Dos pendejos, una tanga y una falda / por Tessa Ia

De cómo simples gestos justifican movimientos.

Hola. Vengo a hablar de feminismo. Eso que se encuentra tan malentendido. Eso que nos hace tanta falta. Para empezar, la definición. Yo sé que ustedes son gente grande y leída, y que ya saben, pero aquí tienen. Según la rae, feminismo es la ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres. Aquí le agrego yo: no busca elevar a las mujeres por encima de los hombres, no tiene como fin último meter a todos los hombres bajo tierra y ordeñarlos por su semen (aunque gracias, South Park, por la gran idea). Busca simple y, una pensaría, sencillamente, la equidad de género. Ahora, no voy a llenar esto de citas de Simone de Beauvoir o de Rosario Castellanos, solo voy a dejar sus nombres disueltos por aquí para agradecerles, entre muchas otras, el que yo hoy pueda votar, trabajar, y ser dueña de mí. En realidad, vengo a contarles una desagradable experiencia que acabo de vivir, y a preguntarles, en consecuencia, ¿en qué momento de la línea del tiempo de la vida se extraviaron mis derechos como ser humano?

Venía yo caminando, muy campante, con mi nueva falda. Caminando por mi barrio, derritiéndome por el maldito calor de mierda que estamos sufriendo hoy día. Y, verán, aunque a ustedes les valga al leer esto, el hecho de que yo ese día decidiera usar falda me era muy importante. ¿Por qué? Porque llevaba meses, si no es que un año o más, sin usar faldas. Y aquí entiendo que a ustedes les siga valiendo pito el que a mí me incomodara usar falda. Pero para mí, esto significaba que, de entrada, salí por la puerta de mi casa muy consciente de mí. Muy insegura. Pero bueno, el calor lo ameritaba. Salí dando pasos toscos como de hombre. Toscos como de hombre por si a algún señorcito se le ocurriera voltear a verme, se arrepintiera inmediatamente al ver mi paso contundente, en absoluto gracioso.

Parada en la esquina, esperando cruzar la calle, percibí a un señor policía parado unos pasos detrás de mí. Paranoica yo, pensé: este señor podría tener una razón completamente válida para estar parado ahí, como podría simplemente estarse echando un taco de ojo. Pero es feo cacharte pensando eso. No hay que ser prejuiciosos. Así que seguí mi camino. Tun. Tun. Tun. Derecha, izquierda, derecha, izquierda. Lanzando miradas fulminantes a quien osara mirarme más de un par de segundos. Segura de que todos lo hacían. Hice, sea lo que haya sido, lo que salí a hacer, y ya que iba de regreso a mi casa sucedió. Sucedió de verdad. Y fue tan en vano el acto en sí, que fue aún más indignante. A un par de cuadras de mi casa, un par de hombres en un camión de Corona se me quedaron viendo. Los vi de regreso. Ellos, encantados con su taquito de ojo, prosiguieron a abanicarme una tanga negra que tenían colgando del retrovisor. Todo lo que tuve tiempo de hacer fue quedarme tiesa de vergüenza. Estos hombres habían corroborado mi sospecha de que yo no tenía derecho a sentirme libre, segura de mí, y tranquila, mucho menos en mi propia colonia.

15333A1-R01-006Y yo sé. Yo sé que lo que cuento “no es tan grave”. Nadie me tocó, nadie me siguió a mi casa, nadie me mató… Pero lo que sí me siguió fue una sensación de miedo. De inseguridad. De no poder estar en la calle sin dudar de las intenciones del policía que estaba parado detrás de mí. De tener que estar a la defensiva, siempre pendiente de que alguien no fuera a meter su celular por debajo de mi falda para intentar tomar una foto. De que alguien no me mirara más de un instante y me sexualizara. De que convirtieran la paz de mi día en su fantasía. Y es que se apropiaron de mi momento, de mi presente, y, ¿para qué? Para intimidarme y quitarme la libertad y el derecho de estar tranquila. Tranquila en la calle. Tranquila en mi barrio. No entiendo qué otro propósito podrían haber tenido.

Estoy segura de que los que creemos en el bien y en la equidad somos más pero, honestamente, desde este lado de la trinchera una llega a sentirse muy sola. Desamparada e impotente. Impotente al saber de amigas abusadas, de las hordas de comentarios vulgares y violentos que recibimos las mujeres en internet, los mensajes que incitan a la violencia a las víctimas de violencia, de los adjetivos calificativos que le ponen a una joven fallecida en un accidente automovilístico, a las justificaciones inventadas para la muerte de una chica en la UNAM, a nuestros cuerpos sexualizados para el consumo masculino, y censurados para el femenino. Y a todo esto hay que agregarle a un hombre que considera que sin verga no hay violación, un güey que violenta un movimiento del que no ha investigado ni un ápice, sensacionalizándolo como un movimiento violento para conseguir clics y vistos (porque obvio todos los movimientos son conocidos únicamente por las excepciones violentas, como cuando salimos a marchar por los 43, y las noticias ignoraron a las miles de personas que lo hicimos pacíficamente y solo hablaron de los aislados casos de violencia), una banda de mirreyes impunes y su secuaz el juez Porky, y un amigo que comparte memes en su Facebook que dicen “esto no es feminismo” *foto de las Pussy Riot*, “esto sí” *foto de la recatada y bien vestida Marie Curie*, como si eso fuera a ayudar al feminismo actual, más que denigrarlo, más que hacer a un lado los actuales problemas de las mujeres que están hartas del abuso y la condescendencia. De la falta de justicia y apoyo de parte del gobierno (en ese ¿quién confía ya?) y las instituciones. De nuestros amigos y hermanos. Porque las mujeres no tienen derecho a enojarse cuando algo malo les pasa. ¿Cómo se atreven a pintar sus plegarias en una pared? ¿Cómo se atreven a defenderse y golpear de regreso a quien las agrede? ¿Cómo se atreven a independizarse, caminar tranquilas en la calle, y vestirse de acuerdo con nuestro nuevo clima patrocinado por el calentamiento global? ¿Apropiarse de su sexualidad? ¡Absurdo! ¡Locuras! ¡Blasfemia! Perdón… me dejé llevar. Pero les pido que por favor no invalidemos un movimiento que en nuestro país, sobre todo, tiene tanta importancia. Porque hay tanto que está mal, y tanto que hay que corregir aún, pero también porque si en algún lugar podemos, y logramos ser líderes en este tema, ayudaremos a miles de mujeres en otras partes del mundo, de América Latina, que necesitan tanto más de este apoyo.

Recientemente más y más mujeres han alzado la voz en contra del acoso que viven. ¡Las invito a seguir haciéndolo! Y a los hombres los invito a escucharnos, a creernos, y a volverse parte de la solución. La chica a la que le bajaron la falda en la Condesa, la mujer que en una tienda cachó a un trabajador tratando de tomarle una foto por debajo de la falda, la adolescente que un taxista tumbó al piso en un camellón para intentar violarla antes de salir corriendo, la mujer que se madreó a un güey en el metro por tocarla indebidamente, la niña que apareció muerta en el Estado de México, etcétera. La lista sigue y sigue, y cada día crece más y más. Y es que si los vemos como casos aislados es que los determinamos como “no tan graves”, es uno aquí y uno allá… ¿no? Pues no. No para las mujeres. Para las mujeres es el día a día. No poder caminar segura sin estar atenta a todos lados. Sin tener que ignorar un chiflido, un “guapa”, un halago que no tengo por qué aceptar y que más que alzarme la autoestima me hace sentir perseguida y sola. Sola en mi lucha por la equidad. Sola en cuanto a valores y ética, sola en cuanto a educación, porque quien me chifla/grita/muestra algo en la calle y espera que yo lo tenga que asumir alegremente como mi realidad, no me está respetando. No está respetando mi derecho y mi necesidad de sentirme segura en la calle, en mi propio barrio, en mi ciudad, ni en mi país.

Por eso es que yo insisto con el feminismo. Insisto en que es algo que nuestra sociedad necesita terriblemente en estos momentos, y no es cosa únicamente de las mujeres. Si crees en la equidad de género ¡eres feminista! No necesitas ser mujer para para ponerte en los zapatos de una, para ser solidario, compasivo, ni para respetar a otro ser humano como igual. Estemos orgullosos de llamarnos feministas, de defender nuestros ideales, de luchar por lo que es correcto. Y, chicos, dejen de compartir fotos de chicas desnudas en sus grupos de WhatsApp, con sus amigos. Así es como empieza la degradación de los derechos de ellas sobre sus cuerpos y su sexualidad. Así es como ustedes deciden sobre ellas, actúan sin su consentimiento, les quitan su humanidad y las vuelven mujeres-objeto. Es momento de que decidan si en verdad valoran a las mujeres en sus vidas o si seguirán promoviendo el machismo. Lo que ustedes están haciendo, amplificado, es trata de personas. De nuevo, estoy convencida de que somos más los que queremos el bien y la equidad, pero es trabajo de todos procurarlo. No solo de las mujeres.

mil·len·nial

Cream_Prague-Vienna_2Los millennials integran la generación de individuos nacidos entre 1980 y 2000, aunque no hay consenso en cuanto a fechas exactas.

Se casan —cuando lo hacen— alrededor de sus treinta (en 1970 la edad promedio para casarse era de 23 años). Se reproducen cada vez menos. Muchos de ellos practican libremente la orientación del deseo o buscan formas alternativas de relacionarse.

En el 2018, los millennials constituirán la principal fuerza de consumo del país. Este consumo acontece principalmente en línea: objetos, información, transporte, arte, moda, estilo de vida.

Tienen acceso a grandes cantidades de datos: se trata de una generación hiperinformada que practica la inmediatez.

Muchos millennials quieren ser emprendedores. Prefieren la colaboración a los ambientes competitivos. Buscan horarios flexibles. Eligen un trabajo que los satisfaga, por encima de las ganancias económicas.

Leen revistas y blogs todos los días. Publican en redes sociales, generan y consumen contenidos como forma de vida. Experimentan la necesidad de permanecer conectados a internet. Llevan la red en sus bolsillos.

Los millennials dan prioridad al cuidado de su entorno y del medio ambiente. Abrazan la diversidad racial y sexual. Practican la inclusión. Se involucran con causas sociales.

Los millennials de nuestro país no siempre corresponden con la imagen del millennial global, tan difundida en medios. ¿Cuántos indígenas mexicanos, nacidos después de 1980, tienen un smartphone para comunicarse y publicar selfies en redes sociales? ¿Cuántos de ellos tienen siquiera acceso a una computadora?

La Fundación del Español Urgente (Fundéu) recomienda hablar no de millennials sino de milénicos o mileniales, algo que difícilmente sucederá.

 

Una carta de amor a México

C30_30La edición 30 de Cream es una carta de amor a México, un manifiesto acerca del México contemporáneo, del que forman parte artistas, escritores, ilustradores, fotógrafos, actores, diseñadores, músicos y un largo etcétera; una carta de amor a todas esas cosas que somos, en gran parte a partir de la caprichosa geografía y la historia.

Llegamos a nuestro número 30 más convencidos y enamorados que nunca del papel y la edición impresa, con los ojos puestos en seguir haciendo un proyecto cuya voz crezca de la mano de todos los que lo integran, determinados en seguir impulsando el talento mexicano y en mostrarlo al mundo. Por esta razón, decidimos aliarnos con Don Julio, una de las marcas más enfocadas en el talento emergente de nuestro país; una marca que, como nosotros, encuentra en el arte, el diseño y la cultura una parte esencial de su identidad.

Llegamos a nuestra edición 30 invitando a nuestros colaboradores favoritos, pero también a nuevas propuestas, porque siempre seremos un espacio ávido de seguir descubriendo, para crear un número libre y sólido que hable de nuestra fe a la belleza, al presente y a lo que somos capaces de construir.

Llegamos a nuestro número 30 con Diego Luna en la portada, una de las figuras mexicanas más reconocidas a nivel internacional, que atraviesa su mejor momento y que nunca ha dudado en definirse como mexicano y alzar la voz por nuestro país.

Llegamos a nuestra edición 30 y tenemos tantas ganas como motivos para agradecer al tiempo, a los pasos y a cada una de las manos que se han involucrado en este proyecto; en particular a Lorena Canales por la inspiración y las certezas compartidas.

Que sigan viniendo las páginas, las imágenes y las palabras, siempre.

Jocely, Jorge y Ashley

Soy mexicano

En días anteriores escuché en un avión una frase que me resonó en la cabeza durante todo el vuelo: “El peor enemigo de un mexicano es otro mexicano”, decía un hombre de aproximadamente cuarenta años. Me impactó. Al aterrizar, lo primero que hice fue prender mi teléfono celular, ya que quería tuitear la frase o por lo menos colgarla en mi Facebook. La recepción de señal en el aeropuerto me lo impidió. Camino al hotel tuve la oportunidad de reflexionar en la suerte que tuve de no haber posteado la frase, ya que creo el cambio de nuestra energía individual será el gran cambio en la energía colectiva y México no necesita vibras negativas.

Amo mi país, entiendo lo difícil que es reflexionar sobre él, pero también creo que como dicen por ahí: somos más los buenos. En este momento histórico y político tenemos la oportunidad de voltear a ver a la persona que tenemos a un lado, ocuparnos de lo nuestro y apoyarnos entre nosotros. Es tiempo de generar industria, lazos sólidos, ser generosos, darnos cuenta de todo lo que tenemos y del lugar increíble en el que la historia nos está poniendo.

La tolerancia es para mí una de las claves más importantes hoy en día. No todos pensamos igual ni podemos pretender que así sea. Ocuparnos en lo que les sucede a los demás y dejar el egoísmo a un lado nos hará una mejor sociedad. Siempre que he tenido la oportunidad de viajar al extranjero, se me ha quedado muy presente la percepción que tienen de nosotros allá afuera y sorpresivamente dista mucho de la nuestra.

C30_CartaMCMéxico, a lo largo de la historia, ha sabido salir adelante a pesar de sus gobernantes, las tragedias o adversidades. Muchas veces no reparamos en ello y regresamos con facilidad a identificarnos con la imagen de los cangrejos en la cubeta que se jalan unos a los otros para no dejarse salir. A mí me ha pasado y creo que es muy probable que a todos.

Esa noche, en la soledad de mi hotel, no usé mis redes sociales para quejarme y me propuse una tarea: cada vez que tenga esa necesidad intentaré darle la vuelta, e invito a todos a hacer lo mismo. No es cuestión de cegarnos ni de hacer como que no pasa nada, al contrario. En México pasan tantas cosas buenas como malas pero en la última década hemos decidido que nuestra energía se vaya a lo negativo y en mi parecer deberíamos hacer un balance. Así cuando se levante la voz para exigir o señalar un error, esto tenga resonancia y entre todos busquemos soluciones.

Cada quien desde nuestra trinchera tenemos el futuro en nuestras manos y es hora de sensibilizarnos. Cuando me invitaron a escribirle una carta a México jamás pensé que terminaría escribiendo estas líneas, pero por más cursis que se lean es algo en lo que creo profundamente. Nunca voy a concebir que el enemigo de un mexicano sea otro mexicano, aunque a veces y ante ciertos hechos toda mi razón me lleve a ello, lucharé por darle la vuelta.

Al final, esta no es mi carta a México. Esta es mi carta a cada lector que se tome un minuto en leer el pensamiento de otro mexicano, porque ahí se estará rompiendo la barrera del individualismo y eso es plausible. Habrá quien no esté de acuerdo conmigo y viceversa, pero no por ello mi voz es más o menos importante, y hay que aprender a vivir con ello, ahí encontraremos el cambio.

Gracias.

El apocalipsis de la radio

Mucha gente pregunta si una estación musical de radio es aún relevante en la era del streaming y las listas creadas en forma según el gusto y la preferencia. Muchos se basan en estudios donde se concluye que la radio es solo consumida por mayores de 35 años. Muerte de la frecuencia modulada. El diagnóstico se basa en la falta de creatividad. Porque si somos honestos, la radio ha perdido esa chispa, la magia de impulsar la imaginación del oyente hacia sitios y situaciones inimaginables.

En una conferencia con uno de los directivos de radio más importantes del país, una locutora —hija de un famoso periodista italiano— se levantó a preguntar: “¿Pero a qué creatividad pueden aspirar tus locutores si el más famoso de todos, Siri, ya les ganó en lo único que hacen: dar la hora y la temperatura?” Y es que a eso hemos reducido a la radio. Los gerentes y programadores piensan que la rocola debe de ser estricta, apretada y conservadora. Se basan en estudios que, por lo pronto, dicen conocer a la audiencia. La audiencia les responde al apagar el aparato.

C30_Radio_01Sí, las estaciones masivas seguirán en los primeros lugares puesto que la gangrena se da en todos niveles, pero la huida también. Las estaciones de música de vanguardia, por décadas, habían sido santuarios de la idea radiofónica. Por desgracia, la soberbia de directivos alejó la imaginación y acercó el cartón y la payola, la corrupción y la pedantería. No por nada el público capitalino —y el tapatío, antes de la llegada de nosotros— estaba decepcionado del cuadrante.

Reiniciar la certidumbre de mejores contenidos no es fácil. Tienes que ir contra la rutina y el oído —mal educado— de los radioescuchas que llevan un tiempo prolongado en la triste realidad de un cuadrante maltrecho, y a la vez convencer a directivos y anunciantes de que el medio respira y contribuye. No ha sido fácil para rmx, sobre todo por el reto que implica transitar de los estertores de la generación x hacia los millennials, de la comunicación vía sms al frenesí de las redes sociales, de la programación cerrada al estreno constante, casi día a día.

Pero la radio es lo que sucede entre canción y canción, sin que esto signifique que no importa la canción que empareda al contenido. La honestidad debe ligar la palabra y la armonía. Se debe encontrar el balance entre lo que sale de la boca y el arte que otros nos prestan para esparcir por el aire, pintar el cuadrante con escenarios y chispazos de ingenio, ir más allá de la hora y la temperatura. Compartir lo que somos a partir de la palabra.

No creo en el apocalipsis del medio de comunicación más cálido. Creo, sí, en el fin de la zona de confort y en los hipócritas arribistas que creen tener éxito a partir de la historia de las estaciones que, dicen, dirigen. El público sabe cuándo se le engaña en este matrimonio entre su pensamiento y los sonidos que lo inundan. El chiste es darle un contenido en el que navegue, en lugar de hundirse.

Botella de doble fondo por Demián Bichir

Después de la terrible resaca que nos ha dejado el resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, y después de haber ido de la incredulidad al coraje, pasando por una terrible decepción y la más amarga depresión, nos declaramos en pie de lucha, de manera franca y abierta. La primera gran asignatura pendiente para futuros presidentes demócratas, será cambiar el proceso electoral y contar cada voto como unidad y no como bloques de números de votos electorales por estado. Reconforta un poco saber que voto por voto, Trump quedó por debajo de Clinton por más de un millón de sufragios. Pero es un consuelo que nos sirve de muy poco. Estados Unidos ha tocado fondo. Trump representa al voto del enojo de millones de estadounidenses ofendidos por la inoperancia de políticos rancios, pero también representa la fascinación de la gente por los reality shows.

Trump apostó por la ignorancia de la gente y ganó. Trump es un excelente vendedor de mentiras pero se necesita a un ávido consumidor de ellas para poder triunfar. La lucha ha iniciado ya. La resistencia se ha manifestado de diferentes maneras. Desde manifestaciones a lo largo de todo el país hasta la campaña para independizar a California de Estados Unidos. Por supuesto que es un sueño guajiro, pero lo que importa es el acto mismo, es una llamada de atención importante cuando California es la sexta economía más poderosa del mundo y cuya fuerza de trabajo recae en una gran medida sobre los hombros de millones de trabajadores indocumentados, en su mayoría mexicanos.

c29_db_webEstamos, insisto, en pie de lucha. Y no será fácil conducir a Estados Unidos a la barbarie y al retroceso sin que el escrutinio de millones de ojos con voces que ya se alzan con fuerza, los desnude. No es como en México, donde en las altas esferas de poder se tapan unos a otros las espaldas, evitando así que el pueblo vea algún día justicia. Esa es probablemente la esperanza más clara que tenemos todos, que el pez por la boca muere. Un sujeto como Trump será siempre susceptible de cometer algún error grave que lo lleve a su destitución. Él mismo seguirá siendo su peor enemigo. Las patanerías y charlatanerías que divirtieron tanto a sus seguidores, no podrán ser dichas ni hechas como presidente.

Que nadie se relaje. Que nadie se equivoque, vienen tiempos difíciles. El reloj se ha retrasado 60 años, pero si no se lucha contra la intolerancia, la ignorancia y la estupidez, podríamos regresar a la Edad Media. Esta botella tiene dos fondos y ya se ha tocado el primero. El bando político que representó Clinton ha dejado muchos cabos sueltos durante mucho tiempo y ahora ha pagado esa vieja factura. Está a tiempo de evitar que se llegue al segundo fondo. Haber agitado el avispero puede, a final de cuentas, resultar positivo, suponiendo que todos hayan aprendido su lección. Nada bueno ha resultado nunca de gobiernos totalitarios, retrógradas y fascistas. No le conviene a la gran mayoría. Sería un error ignorar que fueron 50 millones de estadounidenses quienes comparten y apoyan las ideas primitivas de Trump, pero somos más los que amamos el progreso, somos más quienes nos conmovemos ante las injusticias, somos muchos más quienes nos reconocemos en nuestras propias diferencias y somos capaces de razonar.

 

¿Y el oro? Por Demián Bichir

¿Para qué le sirven a un país las medallas de oro? ¿Por qué querría un gobierno invertir en sus atletas? Cuba, con apenas el diez por ciento de la población que tiene México, ha podido encontrar suficiente talento en cada rincón de la isla para darle satisfacciones a su gente desde hace décadas, en las diferentes ediciones olímpicas. Haber sido encapsulados del mundo durante más de cincuenta años no ha sido una excusa suficientemente grande para poder desarrollar extraordinarios atletas. Brasil ha dado un paso al frente en las últimas ediciones de los Juegos Olímpicos y junto a Colombia y Argentina ha dado la cara por Latinoamérica. Y en la zona caribeña, Jamaica al igual que Cuba sigue regalándole al mundo momentos de gloria. México ha vuelto de Brasil sin el anhelado oro. Bravo por las platas y los bronces, por supuesto, pero lo cierto es que en más de ciento veinte millones de mexicanos no pudimos encontrar ni una sola medalla dorada.

c28_dem_ppal¿Por qué no nos interesan las disciplinas olímpicas? ¿Por qué no somos expuestos a competencias en lucha grecorromana, esgrima, pentatlón, waterpolo o natación desde niños? No tenemos la infraestructura para que cada escuela a lo largo y ancho del país cuente con un gimnasio completo y una piscina decente. Ese tipo de bondades solo las pueden disfrutar quienes tienen dinero para mandar a sus hijos a colegios carísimos o para inscribirlos en algún club. Desafortunadamente los jóvenes con mayores recursos no están interesados en invertir su tiempo para llegar a ser atletas de clase mundial, probablemente porque con excepción del box, el futbol o el tenis, ninguna disciplina olímpica promete ser una carrera lucrativa. Y mientras el dinero siga siendo el dios más venerado, los jóvenes buscarán mejores posibilidades para ganarlo.

El box y el futbol han sido los refugios de muchos jóvenes provenientes de familias de escasos recursos, pero no a todos les sonríe la buena fortuna. La extraña realidad es que no hemos visto jamás a un boxeador campeón del mundo que haya crecido en las Lomas. Y tampoco veremos a algún campeón ecuestre ni a un mexicano sembrado como número en el tenis que haya crecido en Tepito. Y aunque el futbol es un jugoso negocio para empresas, marcas deportivas, televisoras, promotores y dueños de equipos, muy pocos jugadores llegarán a beneficiarse de los billones de dólares que genera este deporte. Y es aquí donde ha sucedido una de las grandes ironías de nuestro país.

Como el futbol olímpico no le genera importantes dividendos a nadie, pues a nadie le importa. Es sabido que el Comité Olímpico Mexicano no cuenta con el apoyo del gobierno para descubrir, alentar y desarrollar talento. Simplemente es una institución “fantasma”. Pero que el futbol haya sido abandonado a su suerte, es la extravagancia de lo absurdo. Al “Potro” Gutiérrez no le dieron las mismas garantías y mucho menos los recursos que le dan a la Selección “mayor”, para permitirle defender la medalla de oro que ganó México en Londres, el triunfo más importante logrado hasta ahora a nivel de Selección. ¿Por qué? Porque no significaba los costales de dinero que todos ganan con la Selección “mayor”. Ni el deporte a nivel olímpico, ni la ciencia, ni las artes están en la lista de prioridades en ninguno de los niveles de gobierno en México. Es una pena que no podamos presumir de mejores noticias.

Ni para dónde hacerse

Dos graves problemas deberían quitarnos el sueño como humanidad: la terrible crisis migratoria en el mundo y la insultante desigualdad que prevalece en prácticamente todos los países. El hombre se ha movido de un sitio a otro desde que apareció sobre la faz de la tierra. Algunas veces en busca de mejor clima y otras en busca de alimento. Más tarde, su propia vocación aventurera lo llevó a explorar más allá de su hogar. Somos nómadas. Es nuestra naturaleza. Pero las fronteras se han endurecido cada vez más. El planeta ha sido poblado por inmigrantes y ahora nosotros mismos nos cerramos las puertas unos a otros sin la menor misericordia. La misma gente que en su momento fue acogida por otros países, sugiere ahora construir murallas para que nadie entre ya. Esta burbuja en la que nos encontramos se manifiesta desde nuestro microcosmos; a muy poca gente le importa el prójimo. Si tu vecino grita, le subes el volumen a la tele para no involucrarte. El individualismo reina. Alcanzamos el nihilismo y muchos hacen alarde de ello.

C27_DB_02Cuando alguien tiene las agallas de dejar atrás su patria es por una razón simple: encontrar en otro sitio lo que es imposible lograr en su propia tierra. La mayoría de la gente que emigra a otros países busca lo más elemental para desarrollarse en paz, con justicia y dignidad. El origen de esa necesidad radica en la enorme desigualdad que prevalece en el mundo. Los que todo lo tienen quieren más. Y no están dispuestos a compartir un céntimo de lo que han acumulado, muy probablemente a costa del trabajo barato de alguien más. Pero tampoco están dispuestos a generar las condiciones para que los que nada o poco tienen, encuentren la vía para vivir dignamente, para ser productivos y finalmente, si es posible, alargar esos momentos de felicidad que llegan de manera esporádica. Cuando en Estados Unidos escuchan a Bernie Sanders decir que el país necesita una revolución social urgente, muchos estadounidenses se asustan y creen que el socialismo significa que a la gente le quiten su casa para dársela a alguien más. Así no es la ecuación. Es mucho más simple. Para que todos tengan acceso a lo más elemental para el bien vivir, esos pocos que lo tienen todo deberán pagar más impuestos para que todos se beneficien de lo que han ganado.

Nuestra historia en México es una historia escrita a base de traiciones. Traición entre los pueblos que permitieron al invasor español ganar la conquista de México y traición hasta nuestro días, cortesía de pillos disfrazados de políticos que han hipotecado a México en una flagrante traición a la patria. Hace más de 500 años nos cambiaron espejos por nuestro oro y ahora nos cambiaron votos por unos cuantos devaluados pesos. De esta forma han asegurado perpetuarse de nuevo en el poder. Tienen la cara tan dura que les rebotan los reclamos de la gente como si fueran goma. Y así se irán, con los bolsillos repletos de una riqueza que no les pertenece y con las manos manchadas de sangre. Y vendrán otros y seguirán ordeñando a México. Un México que no se acaba, por rico, por generoso. ¿Qué tanto tendrá nuestro país que no se lo han podido acabar desde la conquista hasta nuestros días? Cuando se creó el universo, los dioses se dieron cuenta de que a México le habían dado absolutamente todo. De manera que para balancear, nos dieron políticos corruptos. Se ven al espejo y se dicen: Corrupto. Vende patrias. Traidor. Inepto. Y no les importa. Se van a la cama y duermen tranquilos.

Carrera presidencial en Estados Unidos por Demián Bichir

El mundo entero tiene los ojos puestos en la carrera por la presidencia en Estados Unidos. Y no porque se logre hacer de las campañas un espectáculo tan atractivo como los reality shows, sino porque cuando Estados Unidos estornuda, al resto del mundo le da influenza. Hay temas centrales que siempre acaparan reflectores: economía, empleos, seguridad nacional y, por supuesto, inmigración. Este tema es tan importante que la promesa de Obama de concretar una reforma migratoria integral, que permita finalmente sacar de las sombras a millones de seres humanos que viven en ellas, fue lo que lo llevó a la Casa Blanca en dos ocasiones, gracias al voto hispano. Pero el presidente Obama quedó a deber esa reforma. Nunca llegó. Y se ve muy pero muy difícil que la lleve a cabo en lo que resta de su mandato.

La comunidad de trabajadores indocumentados en Estados Unidos, ha sido utilizada como carne de cañón por la clase política de ese país. Unos prometen brindarles el reconocimiento y el respeto que merecen y otros simplemente los tachan de ser el enemigo a vencer. A este grupo de seres humanos se les ha estigmatizado de tal forma, que un sector muy amplio de la población cree que efectivamente han llegado a quitarles el trabajo a los estadounidenses. Se les ha acusado de saquear las arcas de la seguridad social y de no pagar impuestos. Nada más lejano a la realidad. Ellos le dejan muchísimo más dinero a la seguridad social del que toman. Pagan miles de millones de dólares en impuestos sin derecho a recibir algo a cambio. Personajes como Donald Trump les han llamado asesinos y violadores. Tales afirmaciones no son producto de una perversa maldad sino de una enorme ignorancia.

C26_DBichir_webLos trabajadores indocumentados le dan mucho más a Estados Unidos de lo que Estados Unidos les da a ellos a cambio del trabajo arduo y honesto que desarrollan. El problema no es solo Trump, sino la gran cantidad de gente que piensa como él, incluyendo a políticos con más poder que Trump. La triste realidad es que México y Estados Unidos se benefician de esta comunidad de seres humanos. Al gobierno mexicano le conviene no brindarle a su pueblo las condiciones mínimas para desarrollarse en paz, con justicia y dignidad, porque de esa forma continuará el éxodo de paisanos hacia el país del norte, y así México seguirá recibiendo las remesas, que el año pasado rebasaron los 24 mil millones de dólares. Y a Estados Unidos le conviene mantener a estas personas sin documentos, porque de esa manera no pueden organizarse ni exigir salarios justos por trabajos que los estadounidenses no solo no quieren hacer, sino que no podrían realizar tan bien como nuestros paisanos.

Somos muchos los que luchamos por que esa reforma migratoria se logre. No solo para que millones de mujeres, hombres y niños vivan sin miedo, sino para agradecerles que además de fortalecer la economía de Estados Unidos, hacen la vida de todos mejor, más feliz y más fácil. Políticos recalcitrantes como Trump y la mayoría de los republicanos, tienen que dejar de mentirle al pueblo estadounidense. La gente deberá ser más activa en investigar cuánto ayudan los inmigrantes indocumentados para hacer America great (again), como dice el eslogan de Trump. La ignorancia genera miedo y el miedo, odio. El futuro de más de doce millones de seres humanos está en juego. Una amenaza como Trump abarca a muchos millones más, por eso dudo que llegue a la Casa Blanca. Trump es como los programas de chismes: la gente los sintoniza para ver qué tonterías dicen, pero nadie los toma en serio.