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La vida misma

El futbol me apasiona, no solo como deporte, sino como fenómeno social y como una indiscutible analogía de la vida misma y el amor. En este último rubro, por ejemplo, no se puede entrar al amor con temor. Tampoco a la cancha. Pensar en lo duro que es un partido y en las enormes posibilidades que hay de que te den un par de buenos golpes antes de meterte a jugar, es tan infructuoso como no jugar. En el amor, uno se arroja al vacío esperando que el ser amado lo sujete en el aire. Sin miedo. Con coraje y sobre todo con la esperanza de que ese amor perdure. Uno no debe pensar en los golpes que se hayan recibido en el pasado, porque lo único que se logra es no gozar plenamente del momento que se vive, pensando en los miedos de otros tiempos.

C25_Demián_limpia copyEl futbol es sin ninguna duda, un remanso para millones de trabajadores en el mundo que se parten el lomo toda la semana, esperando con ansias la llegada del fin de semana para darle sentido a su vida. Los aficionados de algunos países depositan toda la responsabilidad en once jugadores para poder ser felices. Muchos de ellos juran que si su equipo gana, ahora sí serán completamente felices. La única verdad es que si uno no es feliz con uno mismo, no habrá ningún sustituto que logre hacerlo feliz. Ni el triunfo de nuestro equipo favorito ni un auto nuevo de lujo. Si partimos de la base de que la felicidad no es un estado constante, sino que nos llega en pequeñas dosis de éxtasis de vez en cuando, entonces la verdadera posibilidad de la felicidad solo puede nacer del fondo de uno mismo. Es únicamente cuando somos completos en nuestra esencia, que podemos aspirar a disfrutar de todo lo que la vida ofrece. De manera que nuestros hobbies, nuestras pasiones, nuestros gustos e incluso nuestros más escondidos placeres, serán siempre un complemento de nuestro ser íntegro, y no la solución a nuestros días tristes. Si basamos nuestra total realización en elementos externos, perderemos de vista qué nos falta para ser seres completos.

Algo que resulta siempre extraño y a veces hasta sospechoso es el ataque feroz de muchos medios de comunicación contra atletas que le dan alegrías a este país tan falto de ellas. Puede ser que algo falte en sus vidas para estar completos. El ejemplo más claro es la lista exagerada de críticas hacia el Chicharito por las jugadas que no terminan en gol. Resulta increíble la cantidad de tiempo que invierten repitiendo una falla cuando la prensa alemana enaltece sus aciertos. Así son muchos mexicanos. Pareciera que les ofende mucho el triunfo de otro mexicano en el extranjero. Javier Hernández, el delantero mexicano más importante en los últimos diez años, está donde está porque nunca se detiene a perder el tiempo en nimiedades. Simplemente continúa su camino para ser un ser completo. Somos muchos los mexicanos que no nos detenemos ante la oleada de malas noticias, ni ante la ineptitud de quienes nos gobiernan, ni ante los egoísmos y las envidias. Todos los días salimos a la calle millones de mexicanos convencidos de que significamos esa diferencia vital. Por todos estos mexicanos, salud. Y que los chispazos de felicidad sean más constantes y duraderos.

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