Liliana Porter

Cuando me dijeron que iba a entrevistar a una artista que ha expuesto en los museos más reconocidos del mundo, como el MoMA, el Guggenheim, el TATE Modern, el Museo Tamayo, The Met y muchos otros más, me sentí increíblemente emocionada por la oportunidad de conocer a una mujer tan reconocida y extraordinaria como ella.

Quedamos de vernos a las 11:00 de la mañana en Demetria. Antes de comenzar con nuestra extensa plática, sentí una extraña combinación entre nerviosismo y emoción, que no se me quitó hasta la mitad de la entrevista. Decidí empezar preguntándole sobre los eventos que marcaron su infancia, cómo es que ella se fue formando como una artista y de dónde surgió su gusto por el arte. Me dijo que toda su familia hacía arte, pero principalmente, el que más influencia tuvo en ella fue su papá, Julio Porter: él era un hombre del teatro, hacía radio, cine, y disfrutaba la literatura.

DSC_3740Liliana Porter es una artista contemporánea, nacida en Buenos Aires, Argentina. Trató de explicarme cómo las primeras cosas que observamos influyen en nuestra formación: “Las primeras vivencias se transforman en una matriz o en un lente, para que usted vea las cosas, ya que las experiencias de joven, son lo que a uno lo marca.” En ese momento pensé en lo maravilloso que debe ser tener arte en tu mundo cuando eres pequeño y cómo eso es lo que te forma totalmente como persona, lo que te alimenta y lo que te hace crecer. Una vida interesante y con hambre de crear.

Liliana continuó contándome de lo increíble que era su papá haciendo teatro. Ella estuvo mucho tiempo cerca de los actores, y siempre quiso actuar junto a su padre, pero nunca tuvo la oportunidad de hacerlo. “Todos en la vida quisimos ser actores”, dice entre risas. No fue en sus inicios cuando decidió ser artista, sino que el arte poco a poco se le fue dando sin que ella lo planeara: “Yo hubiera sido escritora en lugar de artista.”

Le pregunté cuándo comenzó su carrera y ella, sonriendo, repitió mi pregunta: “¿Cuándo comenzó todo, decís? Fue en el 58, cuando me mudé a Nueva York, junto con Luis Camnitzer, un artista nacido en Alemania pero con residencia uruguaya, y José Guillermo Castillo.” Ambos fueron sus compañeros en las aventuras y hazañas vividas en una ciudad tan cambiante como lo era el Nueva York de los 60.

DSC_3732En 1964 los tres mosqueteros fundaron un taller llamado New York Graphic Workshop, en donde hacían ediciones de grabado de diferentes tipos y técnicas. Poco a poco fueron conquistando el mundo del arte, ganando un reconocimiento. Sin embargo no podían con los gastos del taller y debían de mudarse a otro lugar. Fue entonces cuando, gracias al destino, se encontraron con un hombre que tenía dos vidas: artista de noche y dentista de día. Les prestó un estudio que tenía todo el equipo para hacer los mismos grabados que ellos producían en el New York Graphic Workshop.

“Yo misma no puedo creer que las obras que hice a mis veinte años cuestan más que las de ahora, eso te da una libertad impresionante de hacer lo que quieras.” Eso es lo más padre que te puede pasar siendo artista, tener la autonomía para proyectar lo que quieres ser, lo que quieres expresar y lograr que el público se identifique con lo que haces. A Liliana le pasa exactamente eso. Con una trayectoria de más de 50 años como artista, ya puede hacer lo que le plazca. Hace poco tiempo dirigió su primera obra teatral, llamada Entreactos: situaciones breves, en donde plantea una aproximación a la búsqueda del sentido de las cosas que nos suceden y a lo que hacemos voluntaria o involuntariamente. “Me hubiera encantado que mi padre hubiera estado ahí para verme en la obra.” Cuando Liliana dijo esto pude ver en sus ojos lo orgullosa que esta de su padre y el cariño con el que lo recuerda.

DSC_3832Sobre los figurines (parte de su exposición en el MAZ, titulada El hombre con el hacha y otras situaciones breves), Liliana dice: “El actor humano tiene un vacío y siempre hay que meterle una historia, en cambio los figurines con los que trabajo nacen con su propia historia.” Me sorprende la comparación que hace en ese momento, porque es verdad que para ella cada obra nace con algo que contar. En cierta forma, podemos decir que los artistas cuentan relatos e historias, pero no con palabras, sino con lo que hacen y crean. “Mis obras no son siniestras, son historias alegres y tristes”, dice Liliana.

Los primeros objetos que utilizó cuando empezó a crear con los figurines, eran barquitos, libros, pequeños figurines de humanos, usó pósters de artistas: “Es una especie de elenco”, dice entre risas, “era para que terminaran en el teatro, porque es un elenco al que yo le creaba una historia”. También me cuenta que hay algunos que ya vienen con una historia que contar y que ella los posiciona en su contexto: “Los figurines son objetos encontrados que voy coleccionando, todos son antiguos, ninguno es del presente.”

DSC_3804Porter identifica a las Guerrilla Girls (artistas anónimas feministas) como parte de su influencia. La artista reconoce que hay diferencias injustas entre los expositores por su género: “Los cuadros de los hombres son mejor valuados que los de las mujeres.” El talento de un artista que comparte con el mundo su creatividad, su agudeza y trabajo, se llena de orgullo al ser reconocido por el esfuerzo invertido en sus obras, sin importar si es hombre o mujer.

Liliana, una mujer optimista y transparente, que goza creando. Relajada y risueña, me contagia su filosofía de crear transformando el mundo en expresiones puras y sinceras. Ha tenido una vida que parece sacada de un guion de una película. Ha sido un gusto conocer a una artista como Liliana Porter, tan centrada, humilde, simple y alegre. Terminamos la plática despidiéndonos, y me quedo con esta frase suya: “El humor es  lo que siempre te salva.”

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