Bo belleza personaje

La belleza de la libertad

En esta ocasión mi editora me pidió que escribiera mi columna o mi reseña sobre algún tema relacionado con la libertad. Mi mejor manera de ejercitar dicha libertad (hablar de lo que me mueve internamente, lo que considero esencial y deseo compartir) para mí se traduce en “los inconstantes y esporádicos destellos de belleza” que nos hacen verdaderamente libres de pensamiento y espíritu, como se menciona en una frase del filme que estoy a punto de reseñar.

En la pasada entrega del Óscar, el premio a la mejor película extranjera fue para La grande bellezza, del aclamado director Paolo Sorrentino, quien en 2008 ya nos había dejado ver sus dotes detrás de la cámara en el Festival de Cannes, con su película Il divo.

Desde pequeño he visto cine, toda clase de películas, y he ejercido la libertad de no solo ver cine de arte o de culto, de acercarme a todos los géneros: chick flicks, filmes de acción, de romance, comedias, teen movies, en fin, chatarra y magia cinematográfica. Pero el cine italiano siempre ha formado parte de mis consentidos, y esto quizá se deba a la manera en que el idioma hace sonar las cosas mucho más poéticas, románticas y apasionadas. Quizá el francés gane en la parte romántica, pero como nunca lo he entendido, el italiano me parece más familiar y en ocasiones siento hasta que lo hablo; basta toparme con alguien que de verdad lo hable para despertar a la realidad de que non parlo niente. El cine italiano me cautivó desde que tuve un sentido y una percepción estética de la pantalla, empezando por los grandes directores como Fellini, Tornatore y Salvatores, por mencionar algunos.

En esta ocasión Sorrentino me recordó esa poética y grandísima narrativa que tiene el cine italiano, desde sus diálogos banales, sus largos recorridos por las antiguas ciudades italianas que siempre desempeñan un papel protagónico, hasta esos parlamentos profundos y sensibles que tienen magia, que juegan con la fotografía y las actuaciones y llegan hasta lo más hondo de nuestro ser.

La grande bellezza trata sobre la vida del periodista Jep Gambardella, quien ha encantado y seducido a su manera la vida nocturna de Roma durante décadas. Desde el legendario éxito de su primera y única novela, él ha sido un elemento permanente en los círculos literarios y sociales de la ciudad. Pero su sexagésimo quinto cumpleaños coincide con un choque con el pasado, y Jep se encuentra, de forma inesperada, haciendo un balance de su vida, dirigiendo su ingenio y crítica tanto a él mismo como a sus sus contemporáneos, y mirando más allá de las discotecas y fiestas extravagantes. En una frase, pronunciada en una de tantas fiestas, el personaje resume la gloriosa vida que han llevado él y sus compañeros por tanto tiempo: So’ belli i trenini delle feste, so’ belli perchè non vanno da nessuna parte! (“Muy bello el tren de nuestra fiesta, muy bello ¡porque no va a ninguna parte!”).

Bo belleza personajeUna de las escenas con la que abre la película, arma la narrativa que después iremos construyendo, como si reuniéramos las piezas de un gran rompecabezas de vida: una fiesta decadente, los personajes pasan de los 50 años y están bailando un cover de una de las canciones más famosas de los 80, cantado por Raffaella Carrà. El éxtasis de quienes bailan la canción (prácticamente toda la fiesta) es de no creerse.

Erika Bianka, una amiga que vivió en Milán toda su vida y que conoce el comportamiento de los romanos a la perfección, me dice que a su parecer Sorrentino dibuja y expone una sociedad romana cocainómana, burguesa, decaída, de la izquierda pseudoartística, ligada a una ideología comunista romana que ya no existe. No puedo estar más de acuerdo con ella; sin embargo, la sensación de libertad y coherencia que Jep refleja en sus actos y sus decisiones, tienen tanta vigencia como las calles y amaneceres de la antigua Roma.

Paolo Sorrentino evoca al gran Fellini en este torbellino de erupciones existenciales, bullicioso y brillante, a través de la ciudad eterna y viva y de la lamentable decadencia de la vida de un hombre. La grande bellezza es una comedia agridulce, que en todo momento encanta por su gran belleza.

Me tomo la “libertad” de recomendar mis cinco películas italianas favoritas, las que considero esenciales para entender el cine italiano. También nombro a algunos de los directores que han ayudado a construirlo.

Películas
La dolce vita de Federico Fellini
La notte de Michelangelo Antonioni
Cinema Paradiso de Giuseppe Tornatore
Mediterraneo de Gabriele Salvatores
L’ultimo bacio de Gabriele Muccino

Directores
Federico Fellini
Luchino Visconti
Pier Paolo Pasolini
Bernardo Bertolucci
Michelangelo Antonioni
Roberto Rossellini
Vitorio De Sicca

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