GAEL GARCÍA BERNAL

Gael es uno de los actores más famosos y talentosos de México. Su carrera lo ha convertido en un ciudadano del mundo, pero él sabe que en Guadalajara siempre tendrá a quién querer y siempre será querido, aunque se encuentre a miles de kilómetros de distancia.

La paternidad lo ha vuelto más idealista, más atento a los silencios, a las ganas de vivir y de construir. Lo ha hecho darse cuenta del compromiso que tiene con el planeta de mejorar el entorno para sus hijos y los hijos de sus hijos, y para dejar así un legado muy generoso.

Para Cream es un verdadero placer haber entrevistado en exclusiva a Gael, con ello celebramos nuestro primer aniversario.

En la última edición de Ambulante se proyectaron más de 80 piezas de 24 países, incluyendo documentales aplaudidos internacionalmente. También estrenaron la sección de Ambulante 3D. En siete años han llegado muy lejos con este festival ¿Qué sientes?
Ambulante está de poca madre, yo estoy bien orgulloso. Son ya siete años… es muy simbólico, porque es una cosa transexenal, y en este país era muy difícil tener proyectos que continuaran y traspasaran un ciclo presidencial. Suena muy ambicioso, pero creo que el festival es uno de los epítomes de los movimientos civiles que hay, junto con otros. Es una especie de manifestación muy clara del empoderamiento que tiene la sociedad civil.

Ambulante ahora es esperado en los lugares a donde va; tiene un público cautivo. Ya no son las películas tocando la puerta queriendo ser escuchadas, lo que era la razón inicial. Nuestra intención fue que las películas tuvieran ese ciclo de vida natural que debe tener todo documental; que aparte de ser hechas y ser exhibidas, tuvieran ese contacto directo con la gente en el lugar donde se hicieron. Para los documentalistas es oro, es una retroalimentación importante. A fin de cuentas, los documentales tienen una función social muy fuerte. Por la tangente a veces, en el mejor de los casos, porque mientras más artística sea la manifestación y más abstracta, es más trascendental.

Ahora ya es el público el que nos pide eso, quieren más material de discusión. Este año, sobre todo con las utopías, tema central de toda la gira. No el juego intelectual sobre qué es una utopía, sino más bien de las utopías posibles.

¿Sientes que tienes un compromiso con México?
Sí, tengo un compromiso con el planeta en realidad, no sólo con México. Lo siento de manera tácita, porque como seres vivos hay una impronta de nacimiento, una necesidad de mejorar el entorno en el que vives. En apariencia uno lo está mejorando para uno mismo pero, en realidad, cuando uno tiene hijos resulta mucho más claro. Estás mejorando para tus hijos, para los hijos de tus hijos. Es para una especie de legado muy generoso. Sí siento ese compromiso, pero no lo veo como una carga o como un esfuerzo extra que tenga que hacer. Me ha sido natural siempre.

Desde niño he querido participar activamente en todo lo que tuviera que ver con mi entorno. El chiste es que todo mundo se pregunte qué puede hacer para cambiar esto y ante ese vacío que te genera esa pregunta, porque la verdad es que te puede llegar a deprimir el hecho de no saber cómo hacerle para cambiar las cosas. Ahí es cuando uno le da la vuelta y puede encontrar que, dentro de su campo de acción, puede hacer mil cosas. Puedes cambiar mucho lo que está sucediendo en México desde cómo vives dentro de tu casa. Y no sólo en el país, porque somos seres globales: lo que le afecta a México afecta a Egipto y afecta a China.

¿Cómo le haces para no perder la esperanza en México?
Cuando estoy fuera de México –que es bastante tiempo–, siempre extraño mucho; me la paso muy bien aquí. México es complejo, y a mí la complejidad me mueve, me conmueve, artísticamente me da una retroalimentación tremenda; me sobrepasa… México tiene una cosmovisión muy interesante.

En el tema político, social y demás no puedo tampoco desesperanzarme, porque hay gente increíblemente chingona, gente que se está movilizando para hacer cosas impresionantes. Es el punto neurálgico al que hemos llegado. La manera en la que se van a legitimar los políticos, va a ser atendiendo las necesidades y las consignas de las sociedad civil, que está cada vez más triste, más movida, mejor empleada, mejor armada, mucho más inteligente que cualquier clase política.

También al ver a los chavitos… por más que suene a cliché, es verdad. La juventud es hermosa, nos da una esperanza muy fuerte. Quieren mejorar, cambiar, participar y preguntarse qué pasa ante esta aparente falta de futuro.

La parte más difícil para un actor es la de lidiar con la fama, y el hecho de que la gente se sienta con derecho de hablar sobre tu vida privada.
A veces uno se va con la finta de que te expones demasiado al hablar de ti mismo, y no es verdad. Siempre hay una interpretación que uno da, luego está la interpretación de la gente que te ve del otro lado y también están las cosas prácticas. Como el Reforma, por ejemplo, que tiene que poner unos encabezados patéticos: “Masacran 44 reos” ¿Qué significa eso? Un encabezado pudo hacer sido “Matan a 44 reos”, pero no tienen que escribir “masacran”.

Así pasa con los medios, hay ciertos limitantes. La televisión también tiene un formato en el que es difícil decir las cosas y que se repliquen de manera fiel a lo que uno dijo o a lo que uno dice, porque nosotros a veces también la cagamos y usamos las palabras equivocadas que no significan lo que queríamos decir. No traducen los chistes. La ironía y el sarcasmo casi no se traducen.

¿Cómo haces para que no te afecte lo que dicen o publican de ti, especialmente ahora que tienes una familia?
Sería absurdo, sería una lucha impía batallar en contra de la línea de lo privado y lo público, porque todos tenemos esa dualidad. Todos tenemos una vida que aparentemente queremos sea privada y termina siendo pública, o viceversa. En esa frontera yo no tengo ningún problema con la naturaleza de esa dualidad. En donde veo un problema es que lo que termina siendo público sea, en efecto, público, y que nadie más lucre con eso. A mí el lado que me incomoda es que, por ejemplo, un paparazzi saque dinero de un acto público. Cuando lucran con eso me parece absurdo, se me hace una hijaputez, se me hace una especie de piratería. En realidad lo público debería ser gratuito, y estoy hablando de todo tipo de expresiones.

¿Por eso te gusta Twitter?
Sí, porque nadie lucra con eso. Me encanta, porque es un empoderamiento muy fuerte, porque ya no hay unos tipejos que se aprovechan. Digo directamente lo que quiero. Existen las noticias y el periodismo, eso es distinto, pero el hecho de decir lo que uno quiera acerca de su vida privada o vida pública es un derecho. Twitter te da la oportunidad de poder decirlo y eso es maravilloso. Las redes sociales nos han ayudado mucho a comunicarnos en ese aspecto.

¿Cómo te ha cambiado la vida desde que eres papá?
¡Uy! Voy a utilizar todos los clichés habidos y por haber. Por algo existen los clichés, ahora están llenos de sentido. Cuando te dicen que es lo más importante que ha pasado en tu vida, en efecto, es verdad. Ser papá es lo más bonito que me ha pasado en la vida y que me pasará. Estoy feliz con ese hecho.

Me ha vuelto más idealista, contrario a lo que uno esperaría, porque a veces uno piensa que se puede volver más aprehensivo. Yo me he vuelto mucho más alivianado, más idealista, más atento a los silencios, a las ganas de convivir y de construir y a la expresión artística. Mucho menos pendiente de otras pendejadas en las que andaba metido. Ahora las veo como que eran parte del rollo, pero qué estaba haciendo yo metido en esas preocupaciones ¡qué hueva, por Dios!

La vida con hijos es más complicada. ¿Cómo le haces para andar de aquí para allá?
Me organizo y siempre se queda alguien con ellos. Yo quiero disfrutar, pasear con ellos en el bosque, construir una hortaliza tremenda, quiero tener mangos en mi casa ¡de verdad!

¿Qué representa Guadalajara para ti?
Me voy a ver bien cursi. Guadalajara es mi patrimonio de cariño eterno. Cuando venía de regreso de mi última visita pensé: “aquí siempre voy a querer y voy a ser querido”.

Es mi familia, uno sería un imbécil si se pierde eso. Por más que esté en otro ámbito completamente, crecimos juntos, son mis primos, son como mis hermanos. Cuando voy a Guadalajara siento que estoy de vuelta, nos abrazamos y nos queremos mucho. Hay una cercanía tácita.

¿Qué te gusta hacer cuando estás en Guadalajara?
Me gusta descubrir lugares nuevos. Hay, por ejemplo, una fonda de comida duranguense muy cerca del Teatro Diana; es riquísima.

De todas las películas que has hecho ¿cuál es la que guarda un lugar especial para ti?
Es muy injusto que yo lo diga, pero te digo las que más me gustan. Definitivamente Y tu mamá también, fue maravillosa. Amores perros, Diarios de motocicleta, La ciencia del sueño. También me gusta mucho The King. La de Los límites del control, en donde tengo un papel pequeño, pero es una obra coral, así a lo Jarmusch, y el universo Jarmusch es fascinante. Me encanta la película que yo dirigí, la experiencia, así le haya gustado a todo mundo o le haya cagado. Obviamente soy el primero al que le caga, jaja, siento que pudo haber estado mucho mejor, pero estábamos aprendiendo. Es de los recuerdos más bonitos que tengo, de las experiencias más chingonas que he vivido.

¿Con qué actores has disfrutado mucho trabajar?
Con Rodrigo de la Serna, es un actor con el que disfruté mucho, fue mi compañero de viaje, de motocicleta, de sudor y de mate. Rodrigo es mi carnal del alma, es un gran actor. Me ponía en una situación en la que podíamos jugar a un nivel muy alto. Con Diego también, trabajamos muy bien juntos. Lástima que no lo hacemos tan seguido, nos divertimos montones. En la película que hicimos con Ferrell, La casa de mi padre, nos la pasamos increíble. Con William Hurt, Charlotte Gainsbourg y con Miu Miu. En la película de También la Lluvia, con varios actores españoles que son divinos como Karra Elejalde y Luis Tosar.

¿Cómo eliges tus proyectos?
Que me gusten. También tiene que ver lo práctico, obviamente si no tengo tiempo, pues no puedo. Es una mezcla de cosas, no hay lineamientos. Me tiene que cautivar el director, es una especie de hechizo, de embaucamiento en donde yo diga: “va, seamos novios un rato: yo creo en ti”.

¿Por qué decidiste trabajar con Will Ferrell?
Me ofrecieron la película y me pareció muy divertida. Me encanta trabajar con Diego.

¿Para qué eres bueno?
Jamás diría que soy bueno para algo, porque me da mucho pudor. Pero donde creo que tengo un talento escondido es cocinando ¡me encanta!

¿Qué te queda rico?
Depende, pero hace poco una señora mixteca me enseñó a hacer huazontles. También quiero aprender a hacer la comida que preparaba mi abuela Maruca. Los tamales sinaloenses y la carne en su jugo que preparaba eran increíbles.

¿Para qué eres malo?
Para un montón de cosas, pero para otras soy tan malo como el empeño que le pongo. Al ajedrez le echo muchas ganas. A boxear también, pero soy malo.
Ahorita estoy entrenando todos los días por mi cuenta, hasta finales de agosto.

¿Si no fueras actor, qué te hubiera gustado ser?
Todo lo que quería ser. Entré a estudiar Filosofía y Letras en la UNAM. Me hubiese gustado dedicarme a escribir narración o periodismo, o me hubiese encantado ser pediatra.

¿Trabajas con Oxfam todavía?
Sí, de vez en cuando. Estuve también con Amnistía Internacional. En esto de las actividades sociales uno es promiscuo. También colaboro con el Grito más fuerte, un colectivo de actores.

¿Qué es lo más sorprendente que te ha pasado?
¡Los hijos sobrepasan todo! Pensando en algo reciente, me sorprendió el documental Living In The Material World, de Scorsese, sobre George Harrison. Me fascina, es maravilloso, increíble.

¿Cuál es la cosa más significativa para lo que has usado tu fama?
Creo que en los extremos, desde subirme a un tren con los migrantes y acercarme a esa realidad. Si no hubiera fama no hubiera podido darle tanta luz a ese tema. Hasta el otro extremo, que es un poco más difícil de explicar: cuestionarme qué he hecho yo por mí en torno a la fama. En ese extremo lo que está es saberla llevar, saberme más idealista, ser más responsable con lo que quiero, con ese idealismo y con esas dudas. Ser más transparente me ha ayudado mucho con mis inseguridades. Es un revulsivo de inseguridades lo de la fama. Por un lado, de repente eres famoso, hay una fama ahí que existe, y yo me levanto conmigo mismo todos los días y no me siento famoso ni especial. Me sigue poniendo nervioso si una chava que me gusta me sonríe; me pone cabronamente nervioso e inseguro. Eso no cambia, qué maravilla que la fama sea un armatroste que uno puede construir y hacer con ella lo que sea.

Con Los invisibles se abordó el tema migratorio desde una perspectiva más directa. Los documentales conmovieron a la gente, y capturaron la esencia del verdadero viaje que realizan los migrantes hacia Estados Unidos ¿Qué enseñanza te dejó hacer Los invisibles?
Ha sido uno de las experiencias más chingonas de mi vida, más llenadoras y esperanzadoras. Más dramáticas también. Cuando estaba ahí, pensaba todo el tiempo que esa vida podía haber sido la mía. Esa es la empatía: yo me ponía en su lugar. Yo empatizo mucho con el viaje que ellos hacen, porque ellos viajan para conocer, para sobrevivir, para tener un futuro mejor para ellos y para sus hijos. De alguna manera yo también lo hago, a mí me encanta la extranjería, me encanta ser extranjero en otro lado. Me gusta eso de tener que reinventarte en otro lugar, es lo que un migrante hace. Esa es la primera narrativa de la vida. Antes de La Biblia en el mundo occidental u oriental, la primera narrativa es de gente que viaja y no puede volver. Ahí está La odisea. Así como es natural para los pájaros que emigran, es natural también para los seres humanos. Eso es lo que hay que quitar: que ellos viajan, que ellos son los migrantes. No, uno es migrante también. No hay que verlos como seres aparte, al contrario, entender eso que están haciendo. Entender lo injusto que es tener que migrar en esas condiciones, tener que migrar para poder sobrevivir. Eso es por las estructuras sociales, políticas, económicas que hacen que eso suceda. Uno es partícipe y uno puede hacer muchísimo para ayudar.

Lo que más me sorprendió del viaje es la fraternidad y el cariño que hay entre las personas que están viajando, cómo se cuidan unos a otros. Es la aventura más maravillosa de la vida pasar la noche arriba del tren. Dicen que son los trenes de la muerte, pero quizá hay tanta muerte porque hay tanta vida allá arriba.

Y la gente que los ayuda en los albergues de manera desinteresada, que son muchas más que las personas que les hacen daño. A mí me redimió muchísimo con la cristiandad. El padre Solalinde es ahora un mentor, un amigo, un hermano. También Olga Orozco, en Chiapas, con su albergue para los desahuciados. Es gente impresionante que se dedica completamente al prójimo. Son los verdaderos cristianos. Esa es la espiritualidad.

¿Te consideras una persona espiritual? ¿Qué enseñanza te gustaría transmitir a tus hijos?
Sí, me considero espiritual. Me gustaría incitarles la espiritualidad como una búsqueda personal. Sólo puedes creer en Dios si lo ves, si lo descubres. Si no, yo creo que es mejor ser ateo.

Las doctrinas y lo que te enseñan no son la religión y la espiritualidad. La espiritualidad es la búsqueda personal de uno en el mundo. Esa búsqueda es la que realmente importa. El yo lo vi, yo veo esto. Llámese Dios, la naturaleza o donde la encuentres; ahí es donde está la creencia. La imposición a mí no me sirvió, y creo que a la mayoría de la humanidad no le sirve para nada. Que te digan “hay un Dios” a mí no me entra, no me convence en lo absoluto. Mucho menos la retórica, la estética y la obra artística en relación a eso. Me conecto mucho con esa búsqueda… es quizá más un camino de descubrimiento.

En México hay sincretismo. Dicen que son católicos; no es cierto. Aquí somos paganos, y qué chingón, porque cada quién está en una búsqueda y encontramos la espiritualidad desde la iglesia y desde la planta que le ponemos a la iglesia, y los cigarros que le ponemos de ofrenda y un montón de cosas que hacemos.

Es mejor ser incrédulo y encontrar y buscar, pero es imposible vivir incrédulo. Vivir sin esa búsqueda. Es una contradicción muy chingona.

Políticamente me considero agnóstico. Que cada quién crea lo que quiera, no importa.

 

 

 

 

Una respuesta a «GAEL GARCÍA BERNAL»

Deja un comentario