite al cine de la pérdida de la inocencia, en un mundo actual, donde das un paso en falso hacia una narrativa plausible, como secuestrar a alguien. Es una posibilidad, ¿no?, para el Cagalera, y te enfrentas a lo peor de lo peor, lo peor de ti mismo, de la humanidad, de todo. Siento que la película genera lo que Bertolt Brecht proponía antes de mostrar sus obras de teatro: venimos con un problema para que ustedes se hagan cargo. 

La película en ese sentido presenta el problema y lo desmenuza de buena forma. Sí hay similitudes con el western, que encuentras en el espacio, que en este caso es San Gregorio, una periferia que circunda las sociedades desarrolladas, por así decirlo… creo que en el western pasa lo mismo: son estos espacios que no se ubican en un lugar muy definido. El desierto tiene este rollo espiritual y San Gregorio también lo tiene, de forma que se puede exponer este tipo de problemas, salirte del centro para verlo desde afuera. Esto me lleva un poco a la siguiente pregunta. 

Hablando de nuestro amigo Alain Badiou, él en una entrevista habla del tema del medio ambiente, de cómo se tiene que desarrollar una revolución tradicionalista. La búsqueda de un cambio que preserve. En este caso Chicuarotes habla de cómo se preservan las cosas para la supervivencia. Sin embargo, tiene que haber un cambio en cómo vemos eso. Obviamente tiene que ver con el aspecto familiar del Cagalera y también del medio ambiente y del espacio que es San Gregorio. ¿Cómo consideras tú que se podría dar una lectura de esto, o ser parte de un cambio de este tipo?

¡Ay, cabrón! Es la gran controversia de este momento en torno a encarar la emergencia climática. Está la división muy clara entre los que piensan que somos demasiados y ya es insostenible y cómo corresponde eso a todas las áreas, la conservación, si hacerse más pequeños es la solución. O la del otro lado, que es una versión más optimista y proactiva, que es la de, bueno, la ciencia nos va a salvar ¿no? Le vamos a encontrar la vuelta con nuevas tecnologías. San Gregorio es un paraje extraño que sufre las calamidades de humanos decidiendo establecerse en un lugar que está ganado al agua y que de alguna manera está directamente en el caudal de las aguas de la Ciudad de México. Esa ha sido su eterna controversia. A mí me parece que en la película ellos se están queriendo salir de un lugar que podría ser el paraíso, que podría ser uno de los lugares más bonitos de la tierra. El clima es perfecto, crecen las plantas muy bien. Hay mucha fauna, el agua puede correr. Las condiciones están dadas para una sustentabilidad, con un número determinado de personas, obviamente. El uso de las chinampas ha sido ancestral, rinde frutos literalmente y compagina muy bien con el medio ambiente, con las nuevas tecnologías que seguramente han aportado muchísimas ventajas para el desarrollo de la vida ahí. Siento que es una especie de cuña que la película otorga ante este tema, pero justo ahí es donde también despega ese encuentro de soluciones a la vez que evidencia una emergencia que, en términos conservadores, puede ser alguien que quiere conservar un lugar y también alguien que quiere conservar una narrativa jodida y despótica.

Es una revolución tradicionalista: conservemos las cosas que se tienen que conservar para sobrevivir, pero el problema es justo eso. ¿Cómo hacer un cambio positivo hacia eso? Un cambio hacia el conservadurismo ambiental. ¿Cómo encontramos las cosas que sí pueden ser verdad y además signifiquen un cambio constructivo de conservación?

Los medioambientalistas importantes han señalado mucho eso, cómo los negacionistas, por ejemplo, son conservadores. Es muy raro porque está atorado el lenguaje, ya no da para más.

El problema es que los conceptos de conservador y liberal ya no dan para la situación. En el mundo del Cagalera y el Moloteco todo se está cayendo, está en ruinas y se viene el terremoto, y todo mal. Sí hay un sentimiento en la película de que todo se está yendo a la chingada, de que hay una decadencia que terminará con una aniquilación total de la especie. Hay un tren de pensamiento de eso, de que no hay remedio. ¿En dónde ves tú como persona que esa aniquilación se puede revertir? ¿En dónde están los polos que podemos revertir? ¿En dónde podemos encontrar una narrativa distinta para cambiar ese sentimiento de que todo se está cayendo?

Esa es la desesperanza. Es muy difícil, muy complicado, porque hablar de forma abstracta es una cosa, pero siento que el Cagalera es el arquetipo de personaje que está caminando al borde del abismo de los monstruos y parece que la película es el momento en donde lo jalan y se lo llevan consigo. Hay un punto en donde él pudo haber tomado otras decisiones, pero no. Ahí es donde siento que es muy doloroso ver a alguien que parece ser insalvable, ¿no? Él, al tomar esta decisión terrible, casi al final de la película, al hacer eso con su novia y dejar que la lastimen para salvarse, ahí ya no hay vuelta atrás. Tendrá que luchar contra esos demonios que él mismo creó. Y es muy difícil, desde afuera, sacar a alguien de ahí.

¿Tendrá redención de alguna forma?

Quiero creer que sí y casi casi me niego a decir que no. Hay que lucharle y hacer el intento, pero está muy difícil, muy muy complicado. Lo que podemos hacer es crear toda esa red de contención y explorar la libertad para inspirar a otras personas a tomar esa libertad y responsabilidad que conlleva. ¡Vivir está cabrón!

¿Hablas de tomar la libertad nosotros para abrir el panorama de libertad a otros?

¡Exactamente! Sí, lo retomo de este lado más poético. Carlos Fuentes lo mencionaba una vez que estábamos hablando mucho de noticias, de lo que estaba sucediendo en el país y en el mundo entero. Hablábamos y empezamos a meternos en un callejón sin salida, y de repente dijimos: ¡ay, cabrón!, todo se va a ir a la chingada, el panorama se ve durísimo. ¡Qué difícil que no se puede llegar a solucionar todo! ¡Qué difícil que, por más red de apoyo, instituciones, si un niño crece en un entorno completamente violento, sea en México o en las sociedades más avanzadas, es un desastre! Mucha gente sobrevive a eso y obviamente entre mejores condiciones tengas, hay más posibilidades de sobrevivir a ese desamor, pero hay gente que no. Por eso Carlos Fuentes decía que hay que escribir más libros, hay que hacer más películas y más expresiones artísticas, las que sean, para instigar a que otras personas agarren esa libertad y puedan cambiar su entorno, su vida, y puedan ejercer esa libertad. Esa es una invitación desde la más pura libertad, casi anarquista. La poesía te la oportunidad de vivir varias vidas dentro de una vida. Obviamente la sociedad le teme a eso, pero pues es en donde está la salida.

¿Qué consideras tú como un momento cinematográfico? ¿Qué hace un momento de cine?

En el cine yo lo vivo como si de repente sucediera todo detrás de mí y en el momento en que me doy cuenta, de forma incauta e inocente, y digo wow, volteo, y me doy cuenta de que ya estaba construido. Como si la noción inconsciente de un momento de cine me llegara a destiempo. Sucede antes, y mucho después me doy cuenta.

¿Cuál era tu miedo más grande como director siendo actor?

Había un miedo puntual. A diferencia de muchas películas, esta era una película que necesitaba un gran actor para hacer el Cagalera. Es el eje de la película, alguien que fuese un personaje fascinante. Era un miedo que se terminó en el momento en que conocí a Benny. Dije: ya, aquí hay un gran mediocampista y es de los mejores mediocampistas con los que me ha tocado jugar, jaja. 

¿Cómo crees que la dirección te haya cambiado en tu parte de actor?

En una forma traicionera a veces. Por un lado, la primera vez que descubrí la dirección me di cuenta de muchísimas cosas como actor. Me di cuenta de que en realidad como actor no controlas nada. Y que todo es una especie de Frankenstein medio extraño, pero por otro lado me relajé más gracias a la dirección. En la actuación me enfoco solamente en la actuación. Cuando estoy actuando me enfoco en el personaje, me enfoco en disfrutar esto. Dirigir me ha hecho disfrutar muchísimo más actuar, pero ha hecho más complicado el hecho de que de repente, si hay una situación o dificultad en el set y los directores no están pudiendo dirigir, me frustro mucho porque dirigir es una cosa muy cercana a manejar un equipo, un caballo, son detalles que no se pueden escapar. Es mucho de instinto, tienes que dejar volar, es un tema muy complicado, por eso no todo mundo puede hacerlo o no todo mundo lo hace bien. Es cabrón dirigir y me ha ayudado mucho como actor.

¿Te pudo haber quitado un poco de esa ingenuidad virtuosa, pero también te dio un poco de calma para enfocarte?

Sí, había algo en la ingenuidad virtuosa: me sentía que yo controlaba todo, pero me di cuenta de que no.

Hay una idea que me gusta bastante, y es que todo mundo tiene el potencial de ser artista. ¿Tú crees eso o se nace con eso? 

Pues esto del arte puede venir de cualquier lado, me encanta eso. No cualquiera sino más bien de cualquier lado. Hay gente que manifiesta su vida a través de la estética y se vale de la estética como forma de interactuar con el mundo. Desde cómo hablas hasta cómo caminas. Hay gente que tiene más conexión con ese talante, con ese lado que puede venir de cualquier lugar. No sé a qué obedece, no tengo idea. Hay gente que nunca tuvo ningún acercamiento artístico y de alguna forma su arte se manifiesta de otra forma, muy constante y muy fuerte, muy potente y hace a la persona. Definitivamente creo que hay que crear las condiciones para que esto se dé, pero no te podría decir de dónde viene. Siento que no he leído, sentido ni escuchado nada que me haga tener la afirmación así tan clara. Quizá voy a sonar muy hippie, pero tal vez viene desde el amor.

¿O de la libertad?

Exactamente. ¿Qué no son lo mismo? 

Bueno, una última pregunta: ¿Qué futuro le deparas a la Selección Mexicana con el nuevo entrenador?

La verdad, un gran gran futuro, porque hay jóvenes que están jugando impresionante. Siento que tenemos un gran camino por delante. 

¿Ahí está la esperanza?

Sí, es que además está hecha de pura esperanza, jaja, vienen cosas interesantes. Va a estar bueno y nos puede dar buenas sorpresas. 

Fotografía / Ricardo Ramos

Realización y estilismo / Fernanda Aragonés

Asistencia de estilismo / Álvaro Valadez

Maquillaje / Zulema Ramirez

Locación / Hotel Demetria


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