SLAUKA LADEWIG

Es tapatía de nacimiento y de corazón. En Guadalajara está su familia, sus amigos más queridos, sus costumbres, tradiciones y raíces. A pesar de que su carrera la alejó de la ciudad hace muchos años, no pierde la esperanza de regresar.

¿Actualmente en dónde vives y que haces? Trabajo como traductora y sigo en la danza con la Compañía de Danza Ardentía, bajo la dirección de Reyna Pérez. Una compañía que se caracteriza por su dedicación y voluntad para trabajar, algo que frecuentemente falta en las grandes compañías. La maestra es una persona muy creativa que sabe sacar lo mejor de sus bailarines y logra el éxito con el público. Con Ardentía, frecuentemente imparto clases de ballet y ayudo a ensayar a jóvenes bailarines. Esto me ha permitido experimentar la satisfacción de la enseñanza, que nunca antes había considerado y he descubierto que me gusta. He seguido bailando como invitada en galas de ballet con distintos grupos.

Hace aproximadamente cinco años dejé el ballet por algunos años. Trabajé en la iniciativa privada, en un reconocido despacho en el DF y después entré a la dirección jurídica de CONACULTA. Pero, me di cuenta que estar en una oficina nueve horas o más al día no era para mí, extrañaba bailar. Regresé a la danza, hice el examen de perito traductor en el Tribunal Superior del DF y me certifiqué. Ahora, trabajo como traductora independiente con empresas nacionales y extranjeras, y particulares. Me gusta el trabajo de traducción, porque veo todo tipo de asuntos y temas, y además, soy dueña de mi tiempo. Tengo libertad para hacer cosas que disfruto y especialmente para viajar, que me fascina. Solo tomo mi laptop y llevo mi oficina conmigo a donde quiera.

¿Cómo llegó el ballet a tu vida? Mi mamá bailaba ballet y flamenco. Desde chiquita me llevó a clases de gimnasia y ballet a la academia de mi prima Doris Topete. Al principio no me gustaba el ballet, yo quería ser gimnasta pero, con el tiempo, el ballet se convirtió en mi vida. Cuando tenía 14 años entré al Ballet de Cámara de Jalisco, que dirige la maestra Lucy Arce, una excelente maestra y talentosa coreógrafa que ha contribuido enormemente al progreso de la danza en Jalisco. Ahí, con Lucy Arce y la maestra Elly Torres, recibí la preparación necesaria para convertirme en bailarina profesional. Estuve en Ballet de Cámara, que acaba de festejar su 30 aniversario, hasta que emigré de Guadalajara. Siempre que visito la ciudad regreso a tomar clases ahí.

¿Qué crees que se necesita para ser una muy buena bailarina? Talento, dedicación, trabajo, perseverancia, carácter y algo de suerte. También es importante tener buenos maestros. Yo tuve la suerte de tenerlos, primero en Guadalajara y después en México. He trabajado con maestros reconocidos de todo el mundo y he aprendido distintas técnicas y formas de bailar a lo largo de mi carrera.

¿Cómo es la vida de una bailarina? Es más normal de lo que cree la mayoría de la gente. Los bailarines se desvelan, van a fiestas, salen a comer, en fin, lo que hace la mayoría de la gente. La diferencia está en que un bailarín profesional dedica entre seis y ocho horas diarias a entrenar, sin contar el tiempo de función. Es cansado, pero es precioso. Con tanto ejercicio, el cuerpo en ocasiones se lesiona. La mayoría de las veces con el tratamiento y el descanso adecuado, te recuperas, pero si puede llegar a ser desesperante, cuando aparece una lesión justo antes de una función para la que tenías mucho tiempo entrenando y al final, no puedes bailar. Una vez me sucedió que iba a ir al concurso internacional en Jackson, MI. Fui aceptada, tenía meses ensayando, tenía el vestuario, boletos de avión, todo y me rompí un hueso del pie poco antes del concurso. En lugar de estar en el escenario, acabé en el quirófano.

Los bailarines se enfrentan a una fuerte competencia, porque todos quieren tener siempre el papel principal en las funciones. Por eso tienes que tener carácter fuerte para soportar el ambiente que a veces es pesado, pero más importante, tienes que trabajar muy duro y estar siempre preparado, nunca sabes cuando llegará tu gran oportunidad. Dicen que el ballet es muy sacrificado. A excepción de tener que dejar a mi familia y mi ciudad cuando todavía era muy joven, bailar para mí nunca representó un sacrificio, sino un placer. Las ampollas en los pies, las lesiones, el cansancio, el dejar de ir a tal o cual fiesta porque tenía ensayo nunca me pesó. Cuando algo te fascina, eres capaz de renunciar a muchas cosas con tal de hacer lo que te apasiona.

¿En qué ciudades te has presentado? En Guadalajara, México, Monterrey, casi todas las ciudades de México. En el extranjero, en Asunción Paraguay, Macae Brasil, Paris y Biarritz en Francia, Roma Italia, San Diego, El Paso, Roswell, Nueva Orleans, Houston.

¿Cuál ha sido el momento más importante de tu carrera como bailarina? Todos han sido importantes, cada uno me ha dejado alguna enseñanza. Cada noche, aunque bailes el mismo papel, es una experiencia distinta. A veces muy buena, otras no tanto y entonces, tienes que aprender de tus errores y seguir trabajando. Cuando debuté como solista en la Compañía Nacional de Danza fue muy especial. Bailé el papel principal de El Lago de los Cisnes en el Bosque de Chapultepec. Era una noche fría, brumosa. Al día siguiente, la primera bailarina se lastimó y me pidieron que la supliera. Con eso, aunque yo me había sentido muy nerviosa, me dijeron que mi función había salido muy bien! Después bailé tanto, en tantos lugares distintos, que pensé que me iban a salir plumas. Me gustaba especialmente interpretar papeles de villana. La Reina de las Willis en Giselle, Gamzatti en la Bayadera, el Cisne Negro en El Lago de los Cisnes.

De las funciones más memorables fue mi debut en el papel principal de Don Quijote en Bellas Artes, que fue maravilloso, y cuando interpreté el año pasado el rol estelar en el estreno de Madame Lynch en Paraguay. Este ballet es muy dramático y requiere una interpretación llena de sentimiento. Cada noche, la tragedia de la protagonista hacía que me bañara en llanto en el escenario y el público se conmovía y ovacionaba esta hermosa producción del Ballet Municipal de Asunción.

¿Cómo tomaste la decisión de que te querías retirar? Decidí dejar la CND porque llegó un momento que ya no me satisfacía seguir ahí. Habían sido muchos años y además ocurrieron cambios internos que hicieron que perdiera el interés en continuar bailando con esa agrupación. No me he retirado totalmente, simplemente disminuí la intensidad y tiempo que le dedico al ballet. Ahora estoy en una etapa de transición. Tengo muchísimo trabajo de traducción, pero también tengo tiempo para divertirme un poco bailando. Antes me decían qué tenía que bailar, cuando y donde, ahora esas decisiones las puedo tomar yo. También estoy descubriendo la satisfacción de preparar a otros bailarines y me está gustando mucho.

¿Qué lugar ocupa el ballet en tu vida hoy en día? El ballet siempre tendrá un lugar muy especial en mi vida, ha sido mi pasión y creo que siempre estaré cerca de la danza, de una forma u otra. Como dije antes, ahora bailo menos, pero sigo entrenándome todos los días. Quizás mi tiempo en el salón de ensayos se lo dedique cada vez más a enseñar a otros lo que aprendí durante mi carrera.

¿Qué estudiaste? Desde kinder hasta preparatoria en el American School of Guadalajara y después derecho en la UdeG. He sido becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Obtuve la beca Fulbright-García Robles para estudiar una maestría en derecho en la Universidad de San Diego, CA. Tome cursos de ballet en Cuba en dos ocasiones fui becaria de los cursos de verano del Houston Ballet y Pennsylvania Ballet.

¿Qué te inspira? ¡Naturalmente, un buen ballet bailado por buenos bailarines! La música, tanto dramática como festiva. La naturaleza, el mar, un atardecer, una noche estrellada de luna llena, las flores, el amor.

¿Cómo conociste a tu esposo? Lo vi bailar en el Teatro Degollado cuando tenía como 12 o 13 años. Bailo con el Ballet de Cámara, donde yo estudié. Quise pedirle un autógrafo, pero me dio pena. Lo volví a encontrar 20 años después cuando entré a la Compañía Nacional de Danza, cuando ya era maestro y se había retirado. Empecé a bailar papeles de solista, él comenzó a entrenarme. Trabajamos muchos años juntos y nos hicimos amigos. Después, vino el flechazo, durante una temporada delLago de los Cisnes.

¿Qué te gusta hacer cuando visitas Guadalajara? Estar con mi familia, ver amigos, tomar clases de ballet en el Ballet de Cámara de Jalisco, descansar en casa de mi mamá y comer panela, birote, tacos de Los Otates y lonches bañados.

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