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ROCÍO ECHEVARRÍA: CUATRO DÉCADAS DE GENEROSIDAD

Casa Huichol es una organización que ha ayudado a la comunidad wixárika desde hace treinta años. Rocío Echevarría, la fundadora del proyecto, nos platicó acerca de los orígenes y misión de esta iniciativa.

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¿Cómo nació la idea de Casa Huichol?
Fue un proyecto que surgió después de haber hecho mis prácticas médicas en la comunidad de Tatei-kie. En 1972 fui pasante de enfermería y solicité hacer mi servicio social ahí. Estuve viviendo en el centro de salud y definitivamente no pude pensar en irme; tras haber terminado mi año de servicio, me quedé cinco años más. Fui a otra comunidad durante cuatro años y después fundé Casa Huichol en 1983.

¿Cuál es su misión?
En su esencia, ayudar a la preservación del pueblo wixárika, dándole un seguimiento al proyecto inicial que se enfoca en la salud.

¿Fue determinante la profesión que escogiste?
Hay una cosa muy hermosa, y es que la carrera de enfermera general significa ser la mano derecha del médico, quien se encarga de revisar y diagnosticar. Trabajas en el cuidado del enfermo, pero también tienes el conocimiento de la aplicación de los medicamentos. Eso me permitió seguir atendiéndolos el tiempo que estuve ahí.

¿Qué te impulsó a buscar apoyo en Guadalajara?
Después de estar en Tatei-kie seis años, yo añoraba un laboratorio, un hospital. Así se podría detectar exactamente la condición por abordar, no diagnosticar medicamentos que no sabíamos si funcionarían con la misma eficacia. Concluí que al regresar a Guadalajara debía fundar un albergue para recibir a todos los pacientes enviados por pasantes que, como yo, ayudaban a proveer atención médica en comunidades rurales. Guadalajara es una ciudad que trabaja segundo y tercer nivel de salud, mientras que los centros rurales sólo ejercen el primer nivel, donde la única especialidad es atender partos. El transporte era muy limitado y las comunidades están muy alejadas.

¿De qué manera recibiste apoyo al comenzar?
Unos amigos de la familia me prestaron dos propiedades por diecisiete años, fíjate qué buena onda de cuates. Ahí podíamos tener tanto el área médica, el albergue, como la administrativa. El establecimiento en el que residimos ahora lo tenemos desde hace trece años.

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¿Qué programas ofrece Casa Huichol?
Dentro del apoyo que le damos a los enfermos que derivan los centros de salud de la zona norte, tenemos un proyecto organizado por la fundación C&A para capacitar a los huicholes. También impartimos talleres acerca de la prevención y tratamiento de ciertas condiciones de salud, alimentación y atención médica.

¿Qué rol juegan los voluntarios en la asociación?
Tenemos a muchos jóvenes que se apasionan por la misión de apoyar a la cultura wixárika, entre ellos mis hijos Andrés y Jero. Sienten ese deseo de participar y aprender. Aquí, al ayudar a los huicholes, encuentran un espacio donde se construyen como personas.

¿De qué manera ayudan a difundir el conocimiento de la etnia wixárika?
Trabajamos con escuelas para que aprendan que en Jalisco hay un pueblo originario que es rico en cultura. Que [los huicholes] son personas hermosísimas, muy educadas gracias a los valores que se transmiten por medio de la familia. Es una cultura que tiene grandes valores como sociedad independiente. No dependen de los sistemas como nosotros, del gobierno o de la las instituciones religiosas. El consejo de ancianos es quien determina al gobernador, el cual ejerce durante un periodo de un año. Así, todos en la comunidad tienen el privilegio de dirigir a su pueblo al menos una vez.

¿Cómo peligra la cultura a raíz de la falta de conciencia?
La etnia huichol y sus santuarios sagrados han sido reconocidos en el mundo, y México muchas veces no tiene conciencia de la importancia de la preservación de un aspecto que conforma su identidad como país. No comprendemos que está en juego un legado que va más allá de México.

¿Cuál es tu motivación para continuar preservando la cultura huichol?
Como mexicana, me motiva el sentido del deber que obtuve cuando conocí la riqueza de su cultura y comprendí sus necesidades. Fundar la asociación es una responsabilidad muy grande porque estoy aportando algo diferente a México: la conciencia de preservar un pueblo originario como lo es el pueblo wixárika. El compromiso que tenemos con las escuelas, por ejemplo, para que lo conozcan y sepan que es un aspecto de México que se conoce a nivel global. En Jalisco tenemos que estar muy prendidos y sentirnos orgullosos, ya que de los cincuenta y dos pueblos indígenas del país, el wixárika es el único que es cien por ciento autónomo.

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¿Cómo ha cambiado Casa Huichol a través de los años?
Este año estamos muy contentos porque logramos entrar en la misma sintonía. Las instalaciones funcionan con energía solar, contamos con acopio de agua pluvial, así como la conciencia de la siembra. Los wixárikas sienten un deber ante la Tierra, y eso lo hemos ido integrando en la asociación.

¿De qué manera podemos ayudar?
Primero, hay que reconocer que tenemos un gran pueblo originario, e informarse por medio de textos u otros recursos. Integrarse a los proyectos, tanto en acopio como acción directa; ayudar en la asociación y en las comunidades, o contribuyendo con aportaciones en la página web de Casa Huichol. También incorporarse a programas de asesoría para informar acerca del pueblo wixárika, ya que, después de cuarenta y un años de trabajar con ellos, estamos comprometidos con la difusión de su cultura.

Más información en:
http://www.casahuichol.org/

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