Importancia del Rigor cream

La importancia del rigor

En la pasada entrega de los óscares… Sí, ya sé, ya pasó mucho tiempo, y para el momento en que esta revista y el articulo estén en manos de algún lector, ya el tema será obsoleto… Pero no quiero dejar de escribir sobre la importancia que este año en especial tuvieron los productores independientes y cineastas comprometidos, versus los grandes estudios que miden su éxito en taquilla y no en la relevancia que cobran los proyectos con el paso del tiempo. Me parece preciso escribir sobre el legado de los productos culturales con el paso del tiempo, ya que Cream cumple cuatro años.

Cuatro años de esfuerzo y de reunir talento a partir de una idea y una visión editorial que le da espacio y voz al talento tapatío, por el puro placer de mantener un medio de expresión. Este es mi caso, son cuatro años ya escribiendo y compartiendo mi visión y opinión muy particular sobre el cine y su relación con los tiempos en los que vivimos. Ninguna de estas voces y talentos habría tenido la oportunidad de expresión, sin las creadoras de este proyecto, Jocely Alatorre (Jocy) y Ana Paula Orozco (la Niña), quienes desde sus inicios no descansaron, para hacer de esta revista, junto con sus colaboradores, una particular opinión tapatía e internacional, sobre tendencias en moda, cine, gastronomía, arte, opinión, etcétera. Muchas gracias a las dos por este espacio y por el empeño, cariño y paciencia que le ponen a este gran proyecto de amorosos.

Regresando al tema de este espacio, al parecer es ahora el cine quien está tomando una pausa y hace referencias, ejerce prácticas de la televisión de autor, cuando siempre fue al revés. El cine independiente ha cobrado una fuerza muy importante en los últimos años y prueba de ello es que la mayoría de las películas nominadas a los premios no fueron grandes éxitos en taquilla. Esto habla de un cambio generacional en la Academia.

Importancia del Rigor creamBirdman, Wiplash (mi favorita), Boyhood, Selma y El gran hotel Budapest, son películas cuyos directores fungieron como productores, y en su mayoría también como guionistas. Estamos ante propuestas completas, que atienden hasta el más mínimo detalle y se nota, que nacen de una idea que es llevada hasta sus últimas consecuencias, sin parar y hasta llegar a la pantalla. Son proyectos cuyos autores creyeron en su sueño y lo hicieron realidad, hasta estar nominados a un Óscar, algo que podría sonar banal, pero en términos de reconocimiento, no creo que haya un honor más grande.

Atrás quedaron los días de cuando Iñárritu era un publicista y un locutor de radio. Ahora, con un premio en Cannes y tres óscares, se puede dar el lujo de escoger sus proyectos. Hoy sigue haciendo lo que él quiere sin ceder a las exigencias y demandas de Hollywood, sabiendo que lo que hace, guste o no, lo hace como él lo quiere hacer. ¿Cuántas personas pueden decir que hacen lo que les gusta? ¿Cuántas personas están persiguiendo su sueño hoy en día? Esa es la gran lección de esta última entrega de los premios: creer en lo que uno hace y llevarlo hasta las últimas consecuencias. No todos terminarán con una estatuilla en las manos pero no estarán lejos de hacerlo.

Otro ejemplo de nunca traicionarse a sí mismo es Wes Anderson, uno de mis cineastas predilectos. Su estética y su narrativa son ya un sello muy característico de su cine. Jamás ha cedido al statu quo de la industria y perseveró tanto que con su filme El gran hotel Budapest logró su obra más exitosa en términos de reconocimiento pero sin abandonar su manera de hacer las cosas. Su proyecto estuvo lleno de magia, sin dejar de mencionar el gran elenco con el que contó. Eso hace que los grandes actores quieran participar en sus películas.

Por último, no quisiera terminar sin antes mencionar Whiplash, un filme lleno de autoría y cuyo principal ingrediente es el actor J. K. Simmons, en el papel de un complejo y determinado profesor de música. Su único fin es llevar a sus alumnos a buscar la excelencia, por encima de todas las cosas, perseguir el sueño sin mirar atrás y elevar el espíritu humano en la profesión, que sea a lo más alto. Eso es lo que hicieron estos cineastas con sus propuestas.

Para mí Cream es eso: un proyecto dirigido por dos mamás, esposas, amigas, editoras, que dedican su tiempo libre a hacer una revista llena de talento (con excepción de la parte de cine). Edición tras edición la publicación va mejorando, sin ceder a las exigencias de los clientes y sin cambiar su estilo editorial por cumplir con el deber ser. Así, se ha logrado mantener como una revista auténtica sin ser pretenciosa.

Ha sido un privilegio, durante estos cuatro años, ser parte de este sueño, que ahora nos pertenece a todos los que colaboramos en él. Esperemos que estos cuatro se conviertan en muchos años más.

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