SIEMPRE TENDREMOS BERLIN

Siempre recordaré el día en que Haruki Murakami llegó a mi vida. Entonces yo tenía veinticuatro años y regresaba del aeropuerto tras haber perdido el vuelo, que más tarde, se convertiría en el símbolo de lo que Fréderic Gaussen describe como la aventura individual, como aquello alojado tan profundamente en la intimidad de la conciencia que escapa, incluso, a su propio creador…

La librería se encontraba a unas cuantas cuadras de mi apartamento, por lo que decidí trasladarme hasta ahí, a pié. Al entrar mi mirada se vio atraída –de forma casi automática-, hacia la hermosa y elegante figura de una mujer, que vestida en tonos pastel, da la espalda al espectador y en un único gesto –su mano izquierda sostiene entrelazado el dedo corazón de la mano vecina-, suscita el deseo de leer las páginas que bajo ella duermen. Camino de regreso a casa, entre mis dedos, siento el peso de la bolsa amarilla que me acompaña y en un íntimo abrazo carga Tokio Blues (Norwegian Wood) de Murakami.

A partir de éste momento y en los meses consecuentes, mi historia seguirá los lineamientos de toda narración Murakamiana. Al igual que muchos de sus protagonistas, emprenderé un viaje a través del infinito eje del mundo,
viviré un peregrinaje a través del tiempo, del sexo y de la música. Los sueños algunas veces serán los embriones de obsesiones, otras principios creativos, pero siempre un cambio de realidad. Recorreré grandes distancias, ronronearé un poco y
finalmente aprenderé que cuando se huye de uno mismo, el viaje resulta interminable.

Haruki Murakami construye relatos donde nos convertimos en acompañantes de aquel que ha emprendido una progresión espiritual y fluctúa entre las distintas dimensiones que se van dibujando. En sus obras, navegamos a través de símbolos vivos,
símbolos que poco a poco conllevan a personajes como Kafka Tamura o a Tooru Okada a un instante en el que el sentimiento de identidad se aliena y se disuelve, se desmorona en pedazos, para en un último latido, claro y húmedo, encontrar un nuevo
ritmo, un tiempo paralelo donde los sonidos y los silencios murmuran: perte ne ces.

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