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Romance, Love, Life

A falta de buen cine y de buenas historias por contar en las pantallas de los cines, la tv una vez más gana terreno con sus apuestas atrevidas, lideradas obviamente por Netflix. No solo son series de acción sino también de comedia, romance y varios documentales. Pero dentro del cine independiente y los festivales como Sundance, que ya de independiente le queda muy poco, surgen algunas propuestas que llaman la atención (o por lo menos a mí me llaman la atención): esas historias que relatan las relaciones humanas y cómo las vivimos e interpretamos hoy en día, entre las que resalta Manhattan Romance.

Siempre he sido un fan de las chick flicks y no me apena aceptarlo. Desde chico quedé marcado por el tipo de relaciones de amor representadas en la pantalla por películas como Can´t Buy Me Love, Pretty in Pink, St. Elmo’s Fire, Some Kind of Wonderful, por nombra algunas. En aquel panorama, sin duda alguna un director sobresalía con sus filmes, que marcaron a toda una generación, y ese director era John Hughes. Todos los que nacimos en los años 70 y 80 vimos por lo menos uno de sus filmes: Sixteen Candles, The Breakfast Club, Ferris Bueller’s Day Off, entre otras… Por lo general los actores de esa generación eran los mismos en todas las películas para adolecentes.

Pero esas historias quedaron atrás, ni si quiera los finales se parecen a los de hoy en día, y me refiero a los finales de filmes serios con propuestas novedosas e interesantes, no a las comedias taquilleras que siempre tienen un final feliz (no se trata del mismo cine). Aquí estamos hablando de lo que el cine es realmente: un reflejo de nuestra sociedad, en donde la vida real se pasa a la pantalla y viceversa. Un ejemplo claro es la serie Love de Netflix, producida por el John Hughes de la época actual, Judd Apatow, quien también produce y coescribe Girls de Lena Dunham (que nada tiene que ver con Sex and the City, aunque todo suceda en Nueva York… es otro tipo de Nueva York y totalmente otra audiencia).

Love es una historia por completo actual sobre los desamores de un nerd viviendo en Los Ángeles, una radiografía de las relaciones del presente, con un descaro y una crudeza tan reales que asustan, porque no hay finales felices, es más, no hay finales, punto, lo que vemos es la vida misma que continúa. Las relaciones hoy en día, a mi parecer, son lo que cada uno de nosotros queramos que sean. “Hay diferentes maneras de querer”, me dijeron una vez, y sí lo creo. No se puede meter un sentimiento como el amor en un esquema, es como la creatividad: no se puede decir que hay que ser creativo solo hasta la pared de enfrente o solo con un par de colores… En fin, creo que ya me desvié del tema, pero así mismo los nuevos cineastas y escritores se desvían de la manera tradicional de escribir para abrir nuevas puertas y construir nuevas narrativas que reflejen su constante construcción de la identidad.

Manhattan Romance CreamManhattan Romance del director Tom O’Brien se centra en Danny (Tom O’Brien), un editor y documentalista comercial que intenta terminar su película —un estudio sobre las relaciones modernas— mientras navega por las relaciones en su propia vida. Danny perseguirá lo inalcanzable: Theresa, una bailarina de espíritu libre (Caitlin Fitzgerald), o admitirá finalmente que está enamorado de su mejor amiga, Carla (Katherine Waterston), quien se encuentra en una relación insatisfactoria con Emmy (Gaby Hoffmann), una estratega política. Lo que más sobresale de esta película es la naturalidad con la que el actor, escritor y director aborda todos los temas, y esto no es más que seguramente un reflejo de lo que él ha vivido personalmente. Él solo lo traspasa y lo decora para su película, y por eso funciona tan bien, porque es real.

El debut del director en 2012, con el filme Fairhaven, seguía la historia de tres treintañeros desilusionados por la vida, que vuelven a conectar en su ciudad natal. O’Brien centra el malestar de estos tres individuos en Massachusetts, usando la húmeda ciudad costera para enfatizar las limitaciones y frustraciones de los personajes, creadas por las falsas promesas de terminar la universidad y llevar la vida perfecta. Sin embargo O’Brien se vale de la vorágine de la ciudad de Nueva York para Manhattan Romance como escenario, para enfatizar la vida individual y desconectada de sus personajes, mientras que conscientemente hace una versión más cruda de una comedia romántica de Woody Allen.

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