EL REGRESO DEL SPAGHETTI WESTERN

Una de las películas que causó furor esta temporada de premios fue Django sin cadenas, con la cual el director Quentin Tarantino se consagra como guionista y redentor de las minorías norteamericanas, ya que en su entrega anterior redimió al pueblo judío, con una historia antihitleriana que ridiculizaba a los nazis: Bastardos sin gloria. Ahora, en Django sin cadenas, un spaghetti western, el héroe y príncipe salvador es un afroamericano interpretado por el majestuoso Jamie Foxx.

Spaghetti western es un termino peyorativo con el cual los críticos de la época de los 60 y 70 menospreciaban el género; sin embargo, algunas de estas películas fueron tratadas con rigor y respeto, y se convirtieron en filmes de culto, gracias a directores de la talla del italiano Sergio Leone. En realidad se podría decir que Leone fue el padre del género (de ahí el uso del término spaghetti).

El spaghetti western se caracteriza por una estética sucia y a la vez estilizada, por antihéroes carentes de moral, rudos y duros, llenos de clichés del western americano, para crear un propio estilo a partir del mito.

Tarantino, consagrado como uno de los mejores directores de la época actual, ha tratado con cada una de sus entregas hacer piezas únicas y especiales, casi como si intentara volverlas filmes de culto. Creo que lo ha logrado especialmente con Perros de reserva, Pulp Fiction y Kill Bill, películas que marcaron una época.

El director salido de una tienda de videos se ha convertido en un muy respetable narrador de la cultura pop norteamericana, casi siempre satirizando los horrores de esta sociedad que le rinde culto al consumismo y que se ha conformado por minorías, extranjeros, bandidos, redentores, atletas y héroes salvadores de naciones.

Django ha sido altamente criticada por directores afroamericanos como Spike Lee, por tratar el tema de la esclavitud con tan poco respeto y convertirlo en un violento entretenimiento, a través de un género como el spaghetti western. Pero son los géneros poco solemnes los que mejor hacen justicia a estos episodios horribles de la conducta humana. A estas alturas, nadie debería sorprenderse de que Django sea un homenaje a uno de los géneros de cine más subversivos y adopte su espíritu revolucionario e indignación moral.

Más que hablar de la trama del filme, que para estas alturas es ya un tema viejo, me gustaría destacar la excesiva necesidad de Tarantino por explicar y describir todos los detalles, para dar pie a argumentos, para que no haya cabos sueltos, rigor que aplica a la mayoría de sus películas. En la opinión de algunos espectadores y críticos, estos detalles, que suelen alargar los filmes, salen sobrando. Pero para los fieles seguidores de Tarantino, que quedamos cautivos desde su primera entrega (Perros de reserva), estos detalles y diálogos son una vía para comprender la sicología de los personajes, de dónde vienen las decisiones que estos toman a lo largo de las historias. Al final, todos los argumentos se redondean y completan magistralmente, de una manera casi cómica y con un sello muy particular que se convierte ya en un término cinematográfico: “tarantinesco”.

Síguelo en Twitter: @santleb