In front of Milad Tower,top of Tehran,Iran

Nassim Soleimanpour, de viaje sin salir de Irán

En 2010, el dramaturgo iraní Nassim Soleimanpour escribió White Rabbit, Red Rabbit (Conejo blanco, conejo rojo), que se estrenó en 2011 en Escocia y Canadá simultáneamente. Desde entonces la obra ha sido representada por actores de distintas latitudes, en diferentes lenguas y escenarios. Cada función, frente al público, el actor en turno recibe un sobre con un texto que desconoce, y se lanza a su interpretación sin haber ensayado, sin la preparación tradicional ni la pauta que suele marcar un director de escena. La curiosidad del intérprete y del público, las posibles variables y la oportunidad de participar de una puesta en escena irrepetible, se han conjugado en un inusitado ritual escénico que comienza con el texto y se completa con la recepción del performance.

Conejo blanco, conejo rojo llegó a la Ciudad de México el junio pasado y seguirá presentándose hasta el próximo diciembre, en La Teatrería (Tabasco 152, Roma Norte), con actrices y actores distintos cada noche de jueves. Irene Azuela, Cecilia Suárez, Luis Gerardo Méndez, Diana Bracho, Bruno Bichir, Mónica Huarte, Daniel Giménez Cacho, Juan Manuel Bernal, Regina Orozco, Julieta Egurrola, son algunos de los encargados de materializar la voz de Nassim, un dramaturgo que ha logrado traspasar fronteras con ayuda de este trabajo escritural y escénico. Ante la imposibilidad de salir de Irán, el autor viaja por todo el mundo a través de su obra, que esta vez aterriza en México.

Cuando Nassim Soleimanpour habla de teatro, se refiere a un ensayo constante que trasciende el plano de las palabras y que se vale de ellas para instalarse en la existencia misma. Teatro y vida, ambos susceptibles de ser colocados en terreno experimental, corren según el iraní de forma paralela, desde el principio de sus propios tiempos. Hijo de padres artistas (un novelista y una pintora), Nassim decidió volcarse en la escritura cuando tenía dieciocho años: “Hablar de cómo me convertí en dramaturgo es narrar la historia de mi vida”, sentencia en entrevista telefónica, y agrega que, en cuanto a acontecimientos recientes, se siente muy feliz y emocionado de que la obra celebre su primera temporada en la Ciudad de México.

El autor explica que Conejo blanco, conejo rojo es una pieza central en su vida, con un profundo significado en su carrera y en su historia personal: “Esta obra simboliza una etapa fundamental, pero también todo un proceso. Aunque no se trata de un texto autobiográfico de manera estricta, sí puede decirse que se inspira en mis experiencias.” A propósito de la estructura, Nassim deja en claro que este ejercicio escénico es mucho más que una lectura dramatizada: “La estructura de Conejo… va más allá. No se trata de una lectura en sí, puesto que el público está involucrado de una forma más activa que como sucede en el teatro convencional. El texto plantea la oportunidad de interactuar, e incluso el número de personas que conforman el público es determinante. Esto le da autenticidad al trabajo actoral, que se enriquece con errores, contratiempos naturales en la experimentación. El actor y el público se colocan así al mismo nivel. Es como si el futuro les llegara al mismo tiempo a uno y a otro: ambos lo reciben tomados de la mano.”

In front of Milad Tower,top of Tehran,Iran¿Y cuál es el asunto Conejo blanco, conejo rojo?, ¿en qué consiste ese mensaje que ha viajado por el mundo, más allá de las fronteras, la búsqueda y la expectativa? “Me es imposible describir el tema de esta obra, reducirlo a un par de oraciones”, dice Nassim, y parece estar saboreando su respuesta, pronunciada con suavidad. Con respecto a los autores que más le gustan, el dramaturgo responde: “Los mejores escritores son aquellos a quienes no conozco todavía, esos que tienen la cabeza llena de ideas y están por comenzar a escribirlas”, y a través de la línea telefónica y la distancia se percibe una leve sonrisa detrás de la voz. Después de una pausa, Nassim dice estar leyendo Dead Aid de la zambiana Dambissa Moyo, un ensayo sobre las infructuosas donaciones a países africanos en crisis, a causa de un sistema y unas políticas deficientes.

Actualmente Nassim viaja también al Reino Unido con más reciente creación: Blank, una obra de teatro que retoma el afán experimental de Conejo blanco, conejo rojo. En esta nueva propuesta el iraní reta al público, y acaso también al actor, a llenar espacios vacíos (fill in the blanks) para que entre todos construyan historias propias, para que se conviertan en “entidades narrativas” y celebren la imaginación humana. Esta vez el libreto está escrito a partir de huecos que el espectador debe ir completando, en una construcción escénica que al final resulta colectiva: “No puedo dejar de concentrarme en este tipo de estructuras, tengo que salirme de lo convencional, buscar respuestas. Me propongo valerme de la audiencia para hacer teatro de una forma distinta.”
Conejo blanco, conejo rojo de Nassim Soleimanpour, producida por José Manuel López Velarde, se presenta en La Teatrería (cdmx), los jueves a las 20:30 horas, hasta el 15 de diciembre.

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