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Jill Magid

Mientras hablábamos de moda y literatura en un restaurante griego sobre el andador de Zapopan, la artista neoyorquina Jill Magid me enseñaba una foto del más pequeño de sus hijos, a quienes extrañaba al viajar. Reíamos, me hacía preguntas como si fuera ella la que hacía la entrevista, nos sentíamos en confianza. Le recomendé leer a Juan Rulfo y visitar la tienda de Julia y Renata. Pedimos un mezcal.

Magid estuvo en Zapopan para inaugurar su más reciente exhibición individual en el MAZ (Museo de Arte de Zapopan), titulada “Woman with Sombrero”. Esto fue lo que platicamos durante la conversación.

DSC_8956Primero me gustaría que te presentaras.
Soy una artista y escritora que vive en Brooklyn. Tengo un estudio con ventanas que dan directo al Empire State. Mis proyectos, que en el fondo son performances, me sacan del estudio de vez en cuando, y últimamente a México. Pero también puedo ser bastante hermética y trabajar largas jornadas en el estudio, en donde escribo, boceto ideas y realizo piezas.

¿Podrías hablarme más acerca de tu trabajo?, ¿qué clase de medios utilizas?
Utilizo una gran variedad de medios. Desde texto, video, y dibujo, hasta fotografía, escultura y performance. Decido sobre los materiales con base en el concepto. En gran parte de mi trabajo, me inserto en sistemas de control y creo relaciones íntimas con ellos. Las piezas que elaboro evolucionan con estas experiencias, las amplían y afectan su dirección.

Fui contratada por la jefatura de policía en Ámsterdam para cegar sus cámaras de seguridad (“System Azure”, 2003), orquesté un juego de confianza sobre CCTV con la Policía de Liverpool (“Trust”, 2004), tuve una cita nocturna con un policía, vigilando Manhattan (“Lincoln. Ocean. Victor. Eddy”, 2007) y fui contratada por el Servicio Secreto de Holanda para “encontrar su rostro”, solo para que después el mismo Servicio Secreto confiscara gran parte de mi trabajo en la Tate Modern (“The Spy Project”, 2005-10). En todos estos proyectos busco espacios inusitados para conectarme con sistemas inhumanos.

¿Por qué te sientes atraída hacia la idea de intimar con los sistemas?
Me interesa hacerme visible, como un ser humano de características únicas, ante los sistemas que pretenden controlarnos y gobernarnos. Este proceso artístico mueve los sistemas de control de su posición, esa que les permite una mirada distante y alerta, hacia un diálogo comprometido. Desde ese punto nos volvemos vulnerables el uno para el otro.

DSC_8932Háblame de “Mujer con Sombrero”, ¿cómo llegaste a Barragán?
“Mujer con Sombrero”, mi actual exposición en el MAZ, explora el legado del reconocido arquitecto mexicano Luis Barragán. La primera vez que me acerqué a su trabajo fue cuando visité su casa, ahora un museo, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, justo en frente de LABOR, mi galería en la Ciudad de México. Después de que Barragán falleció, su testamento dividió su legado en dos partes: sus archivos “profesionales” y “personales”. Hizo esto de una forma bastante bella, a través de una puerta que separaba su estudio de su casa.

Dijo: “Todo en este lado de la puerta de mi estudio es mi archivo profesional, y todo lo del otro lado es mi archivo personal”. La parte personal fue enviada a un grupo de arquitectos, la mayoría de Guadalajara, lugar donde Barragán vivía antes de mudarse a la Ciudad de México. Dejó su archivo profesional a su socio, así como sus derechos de autor. Cinco años después de que murió, este se suicidó y el archivo profesional cayó en manos de la esposa del socio. Ella trató de venderlo en la Ciudad de México, pero nadie aceptaba el precio que pedía. Finalmente el archivo fue comprado por Max Protetch en Nueva York a mediados de los noventa.

La continuación de la historia involucra a Vitra, la compañía familiar y suiza de muebles, fundada en 1950. El director es Rolf Fehlbaum, quien se casó con una arquitecta y escritora llamada Federica Zanco, admiradora del trabajo de Barragán. Ellos compraron el archivo profesional de Barragán en Nueva York y se lo llevaron a Suiza para crear la Barragan Foundation, bajo el auspicio de Vitra, convirtiendo su nombre en una marca. En 1997, la Barragan Foundation adquirió también el archivo de Armando Salas Portugal, el fotógrafo de Luis Barragán. Hoy en día la fundación es dueña del nombre de Luis Barragán, de sus archivos profesionales y de todas las imágenes que autorizó de su trabajo. Esto fue controversial en México, mientras que fuera del país se tuvo la impresión de que la fundación se haría cargo del legado de Barragán, con Federica Zanco dedicando su vida al archivo. La historia y la controversia me llevaron a la pregunta que reside en el corazón de este proyecto: ¿Qué significa que el legado de un artista o arquitecto le pertenezca a una corporación?

La exhibición en el MAZ se enfoca en el archivo personal, al cual tuve acceso completo gracias al grupo de arquitectos que mencioné anteriormente, agrupados en la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán. En este punto no se me ha permitido visitar el archivo profesional. De acuerdo con el sitio web de la Barragan Foundation, este se encuentra abierto a investigadores y estudiosos del trabajo de Barragán y se puede acceder a él después de escribir una carta en que se describa el proyecto. Me he postulado dos veces, pero Zanco se ha negado: argumenta que la fundación está dedicada a producir una gran publicación sobre el archivo.

¿Fue una pasión o solo curiosidad?
Mi trabajo siempre comienza con curiosidad; algo me mueve a entender o a acercarme a las cosas. Me siento curiosa respecto a los límites impuestos sobre nuestras aptitudes para representarnos. Lo interesante de la historia de Barragán son las preguntas más grandes que provoca: una vez que el artista está fuera del cuadro, ¿quién “controla” la circulación de su obra? ¿Existe nuestra voz como artistas y personas interesadas?, o ¿está todo siempre controlado desde arriba por una corporación que es propietaria?

Mientras más me introduje en el archivo profesional, Barragán se presentó ante mí como un hombre, no solo como un arquitecto. Algunos aspectos de su personalidad inspiraron varias piezas de la exposición. Dearest Federica, por ejemplo, está basada en una carta de él para una mujer, la cual edité y adapté. Es una pieza en audio en la que leo nuestra carta acompañada por una presentación de diapositivas con retratos femeninos.

¿Te gusta la estética de Barragán o se trata más del personaje?
La razón inicial por la que Barragán me interesó fue porque visité su casa y me enamoré de su arquitectura. Luego, conocí a la directora de la Casa Barragán (su casa que ahora es un museo); ella hablaba de las controversias que rodeaban su legado e inmediatamente mi interés se volvió personal. Pensé: “Vaya, ¿qué tal si muriera y alguien fuera dueño de todo mi trabajo y de mi nombre?” Esto me llevó a planteamientos mayores, sobre los derechos de autor, el aura y el lugar de la obra. Esto es profundamente cuestionable, porque estamos hablando de arquitectura, que da la sensación de ser pública. Se trata ahora de negociar sobre dónde residen lo público y lo privado, y cómo operan los derechos de propiedad intelectual, cuando se tiene un objeto real y la representación del objeto.

¿Qué factores definen el rol que juegas en el triángulo amoroso de esta historia? ¿Por qué decidiste hablar de amor?
Tratar de entender a Barragán, a Federica Zanco y a la Barragan Foundation, así como mi relación con ellos, es parte del trabajo. Barragán está completo en el sentido en que ya no está vivo, así que solo puedo trabajar con lo que ha dejado atrás. Federica Zanco, no lo sé, pero las dos buscamos entender más a Barragán, y en ese sentido somos similares. Tengo un profundo respeto por el hecho de que ella haya reconocido el potencial del archivo y se haya comprometido con el trabajo de este hombre. Es impresionante e inspirador ver qué tan lejos ha llegado para conseguir un panorama completo. Es brillante, pero también avasallador. Esto la convierte en una figura atractiva para mí, casi tanto como Barragán. En este triángulo, pienso en Federica como la amante post mortem de Barragán y en mí como la otra mujer.

Viendo hacia atrás, ¿cuál es la diferencia entre tus primeros trabajos y tus proyectos más recientes?
¡Eso depende de qué tan atrás quieras revisar! Yo diría que hay algunas cosas que veo desarrollándose mientras la obra sigue. Por ejemplo, hace tiempo yo trataba de crear diálogos con cosas más grandes que yo, en un sentido metafórico: usaba pequeños vidrios para capturar rascacielos y los movía a lo largo del horizonte; esta ilusión estaba creada por una falla técnica en el lente de la cámara de video. Era incapaz de enfocar la imagen en el espejo y el espacio alrededor de ella, así que desenfocaba ambas. Ahora me interesa experimentar las cosas directamente, y vulnerarme en esas relaciones.

El proyecto de Barragán es una de las primeras ocasiones en las que me intereso por el poder corporativo, los derechos de autor y la propiedad intelectual. Las leyes, que siempre he usado como material para mi trabajo, son el colaborador del que más dependo.

DSC_8983¿Consideras la casualidad como un factor de tu proceso creativo? ¿Cómo funciona?
Absolutamente. Confío en la casualidad. Reconocer el potencial de un momento para que tenga un significado, es una verdadera habilidad. También entiendo que ver esos momentos como si tuvieran un significado, es ficción. Es un acertijo. Yo colecciono estos momentos, los integro y esculpo una historia a partir de ellos, incluso una que me cuento a mí misma.

¿Por qué recurres a la ficción?
De hecho creo que no lo hago. Uso el término ficción con mucha soltura, más en el sentido de contar una historia a través de objetos, instalaciones y escritura. Esta síntesis de la experiencia vivida a través de obras de arte, involucra ficción, como si fuera una traducción. Pero me gusta vivir la experiencia de lo real.

En una nota más casual, ¿qué estás leyendo?
Siempre estoy leyendo varias cosas a la vez. Justo ahora, un libro sobre Josef Albers y su interacción del color (una página aquí y allá cada vez), también teorías sobre Bas Jan Ader (ambos son extraños para mí porque rara vez leo sobre artistas), y algo de narrativa. Acabo de terminar una novela que me fue enviada por el autor, Jacob Wren. Antes de eso leía a Beckett.

¿Estás escribiendo un nuevo libro?
Creo que será un guion de teatro.

¿Dónde encuentras la inspiración?
Le encuentro en todas partes y, si tengo algún problema con ello, salgo a correr o pierdo el tiempo por horas en los vestíbulos de hoteles lujosos. Usualmente algo sale a la superficie.

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