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Sobre Ya es mañana en Hong Kong

“Algunas veces debes tocar por mucho tiempo
para ser capaz de tocar como tú mismo.”
Miles Davis

Siempre lo he creído: hacer películas que corran en tiempo real es verdaderamente difícil, y sobre todo por la percepción que uno mismo tiene del tiempo cuando platica o está enganchado en una conversación con alguien. Hacer transiciones de situaciones o emociones del tiempo en escenas es complicado, ya que se siente una pérdida de continuidad al cambiar de plano y no aparecer en la misma locación. Pero este no es el caso de Ya es mañana en Hong Kong, la ópera prima de la directora y guionista Emily Ting, quien hace un trabajo maravilloso al establecer la relación del tiempo con el plano emocional de sus personajes centrales, la privacidad emocional de los pequeños recorridos y platicas de Josh y de Ruby —los sueños no realizados, las burlas y la conexión química y emocional que empiezan a compartir desde que se conocen.

Ruby (Jamie Chung), una californiana que visita Hong Kong por primera vez, no puede descifrar el paisaje urbano lo suficientemente bien como para localizar a sus amigos. Afortunadamente, Josh (Bryan Greenberg), un expatriado estadounidense que vive en Hong Kong desde hace años, está cerca de ella cuando su celular se queda sin pila, y se ofrece a guiarla hacia sus amigos. Mientras caminan, caminan y caminan, se produce un coqueteo sutil, pero el momento se rompe por una revelación de menor importancia (que fuera del contexto de esta película, significaría un spoiler). Baste decir que estar juntos tendrá consecuencias para los dos.

Un año más tarde, en un ferri, se vuelven a encontrar como si el destino los quisiera juntar o porque quizá en otras dimensiones ya ha estado juntos. No aprendemos lo suficiente sobre ellos, y ellos no aprenden mucho uno del otro, y en este sentido la película no logra desarrollar el carácter de sus personajes, pero no deja de ser un ejercicio visual y emocional abarca grandes franjas electrizantes del paisaje urbano de Hong Kong y sus abarrotadas calles, simulando el ruido continuo que hay en las relaciones humanas. La ciudad se convierte, tanto en lo visual como en la narrativa, en cómplice de la relación en desarrollo, en un telón de fondo para la posibilidad de que la pareja acabe reunida para siempre.

c28_hongkongAbrí con la frase de Miles Davis porque también creo que en las relaciones humanas, entre más pasemos tiempo con una persona, vamos siendo más nosotros mismos, aunque no lo queramos, pero también porque vamos sintiéndonos más cómodos en contar cosas más íntimas, y esto va revelando poco a poco quienes somos verdaderamente, hasta que la imperdonable impiedad del tiempo acabe por revelarlo todo. El revelarlo todo no es malo si desde un principio entramos con la cara más honesta posible. Y en ese sentido Ya es mañana en Hong Kong construye a sus personajes así, y eso hace más fácil que en el poco tiempo que recorremos las calles de Hong Kong con ellos, se hagan más verosímiles y la posibilidad de creer en el amor a primera vista se realice.

Es difícil ver Ya es mañana en Hong Kong, donde un hombre y una mujer se encuentran al azar en una ciudad importante: en una noche llevan una amistad hacia una relación más profunda. No cabe pensar en Antes del amanecer de Richard Linklater (una de mis películas consentidas, por cierto), porque es una película de culto en este tema y su desarrollo es más cercano a la realidad, mientras que en Ya es mañana en Hong Kong el desarrollo y el romance quedan un poco cortos. Sin embargo, esta nueva versión de un romance fugaz sin saber el verdadero final, no deja de ser un viaje íntimo, cosmopolita, agradable y sincero.

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