Mafer's Cambridge Experience-26

Travel Journal: Arquitectura de un viaje de verano

Cambridge-1Fachadas, ventanas, puertas y texturas, cada una influía de una manera distinta en mi experiencia en cada lugar.

Por María Fernanda Lavalle (@from35thstreet)

 

Primera parada: Madrid, España. Al llegar no pude dejar de sorprenderme pues iba entre edificios, palacios, conventos y construcciones del poder del Estado. Desde lo mas barroco como el Palacio de Madrid hasta el neoclasicismo como la Puerta de Alcalá o el Museo del Prado. Pero entre las calles comunes de la ciudad la arquitectura ecléctica o modernista de los edificios llenos de viviendas llamaron mi atención, todos con las mismas texturas: piedra y ladrillo, todos con sus tejas rojas. Me encantaba despertar por la mañana y mientras iba por un café mirar hacia arriba y ver las ventanas y balcones de los hogares, como hacía calor, todas las ventanas estaban abiertas. Las calles de barrios como Malasaña, Chueca, Chamberí o la Latina eran fabulosas pues ibas detectando la diferencia entre cada una. Es una ciudad que se viste blanco, beige, amarillo y naranja. Fue en esta ciudad donde me di cuenta que llamaba más mi atención una puerta o una ventana, que ir de compras a una tienda de ropa, descubrí que cada lugar iba a enamorarme a través de su arquitectura.

Fuentes de Rubielos. Pasé una semana en un pueblo mágico ubicado en la Provincia de Teruel (a 4 horas de Madrid), entre las montañas de España, esta localidad con tan sólo 60 habitantes en invierno y 200 en verano llamó mi atención más que ninguna otra. Estar en un lugar tan pequeño me hizo darme cuenta que al caminar por sus pequeñas calles lo único que podía admirar era sus pequeñas casitas y entradas pintorescas, pues no había gente caminando por sus estrechos caminos. Los colores de Fuentes son amarillos, anaranjados y blancos, todo mezclado con piedra y teja roja. Las casas blancas generalmente van con la piedra y las amarillas con el tejado. Se sentía una armonía inexplicable al caminar por este pueblo que combinaba perfecto con los árboles de la montaña, los viñedos y el Sol del otro lado. Todas las ventanas y puertas de madera haciendo una mezcla perfecta entre lo antiguo y lo moderno, pues a pesar de ser casas de campo todo se veía perfectamente cuidado, lo cual me sorprendió aún más. Este lugar se robó mi corazón, pues las pocas personas que habitan y que conocí fueron sumamente agradables y bien dicen: “Lo bonito de Fuentes, es su gente”.

Segunda parada: Cambridge, UK. Volé de Madrid a Londres para tomar un tren directo a Cambridge, lugar que podría definir como el spot donde vivió Darwin, creció Shakespeare y finalmente donde estudió Harry Potter. Entre colegios que parecen castillos del medievo y casas con sus calles y banquetas donde todo es de piedra, el color que representa esta ciudad es café y gris, mezclado con el verde del campo, jardines mágicos que parecen salidos de un cuento de hadas y lagos. El complemento perfecto natural son las vacas, patos y arañas. No pude dejar de sorprenderme con las puertas de colores, azules, verdes y rojas (mis favoritas), que resaltan de las casas típicas de piedra y si tienen arboles o plantas en sus ventanas son aún más lindas. No cabe duda que la combinación de materiales y texturas con aspectos naturales hacen de una casa un verdadero hogar. Por supuesto entrar a los colegios y poder disfrutar de las inmensidades y alturas de los castillos, los ventanales de vitral, e incluso sentarte a comer en los comedores de los estudiantes es toda una experiencia, las mesas largas de madera en las que pude disfrutar de un English Breakfast son lo mejor. La cereza del pastel es ver las bicicletas en cada pared y puerta, pues no hay nada mejor que la armonía visual que incluso un medio de transporte refleja en una ciudad.

Tercera parada: Lucca, Italia. La verdad es que estaba MUY emocionada de conocer la Toscana de la mano de mi amiga (nada como hacer todo como local). Las tonalidades naranjas de la ciudad son referentes, el ladrillo por todos lados, la pintura de las fachadas naranja y amarilla y los tejados hacen que la ciudad se sienta cálida aún si hace frío. Entre focaccias, pizzas y pasta descubrí esta ciudad amurallada. Estar dentro de una pared hace que sientas que estás viviendo la época del medievo. Por fuera se ve la muralla de ladrillo y arriba un pasaje de árboles que la recorre toda. Caminar por encima de la muralla entre sus parques es increíble pues puedes vislumbrar las terrazas de la casas y balcones. Cada vez que veía una terraza imaginaba como sería mi vida ahí, disfrutando de un desayuno o un café por la tarde con mis amigos y familia. Ver las casas te hace pensar en las historias de cada persona, desata tu creatividad y te das cuenta de cómo a través de los años estas construcciones históricas se han convertido en hermosos hogares del mediterráneo.

Cambridge-2Cuarta parada: La Haya, Holanda. En esta ciudad que se caracteriza por sus majestuosas mansiones, parques urbanos, plazas y palacios, encontré una paz única donde la gente pasea sin prisas. La ciudad es una mezcla entre la arquitectura contemporánea (siglo XX) y del siglo XVII época en la que su arquitectura se encontraba en el punto más álgido y luego con el modernismo llegaron los edificios y construcciones nuevas.

Caminar por las calles repletas de casas blancas y rosas (pues el tono del ladrillo es un poco rosado) y ver las puertas de colores que resaltan en cada hogar es mágico, te hace sentir en un mundo rosa, con una mezcla de frio y nublado, de gris con nostalgia que hace que te den ganas de subirte ala bici y recorrer las calles. Parar y ver los palacios y edificios de gobierno con los escudos que te cuentan historias, esas donde los reyes festejan sus eventos con el pueblo desde siglos pasados hasta la actualidad. Para terminar la exploración cabe mencionar que la playa es el punto que distingue a esta ciudad de las demás, tener ciudad y playa en un mismo lugar es lo mejor que te puede pasar.

Quinta y última parada: París, Francia. Edificios que deslumbraban mi vista de tanta blancura que casi me quedo ciega, ese resplandor de mezcla de blanco con sol de verano que sólo París te ofrece. Balcones de edificios en los que quisieras vivir por siempre. Así mi visita en esta ciudad en la que en cada esquina encuentras arte, estatuas, palacios, edificios antiguos y museos. La arquitectura de tonos beige y blancos me enamoró. Con ese clasicismo que identifica a la ciudad de la luz, que poco a poco se ha ido transformando pero que ha dejado que sobrevivan las mansiones y palacios antiguos, y siendo un lugar que ha luchado por preservar al máximo su legado histórico arquitectónico, es por eso, que sentada a orillas del Sena o caminando por Montmartre o en un café de St. Germain lo que cautivó mi la visita fueron las paredes, puertas y ventanas de las calles de París, en las que imaginaba como sería vivir y ser una mas de ellos por unos instantes.

Mas que compras y souvenirs, se quedan en mi memoria las postales visuales de cada lugar y su historia contada en texturas y colores.

 

¿Te gustó esta publicación? Compártela con tus amigos:

Deja un comentario