Portugal22

Lisboa: un estilo de vida

Durante mucho tiempo tuvimos la idea de viajar a Portugal. Nos parecía que podía ser divertido hacer un viaje para reconocer juntos los rincones de un país que nos fascinaba y visitar a amigos comunes, como Juan y André. Nunca concretamos una fecha, pero pasamos muchas horas imaginando ese viaje. Un día, en una comida en Guadalajara –en la que seguramente, en algún momento, hablamos de Portugal y del viaje que teníamos pendiente– uno de nosotros recibió un correo que anunciaba una promoción para volar a Madrid. El precio era muy atractivo. Sin pensarlo mucho, decidimos que era el momento de hacer aquel viaje que había sido el centro de muchas de nuestras conversaciones; compramos los boletos y comenzó la aventura.

Portugal16Una parte importante de la planeación era armar una historia convincente, para explicarles a quienes teníamos que explicar algo, las razones de un viaje que a cualquiera le podría haber parecido precipitado. Con una buena historia para eliminar cualquier sospecha de locura, lo que nos quedaba era muy poco tiempo para prepararlo todo.

Portugal15Diez días después nos encontramos en el aeropuerto de Guadalajara, cada uno con maletas hechas y con ideas más o menos organizadas para el viaje. Lo que teníamos claro era que la suma de los tres era lo que le daría a nuestro viaje un toque especial.
Llegamos a Lisboa a las seis de la mañana. Del aeropuerto nos fuimos directamente al Barrio de Baixa para buscar un lugar donde desayunar. Después de un melón, un par de tostas y café americano, nos encontramos con Juan y André, nuestros amigos y anfitriones, quienes nos recibieron con un plan que incluía una serie de actividades por la ciudad, que acabarían por convencernos de que Portugal, y específicamente Lisboa, es uno de nuestros destinos favoritos.

Portugal10Comenzamos a caminar con dirección al río Tajo. Lo primero que nos sorprendió en nuestro recorrido fue la luz de Lisboa que se refleja en los mosaicos de las calles y baquetas. La imagen es una de las más bellas, blancas y brillantes que los tres hemos visto.
En la Plaza de Comercio tomamos el famoso tranvía 28 para recorrer una parte de la ciudad. Para Renata, la única de los tres que no había visitado Portugal antes, fue el primer encuentro con Lisboa.

Más o menos cada dos horas hacíamos una parada en alguno de los miradores que están en las cimas de las siete colinas que delinean la geografía de la ciudad, para tomar una Imperial y admirar fachadas y tejados coloridos y nostálgicos. Llegó la hora de alimentar al cuerpo. Casi por accidente entramos en uno de los muchos lugares donde se puede comer en la ciudad; el accidente fue muy afortunado porque probamos por primera vez las sardinas asadas. Más tarde, decidimos sentarnos a tomar unos gin tonics en uno de los quioscos que es posible encontrar en prácticamente todos los parques de la ciudad. Ahí pudimos contemplar el estilo de vida genuino, auténtico y relajado que llevan los locales todo el año.

A Lisboa hay que caminarla sin rumbo fijo. Cada paso es una oportunidad de encuentro con sus habitantes y con los sabores que hacen de la ciudad un destino obligado para los amantes de la buena comida; cada paso es un deleite para quienes disfrutan el gusto del patrimonio, de lo antiguo. Lisboa es una Europa que desconoce las metrópolis frívolas y desvanece el estereotipo de lo moderno y superfluo.

Los lisboetas saben compartir su ciudad. Abiertos como nadie a los visitantes, valoran mucho al turista, comparten sus historias y te acogen de una manera que solo ahí se puede dar. El aprecio que tienen por su cultura y tradiciones ha convertido a su ciudad en un ejemplo de cómo es posible recuperar y mantener vivas tradiciones en un mundo contemporáneo. El resultado es una ciudad con contenido auténtico. La villa de Sintra es una muestra de ello. Llena de arquitectura romántica del siglo XIX y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: al recorrer los caminos de Sintra te toparás con construcciones que quedarán grabadas para siempre en tus recuerdos.

Portugal20Lisboa ha encarado la contemporaneidad de una manera muy interesante. El Mercado da Ribeira, también conocido como Mercado 24 de Julio, es el más grande de la ciudad y desde su apertura, en 1892, ha sido el principal de Lisboa. Ahí puedes encontrar desde pescado fresco, frutas y verduras, hasta una oferta gastronómica muy amplia y de autor. En 2014 la revista Time Out lo restauró para convertirlo en la meca de la gastronomía de Lisboa (avenida 24 de Julho 50).

Una visita obligada en la ciudad es A Vida Portuguesa, una tienda concebida por Caterina Portas, una periodista que desde 2007, en su afán por preservar los productos tradicionales del país, se ha dedicado a incentivar a productores locales para que conserven los empaques originales de sus productos y mantengan las tradiciones en su elaboración. Con dos sucursales en Lisboa, A Vida Portuguesa es considerada una de las mejores tiendas de Portugal; ahí puedes comprar verdaderas joyas tradicionales en lugar de los souvenirs convencionales (sucursal Chiado: Rua Anchieta 11, 1200-023 Chiado; sucursal Intendente: Largo do Intendente Pina Manique23, 1100-285).

Portugal21Pero al final, si nos preguntan con qué nos quedamos de Lisboa, seguramente contestaremos que con los amigos –los que ya teníamos y con los que nos acercamos más, y los nuevos, los que hicimos durante el viaje–; con las canciones que cantamos en la carretera, con Amalia y el fado; con los pasteles de Belém; con la última cerveza antes de llegar al aeropuerto y las historias que compartimos; con las risas y la promesa de regresar pronto, de regresar siempre.

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