Toms, por un mejor mañana

La cita para entrevistar a Blake Mycoskie, el genio detrás de Toms, es en Orizaba 125, a las nueve de la mañana. Llego a las nueve con un minuto, pero me detengo, porque frente a la puerta se para una camioneta negra. Se baja alguien que llama mi atención: Blake. Cruza la banqueta y se mete por una estrecha puerta de madera pintada en blanco y azul claro. Espero un minuto y entro por la misma puerta, subo unas estrechas y arribo al lugar de la entrevista. Se ve increíble: el equipo de Toms y El Palacio de Hierro estuvo arreglándolo la noche previa. Hay una mesa larga con varias opciones de desayuno. Al fondo, una barra de bebidas, en donde sirven café Toms. Series de focos colgando en el techo blanco con molduras afrancesadas, tapetes exóticos sobre el piso de madera y todas las paredes con frases de la compañía, de su fundador y hasta de Gandhi: «Be the change you want to see in the world.» A la izquierda, un pasillo conduce hacia un cuarto con tres cajas sobre el suelo: cada una con una superficie distinta (son los tres tipos de suelos predominantes en los que la gente suele estar descalza, en países en desarrollo). Al fondo se ve un par de pop-up stores, por si gustas comprar un par de zapatos.

Se escucha la voz de Blake, que nos introduce a su mundo. Entonces comprendo que las cajas con superficies variadas están ahí para que nos quitemos los zapatos y sintamos por un par de segundos lo que se siente no tener calzado. El tour termina, el lugar está lleno de personas charlando, tomándose fotos, dando vueltas alrededor del spot y desayunando. Cuando llega mi turno para la entrevista, me llevan al fondo del lugar. Veo a Mycoskie sonriente y sentado, me siento yo también y comenzamos a charlar, casualmente con el viento entrando por la ventana. Es guapo, no hay por qué negarlo, sus patas de gallo alrededor de los ojos revelan sus 38 años de edad y harta exposición al sol. Le digo que me cuente de su infancia, ¿cómo se imaginaba que sería al crecer? Se ríe y me confiesa que amaba jugar tenis, que entonces se visualizaba como jugador de tenis profesional. Agrega que jamás pensaba en negocios ni en filantropía ni en obras de caridad. Su vida simplemente ha sido una mezcla de acontecimientos. Algunos han sido pasajeros y otros, como Toms, más trascendentales.

C24_Toms_03Creció en Texas, montaba mucho a caballo y estudió filosofía en la universidad. Desde joven tenía la meta de aprender algo nuevo cada año. A los 29 se propuso aprender a jugar polo y es por eso que terminó en Argentina. Se quedó ahí por mes y medio. Al ver cómo había tanta gente descalza y descubrir la oportunidad de crear alpargatas —buenas, bonitas y baratas—, se asoció con su maestro de polo para crear lo que hoy, nueve años después, es Toms. Los primeros tres años de la empresa eran puros números rojos. Los socios no recibían ganancias, pero siguieron adelante porque la gente cada vez se emocionaba más, cada vez los apoyaba más. Eso hablaba de que el negocio iba en la dirección correcta: solo tomaría algo de tiempo cumplir objetivos.

Toms International se dedica a ayudar al mundo. Inicialmente comprabas un par de zapatos y donaban uno idéntico a alguien en algún lugar del planeta; ahora el tipo de zapato que regalan depende de las necesidades del lugar en donde habita el destinatario. Hay desde un modelo tipo Crocs, para lugares húmedos, hasta unas botas para la nieve. Blake me comenta que de chico tenía dificultad para ver bien y que hoy en día ese mismo problema afecta el aprendizaje de los niños; por lo tanto, en Toms crearon una línea de gafas de sol y en la compra de cada par, regalan un par de lentes con aumento para ayudar a impulsar la educación infantil. También hacen donaciones para operar a adultos con problemas de cataratas. Después de viajar por todo el mundo para contribuir a mejorarlo, Blake notó que muchos países contaban con muy buen café, pero a los productores no se les pagaba lo suficiente por él; además vivían en barrios muy pobres en los que no había acceso a agua potable. Entonces se le ocurrió crear una línea de café para ayudarlos, pagándoles lo justo. Hoy, por cada taza que compras, Toms dona agua potable. Increíble, ¿no? Mycoskie me comenta que le divierte hacer cosas inesperadas, como su línea de café, porque no tiene nada que ver con los otros productos, pero al mismo tiempo le parece esencial poner atención en la necesidad de agua potable a nivel global.

La filantropía no para ahí. Muchas mujeres alrededor del mundo, no pueden pagar un hospital para dar a luz y tienen a sus bebés en casa, a veces en malas condiciones. Por eso, hace dos meses, Toms lanzó una línea de bolsos para mujer, para apoyar los problemas de maternidad. Por cada bolsa que compras, la empresa dona un kit de maternidad, para que estas mujeres puedan dar a luz de la manera más segura posible, en sus hogares, en diferentes puntos geográficos. Porque la marca vende productos en más de 60 países y brinda ayuda en más de 40. Entre los países que venden y ayudan simultáneamente se encuentran México, Grecia, China, Perú, Colombia y Estados Unidos. Es lógico entonces que Blake haya viajado tanto. Le pregunto cuál ha sido su lugar favorito y, después de pensarlo un poco, dice que Etiopía, por la disposición de su gente para ayudar a los demás y porque ha hecho buenos amigos etíopes.

C24_Toms_02Está felizmente casado, acaba de tener a su primer bebé. Es así como terminamos platicando de nuestros días ordinarios, y él me dice que no tiene muchos de esos, pero que cuando los tiene los valora enormemente. Son algo así:
como Blake vive cerca del mar, se despierta temprano a surfear y a prepararse mentalmente para el día que tiene por delante; desayuna y se va a la oficina, donde pasa la primera mitad de la jornada en juntas de diseño, nuevas campañas e informes de cómo van todos los países. Usa la segunda mitad del día para pensar, literalmente pensar, reflexionar acerca de problemas mundiales y oportunidades para remediarlos. Si hace buen viento, le gusta salir a velear en la tarde-noche. Ama velear, incluso tiene su propio equipo. Le gusta el mar porque le trae paz mental: sufear, nadar, velear y practicar con su equipo al atardecer para después llegar a casa y disfrutar de la familia.

Su mayor obstáculo en Toms fue aprender a realmente hacer buenos zapatos, y su mayor gratificación al día de hoy es ver todos los cambios que ha podido lograr en las comunidades a las que ayuda, ver las sonrisas de los beneficiados, por el hecho de que ya tienen acceso a agua potable o a educación. Añade que ser testigo del desarrollo de muchos de los miembros de su staff, también lo hace muy feliz. Con mi última pregunta, averiguo que su inspiración diaria para seguir adelante es saber que su experiencia mueve a otras personas para ayudar al mundo y hacer negocios de maneras innovadoras. Para él es muy importante conectar con todos aquellos que apoyan su causa, y eso también lo entiende como una fuente de inspiración. Sonrío y le confieso que me ha inspirado enormemente. Él también sonríe y me da las gracias. Veo el reloj, el tiempo ha pasado volando, le comento que creo tener suficiente para mi artículo, y ahora él me hace un par de preguntas. Nos tomamos una selfie, nos despedimos y listo. Salgo feliz, sonriente y muy inspirada, de Orizaba 125, al aire fresco de la Roma.

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