Ilse Salas: el momento preciso

Por José Acévez
Fotografía: Iván Rizo
Total look: Ferragamo
Locación: Boutique Ferragamo Landmark Guadalajara

No podemos dudar que 2019 quedará impregnado en la memoria de Ilse Salas. Solamente por mencionar algunos sucesos de la primera mitad del año, la actriz llegó al corazón político de México con su protagónico como Diana Laura en la serie de Netflix Historia de un crimen: Colosio, y estrenó Medea en el Teatro Helénico de la Ciudad de México, donde reinterpreta con pulcritud contemporánea al personaje mitológico griego y, además, ganó el Ariel por su impecable interpretación en Las niñas bien.

Y es que si Salas era relevante en la escena actoral mexicana, en este año se convirtió en una figura pública imprescindible. Su voz no solo se ha convertido en un referente para causas sociales urgentes (se involucró impetuosamente en #YaEsHora, movimiento que impulsa la igualdad de las mujeres en la industria cinematográfica, así como en las denuncias a la impunidad por feminicidios y a impulsar el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo); sino que además se ha consolidado como el gran talento artístico que no deja de aportar al teatro, al cine, a la televisión de México y de cualquier región. Y no se ha cansado de demostrarlo.

Su interpretación como Sofía, la protagonista de la película de Alejandra Márquez Abella, adaptación del famoso y peculiar texto de Guadalupe Loaeza, nos permitió ponerle rostro y voz a esa personaje sin la cual no podríamos imaginar la contemporaneidad mexicana. Esa princesa de cuento devenida en niña bien, cuyas aspiraciones de clase terminan por confundirse en frustraciones inacabables. Una personaje con la cual casi todos los mexicanos hemos convivido (aunque solo una ínfima minoría haya vivido lo que ella) y que puede concentrar en ciertos gestos, tonos, miradas y desplantes nuestra relación con el poder, la raza, los años de presiones y opresiones.

La potencia de Ilse como actriz se tradujo también en una reproducción casi facsimilar de Diana Laura Riojas, una leyenda para todo un país después del asesinato de su marido, el candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, en el infortunado año de 1994. Con la serie de Netflix, Salas logró ese nivel interpretativo de suma dificultad donde todos los elementos de identificación son reconocibles por la gran mayoría (o por quien recurra al personaje original): el porte, el acento norteño, la prudencia política sumada a un guión que le dio todo el peso a la impotencia de una mujer quien, literalmente, se rindió en vida ante la podredumbre del sistema. 

Además, la rigurosa formación de Salas con Ludwik Margules en el Foro de Teatro Contemporáneo —su capacidad expresiva y su flexibilidad casi natural para los acentos vocales muestran su camino por el máximo nivel disciplinario de México— ha permeado en sus proyectos actuales. En la adaptación de Antonio Zúñiga con la puesta en escena de Mauricio García Lozano, la Medea interpretada por Salas confirma sus pasos por la dramaturgia más clásica. Una capacidad actoral donde Ilse es capaz de deconstruir, en tanto que reconstruye y replantea. En la entrevista más reciente que hizo para Gatopardo, asegura que ve a la personaje como “un símbolo para decir: ‘Yo no soy la mujer que ustedes quieren que sea’. Y dialoga con un asunto agudo y profundo: los niveles de violencia de un germen machista heteropatriarcal que debemos erradicar”.

Sin duda, el talento y presencia de Ilse Salas en la escena cinematográfica y de actuación en México es un lujo que debemos referir.