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Libros para el otoño

Como ahora me dedico a servir de cicerone a autores que visitan Guadalajara, organizarles la presentación de los libros y convocar a los medios, me entero de muchas novedades que están a la mano en las librerías, escritas por jóvenes escritores, unos más conocidos y otros más bien noveles (que no nóbeles… todavía).

Aunque algunos dicen que es mejor no conocer a los autores porque desilusionan, ser promotora de una editorial me ha permitido conocer a personas comunes y corrientes, “gente como uno”, que además de ser amables y de impresionarse con el paisaje de esta ciudad y con su comida, son capaces de entablar conversaciones con las personas que los siguen, como si fueran viejos conocidos (aunque nunca faltan quienes piensan que están en una rayita más arriba).

Después de leer los ladrillos de casi mil páginas que han sido best sellers en temporadas pasadas, me tomo la libertad de recomendarles algunos libros más cortos, que son los que prefiero, cuya lectura estoy disfrutando. Aquí van:

Amalia Andrade, una joven colombiana, con una frescura envidiable, ha logrado convocar a decenas de jóvenes (hombres y mujeres) y también a personas maduras con su libro Uno siempre cambia al amor de su vida (por otro amor o por otra vida) (Planeta), a reconocerse como personas en duelo por estar sufriendo alguna pérdida. Nos convence de que está bien estar mal, y de ahí para adelante. El libro se mofa de los libros de autoayuda y acaba siendo de gran ayuda, con un tono por demás divertido e inteligente. Mi favorito del año.

c28_books_01Con orgullo tapatío menciono a Antonio Ortuño, que este año nos presenta el libro de cuentos Agua corriente (Tusquets), para sumarlo a su ya amplia producción literaria. El estilo peculiar que nos ha mostrado en sus anteriores textos, continúa en esta publicación, en donde el tono ácido y de búsqueda constante nos presenta personajes contradictorios, que se rebelan y nos encaminan a lo dramático y a lo divertido. La carrera literaria de Ortuño va por buen camino, nunca deja de sorprendernos.

Destinado a convertirse en el libro del año, La viuda de Fiona Barton (Planeta) narra la historia de Jean que ha de decidirse si revelar los secretos de culpabilidad de su difunto marido o seguir con su honorable vida. Los enredos de la historia se van develando a través de un policía y una periodista, quienes, cada uno desde su posición, muestran su visión correspondiente.

El inesperado plan de la escritora sin nombre de Alice Basso (Planeta). Esta novela es una joya. Es, sin temor a exagerar, la apuesta del segundo semestre del año. La protagonista es una ghostwriter que se involucra en historias que no son suyas pero que a la vez sí lo son, o tienen que serlo. Es fascinante cómo entreteje e involucra al lector con la historia de principio a fin. Plenamente identificada con Silvana la protagonista, les digo que no se arrepentirán de sumergirse en el fascinante mundo underground que dibuja con una lucidez y actualidad sorprendentes.

“Me acuerdo que mi bicicleta tenía dos llantas fijas.” “Me acuerdo de que Warren Beatty es el hermano de Shirley McLaine.” Estas son dos de las 480 anotaciones breves que contiene el libro Me acuerdo de Georges Perec (Berenice), traducido habilísimamente por Yolanda Morató. Siendo Perec poco conocido, desde que este libro llegó a mis manos, vive en mi mesa de noche; lo leo y lo releo sin aburrirme. Es un ejemplo de cómo darle importancia a lo cotidiano y de darle un valor a cada vivencia o imagen en el día a día. El libro es una invitación a que seamos capaces de decir: “Me acuerdo de…”, y eso será entrañable, porque acordarse y recordar hacen alusión al corazón. ¡Quiero acordarme!

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