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Pollo Blanco, un divertimento muy en serio

Hace más o menos dos años, Carlos López de Alba y Ana Petersen decidieron crear un sello editorial que reuniera libros atractivos y accesibles en cuanto a diseño y contenido, con títulos para quienes creen en la literatura como un divertimento significativo, elegidos desde un consejo de lectores dispuestos a colaborar en el proceso de selección. Así surge Pollo Blanco, que se suma al panorama de opciones en Guadalajara y México, con un pequeño catálogo de libros que promete crecer, en versión impresa y electrónica (disponible en Amazon).

Se trata de una editorial en que la independencia es entendida no como contracultura o escasez de recursos, sino como libertad ideológica. Entre sus publicaciones hay títulos de la argentina Lola Arias, el alemán Saša Stanišič, y los mexicanos Lorel Manzano y Jis. Obras como las que encontramos en Pollo Blanco, además de ofrecer una alternativa que da prioridad al criterio del lector, funcionan como una recomendación personal, casi íntima, por parte de quienes encabezan este proyecto, del que Carlos habla para Cream.

C24_Books_02 copy¿A qué tipo de lectores van dirigidos los libros de Pollo Blanco?
Hicimos un ejercicio para conocer el perfil de nuestros lectores y encontramos que es prioritariamente femenino (más o menos el 60 por ciento de nuestros lectores son mujeres), de entre 25 y los 40 años, procedente de Guadalajara, Monterrey y DF, por la distribución y porque la gente de estas ciudades nos sigue más en redes, en compras por internet. Esto se relaciona con el perfil de la editorial. Estamos convencidos de que sí, el editor es un filtro, un censor, y más en estos tiempos tan llenos de información vertiginosa, pero no creemos que él deba llevar la batuta, sino que debe compartirla con el lector.

Has comentado que Pollo Blanco es un divertimento muy en serio…
Cierto, buscamos que los libros, el concepto de la editorial, sean desenfadados, distantes de las editoriales (con esos nombres pomposos como “La Metáfora Rampante”), en que el editor es intocable. Desde que concebimos este proyecto quisimos que fuera cercano al lector. Por eso publicamos lecturas accesibles en todos los sentidos: el precio, el aspecto físico (la tipografía, el diseño, el tamaño), y también en cuanto a las historias que contamos. Esto no quiere decir que nuestros lectores sean poco exigentes ni que seamos menos rigurosos. Al contrario, somos profesionales: los procesos que seguimos, la distribución que tenemos, los derechos que compramos, los proveedores con quienes trabajamos… Cada libro que hacemos nos entusiasma mucho, tratamos de ponerle un toque divertido, igual que a las presentaciones que organizamos y los lugares que elegimos para ellas. Somos un proyecto cultural, tenemos muy claro lo que buscamos, sabemos que debemos ser autosustentables en un determinado plazo. Todo ello a través de lo que más nos gusta hacer que es leer, recomendar lecturas y hacer libros. Finalmente, para nosotros, todo esto es un quehacer, una visión del mundo.

¿Cómo les ha ido con los libros ilustrados?
Originalmente no pensábamos publicar libros ilustrados o para niños. Hacerlo nos ha representado un golpe de timón, pero el libro de Jis, Luna de gatos, ha sido un hitazo en todos los aspectos, un libro talismán. Tenemos otro título que se llama Lo que desaparece, también ilustrado, del regiomontano Antonio Ramos Revilla, que aborda el tema de las desapariciones desde los juguetes que se pierden, o desde cuestionamientos como ¿por qué se perdió un calcetín y otro no? Ya está agotado. Y ahora en la feria de Fráncfort, en que estuve recientemente, comenzamos a cerrar el acuerdo para una edición de la obra en Chile.

¿Cuántos libros han publicado hasta ahora?
Terminaremos el 2015 con un catálogo de once libros. Publicamos unos cinco por año. Todos los pollos tenemos prisa por crecer, pero nuestra prioridad es que cada libro sea redondo, a pesar de la cuadratura de su formato: que la edición esté cuidada, que no falten recursos, que exista el fondeo necesario, que haya buena distribución y promoción para cada título.

¿A qué se debe el nombre de la editorial?
Duramos unos ocho meses planeando el proyecto: teníamos el concepto, un wishlist de autores, un plan financiero, etcétera. Faltaba nombre. Hicimos una lluvia de ideas. Una integrante del equipo, distraída con su celular, escuchó que yo comentaba algo sobre un amigo de España, Álvaro González, cuyo proyecto editorial se llama Cuello Blanco, y esta chica, que no había escuchado con atención mi comentario, dijo: “Qué lástima que el nombre ya esté tomado, Pollo Blanco nos habría quedado como anillo al dedo.” Convertimos la anécdota en broma y a partir de ella construimos la idea, pensamos en nombres para colecciones, y finalmente, entre las opciones que teníamos, Pollo Blanco fue el nombre que más nos gustó: el pollo tiene plumas, igual que una editorial; se puede servir en restaurantes suntuosos o en mercados barriales, hay para todos los gustos y todas las edades. Todo eso resultó congruente con nuestro proyecto.

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Pollo Blanco, además de seguir publicando literatura extranjera, planea incluir en su catálogo a más autores mexicanos: continuar con Lorel Manzano (que estará presentando Quebrantahuesos en la FIL 2015), un libro con Juan Villoro… La idea es contar al menos un libro al año de un autor nacional. Desde Cream, damos la bienvenida a este sello editorial y a las alternativas frescas que ha estado llevando a los estantes del país.

Pollo Blanco
polloblanco.com.mx
Twitter: comopolloblanco
Facebook: /PolloBlancoeditorial

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