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Jay Jay Johanson

“For a creative person the satisfaction of creating something beautiful is such a strong emotion that I guess, it can make depression slowly heal, but nothing compares to the creation of life, and becoming a parent.”

Jay Jay Johanson

DSC_2860Algunas veces, realizar una entrevista va mucho más allá de un simple encuentro y nos concede el incierto principio de una historia. Las palabras adquieren color, forma, peso y un lugar en el espacio; los recuerdos se vuelven tangibles y nos invade la inexplicable sensación de redescubrir el mundo, a través de la mirada ajena.

Es sábado y el cielo parece cansado: desvanecido entre enormes nubes colmadas de agua, logra, de manera extraordinaria, sumarse a las pocas horas de sueño que describen mi andar. Son poco más de las tres de la tarde y a la entrada del recinto, destacan espigadas reminiscencias vikingas.

Primero fue la altura, después, la cadencia de alguien cuya vida se desarrolla a través de una métrica desconocida para el resto de los mortales. Originario de Trollhättan, Suecia, y vegetariano por convicción, Jay Jay Johanson evoca más de veinte años de producción artística.

“People say I whistle all the time, all the time! And if this could be called in instrument I guess that would be me.”

Propietario de una excentricidad cálidamente interesante, Jay Jay transcurre entre diversas manifestaciones creativas, siendo su faceta como músico una de las más reconocidas. Sin embargo, Johanson también hace del pincel y la cámara, efectivas extensiones de las melancólicas atmósferas que lo caracterizan.

“The more I focus on music, the more I miss painting and taking photos.”

Tras una gran sonrisa, Jay Jay nos pide regresar en el tiempo y encontrar a un joven rubio de entre quince y dieciséis años, que ha decidido tomarse un año sabático de la escuela y dedicarse a enseñar street y hip hop.

Nos habla de sus alumnos, en particular, del pequeño Erik, quien con tan solo once años y una considerable formación musical (piano al puro estilo Chopin, pero amante del hip hop), resulta la mezcla perfecta para Johanson, pues el músico recién descubría a Chet Baker, con un sonido que bordeaba las periferias del jazz. Treinta años después, Jay Jay y Erik continúan haciendo música juntos.

A finales del mes entrante, debutará el décimo álbum del artista: Opium, que promete ser la continuación directa y orgánica de Cockroach pero, en las propias palabras de Johanson: “con cierto encanto que desde mi primer álbum, no se sentía”.

Dueño de una inconfundible e hipnótica voz, autor de historias y letras fascinantes, Jay Jay representa una de esas figuras míticas con las que relacionamos, de manera casi automática, el concepto de artista (en toda la extensión de la palabra).

Le pregunto qué consejo daría a todos aquellos que desean ser músicos, artistas, creadores. Él responde: “¡Diviértanse y documéntenlo!”

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