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JORGE MÉNDEZ BLAKE

No hace literatura pero le gusta mucho hablar de ella. Su sello personal como artista contemporáneo viene de la admiración que le generan los libros, las historias, la literatura moderna, los pintores románticos. Su obra es el resultado final de esta fascinación.

Como es mi costumbre, no tenía idea qué hacía Jorge. Al hacer un pequeño acercamiento a su trabajo no pude evitar recordar la portada del Unknow Pleasure de Joy Division. Una escultura-maqueta con referencia a la Talpa de Juan Rulfo me remitió de inmediato a esta imagen, Jorge ni siquiera lo había relacionado.
Al llegar a su estudio, me encontré con un espacio que me remitía al despacho de un arquitecto, fue inevitable reconocer su alma al primer vistazo. Jorge tiene un humor particular y es un tipo honesto, fue muy claro conmigo con respecto a sus procesos, pero sobretodo, no fue pretencioso en lo absoluto, se divierte con lo que hace a pesar de la solemnidad que implica hablar de las influencias que lo mueven como artista.

Lo primero que me enseñó fueron unos dibujos, un detalle de la obra Naufragios de Turner, hecha con lápiz de color, la cual me dejó un impacto duradero porque parecía más un grabado que otra cosa: “Esto lo estoy preparando para la Miami Art Basel que tendrá lugar en Noviembre. Es una reinterpretación de esa obra de Turner y sí te fijas el horizonte está movido, es como si estuviera sacando el barco a flote otra vez. Me interesan los naufragios porque históricamente están relacionados con el fracaso de la modernidad. El otro que estoy haciendo es de la pintura de William Bradford Naufragio a las afueras de Nantucket ” .
Egresado de Arquitectura, Jorge encontró un descubrió un orgánico al arte, algo que no fue una búsqueda, si no más bien un encuentro: “Comencé en la universidad haciendo cosas y de pronto me dí cuenta que le estaba dedicando mucho tiempo al arte, no ejercí nunca la arquitectura, ya no me interesó”.

Como arquitecto que no ha ejercido, se ha dedicado primordialmente a crear instalaciones, tiene un peculiar interés por los libros; le interesa el libro como parte de un todo, como punto de partida de una visión particular de la literatura o de la vida misma, una reflexión inmediata sobre la transcendencia de los textos, los lectores y sus costumbres. Grandes estructuras minimalistas simulando libreros son la consecuencia de su necesidad de hablar a través de la lectura: “me gusta pensar las bibliotecas desde un punto de vista no tradicional, como un conjunto de cosas, como un concepto, así he creado algunos proyectos”. Él comenta que el poema de Mallarmé Un coup de dés jamais n’abolira le hasard le sirvió para señalar de manera visual las líneas de vacío que existen en el poema y a partir de eso generó volúmenes que corresponden al espacio visual vacío o lleno que representa cada parte. “El lenguaje escrito y visual que desarrolló Mallarmé, está en torno a la forma, es un recurso que han usado muchos artistas, por ejemplo, Borges en la literatura”.

De sus proyectos con libros hay uno que llama mucho mi atención y que ahora es propiedad de la Colección Jumex, la obra lleva por nombre Moby Dick. Como si de un taxidermista se tratará, Jorge se tomó un año entero para hacer una autopsia del libro. Lo releyó, subrayó e hizo anotaciones personales en las páginas. La disección final de la obra completa tuvo como fin una habitación donde cuelgan las 600 páginas del libro, en su idioma original, con las anotaciones y líneas resaltadas por el propio Méndez Blake. A mi entender se trata realmente del retrato íntimo de un artista contemporáneo a través de un texto clásico escrito hace más de 150 años.

El proyecto que Jorge considera el más importante en su trayectoria hasta el momento es la intervención que hizo para la biblioteca del Museo Tamayo: “Es mi proyecto favorito por dos cosas: la primera, es que aunque no fue una exposición 100% individual, tuve un espacio completo para su intervención, el único que había hecho esto antes fue Gabriel Orozco. La segunda, es que me gustó porque pude utilizar muchos elementos existentes en la colección para crear algo igual pero diferente, las referencias de las cosas que ya estaban ahí las usé y desdoblé para crear algo nuevo, se volvieron como un espejo. Por ejemplo, de la obra de Tamayo La Gran Galaxia saqué las medidas de la línea que une los puntos y que representan las estrellas, con esa medida tracé una línea recta alrededor del espacio de la biblioteca. También monté una estructura completa que se volvió una nueva biblioteca que dialogaba de manera particular con el espacio”.

Puedo decir que descubrí a un Jorge Méndez Blake como una combinación peculiar de varias cosas. Por un lado, está la parte intelectual que domina sus acciones desde el plano de la literatura. Desde otra perspectiva Jorge es un naturalista, un buscador de respuestas. La ciencia no es su punto de partida, lo es la investigación aplicada al arte la que lo mueve de un punto a otro. Va de retratar una selva tupida a intelectualizar un espacio y modificarlo. También es muy capaz de apropiarse de una pintura clásica como si nada y hacerla tan suya que la transforma en algo nuevo. Sin darse cuenta, hace un viaje constante entre la razón y la nostalgia, romanticismo puro le llamaría yo. Jorge seguramente haría otra cosa con lo que acabo de escribir.

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