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Jordi Mollá

Jordi Mollá estaba sentado en la terraza del hotel Demetria cuando llegué a presentarme. Fue educado y amable. Me encontré con su mirada clara y penetrante y su voz de matizados graves. Este español ha logrado cruzar con éxito el océano Atlántico compartiendo créditos en Hollywood con gente como Johnny Depp y Cate Blanchet. Es actor, escritor, músico, pintor y director.

Personalmente lo he seguido durante años por varios motivos; uno de ellos, haber participado en tres películas de uno de mis directores favoritos, Bigas Luna. Uno más: ha sido el protagonista de los sueños húmedos de toda una generación de mujeres —yo incluida— gracias a la hermosa película Son de mar (Bigas Luna, 2001). Él y yo debíamos hablar sobre pintura, sobre su exposición “Torero”, que estuvo en Demetria, pero a la conversación añadimos la comida, la espiritualidad, la música, y obviamente, a Bigas Luna. Esto fue lo que Jordi me contó:

“Torero”
Estoy haciendo una película en Guadalajara que se llama Buscando a Inés y aproveché para traer algo de mi trabajo pictórico. Me gusta llevar las piezas de un lado a otro porque el contexto modifica la obra. Esta es una serie en la que busco reunir tres cosas: la interpretación, porque el personaje experimenta emociones diferentes, la fotografía y la pintura misma. Es algo que me representa mucho, hago muchas cosas, escribo, dirijo, actúo, manejo diversos conceptos y lenguajes. En el cine hay que aprender a esperar y eso me cansa, como el óleo que tarda mucho en secar, no me gusta. Cuando pinto no me gusta que nada me haga esperar, si algo no se seca voy hacía adelante, me da igual, interrumpo la pintura si es necesario. En España tenemos las tapas, que es comer un poco de todo para calmar el estomago… para mí es un poco así, comer de todo, me aburre un mismo plato. Recuerdo que de niño mis padres me llevaban a comer y lo que más me gustaba era ir a tapear.

DSC_9672La paradoja del arte
A mí no me interesa ser un artista contemporáneo, y casi me atrevería a decir que no me interesa ser un artista, porque yo no soy un artista: creo que ese es mi eslogan, para que mi arte no se tome en serio. Es una paradoja pero es así. Ya pasé varios años tomándome un poco en serio con esto de la pintura, y el día que decidí que no era importante y que no era serio, fue el día en que realmente empecé a gozar. Me relajé y los demás también se relajaron. No intento demostrar nada, simplemente me gusta pintar, porque en el cine, para contar una historia, dependes de muchísimas personas. Es muy frustrante que siendo actor, si no tienes una cámara delante, no puedas hacer nada. En cambio un pintor puede expresarse solo. No necesitar a nadie es maravilloso.

Bigas Luna y la pintura
Comencé a pintar porque me motivó un personaje maravilloso que apareció en mi vida, que ha sido crucial para mí y que ya no está en este mundo y se llama Bigas Luna. Trabajar con Bigas era como irte de vacaciones, aprender un montón de cosas, pero no de una manera hostil, sino de una manera luminosa, placentera, era como una excursión mágica. Cuando Bigas me hablaba para hacer una película, lo que más me hacía ilusión no era hacer la película, lo que más me emocionaba era estar con él. Con Bigas hice tres películas y para mí es un referente artístico impresionante. Él me influyó en un aspecto obsesivo, en su obsesión por las cosas: la comida, por los pechos, las mujeres, las madres, el sexo, los coños… Sin embargo Bigas era muy simple. Cuando estábamos rodando y había un descanso, él se iba a pintar a su habitación; cuando salía de allí, yo le veía que brillaba, que tenía una luz brutal. Siempre pensé que eso era sano y sí, pintar es sanísimo. Por eso comencé a pintar, por verle así. Estuve pintando siete años y nunca nadie vio nada mío, a excepción de Bigas o algún amigo, pero yo no quería exponer nada, pintaba por mi salud mental y física. Ahora solo voy y pinto, lo que me importa es la meditación que surge a raíz de la pintura. A veces comienzas sin ganas y después fluyes, surge algo mágico, pequeñito, una explosión con mucha potencia. Así hago todo en mi vida.

DSC_9632El silencio y la creatividad
La creatividad te hace perder cosas. Por ejemplo, la escritura la tienes que practicar todos los días, seis horas al día, necesitas estar conectado, estar en una burbuja, dentro de una atmósfera particular. A veces no es fácil, la creatividad te hace pagar, te hace aislarte, te hace ser un incomprendido, un intolerante. Funciona de acuerdo con el grado de obsesión que tengas con tu creatividad y con tu obra. Yo soy amante del silencio, soy católico y me gusta ir a la iglesia cuando no hay misa, cuando no hay ruido. Una de las paradojas del silencio es la música. La música sale del silencio y la música sirve para la vida.
La espiritualidad es parte del silencio y si estás rodeado de ruido o tienes mucho ruido en la cabeza, no conectas con el espíritu. Tampoco se conecta con el espíritu vía WhatsApp, ni con mails, ni con Instagram, todo eso es contraespiritual.

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