Bu Cuarón

Por Tessa Ia

Para un tigrillo, seguir las huellas de su padre no significa seguir el mismo camino; significa, dentro de las mismas, encontrar su propia grandeza reflejada. Sin dejar de caer en la inevitable pregunta acerca de su linaje, hoy y para siempre, me encuentro genuinamente intrigada por la génesis de los sueños de Bu. Le vi hace tiempo algún video en YouTube y terminé con más preguntas que respuestas. Redacto esas preguntas aquí y, si no terminan por satisfacer del todo la curiosidad, es porque se percibe infinitud dentro de ella. Hija de uno de los directores contemporáneos mexicanos más reconocidos internacionalmente, Alfonso Cuarón, Tessa Bu Cuarón, aparte de compartir nombre conmigo, tiene un universo entero dentro de ella, con el que, con suerte y a su tiempo, nos deleitará. Apréndanse su nombre.

Edad, color favorito y signo zodiacal:
Dieciséis. El color es difícil y depende, pero me gustan mucho amarillo, azul, rojo. Soy capricornio. 

¿Qué te inspira? 
Ver gente productiva, feliz y apasionada. Me gusta estar con gente apasionada incluso si es apasionada de algo que a mí no me interesa, porque me encanta platicar y vincular sobre argumentos de pasión, cultura y arte. Si estoy con gente musical, siempre siento una conexión diferente y me puedo relacionar con esa persona en otro nivel.

¿Cómo es tu proceso creativo? 
Mi teléfono está lleno de más de cuatrocientos audios vocales de mí en que zumbo y canto melodías, letras y acordes que vienen a mi cabeza en los peores momentos. A veces, si estoy con gente, voy al baño solo para grabar un sonido que me gusta porque no quiero olvidarlo, para que cuando llegue a casa pueda escuchar la melodía, tocar los acordes y comenzar a escribir.

¿Cómo descubriste tu interés por la música?
No diría que descubrí mi interés por la música porque siempre me ha gustado, y crecer en una familia realmente artística me ayudó a desarrollar mi gusto y estilo. Conseguí un iPod cuando tenía cinco años y estaba obsesionado con todos los diferentes tipos de música y sabía todas las canciones de los Beatles de memoria.

¿Un recuerdo bonito? 
El otro día cantando y bailando Eminem con mi hermano Olmo. Sabemos todas las palabras de memoria. 

Según tú, ¿a qué venimos al mundo?
“Aunque estamos mal hechos no estamos terminados; y es la aventura de cambiar y de cambiarnos la que hace que valga la pena este parpadeo en la historia del universo, este fugaz calorcito entre los seres que somos nosotros.” Eduardo Galeano

¿Qué artistas te inspiran?
La primera tiene que ser seguramente Rosalía. El poder que transmite en su música y especialmente en sus conciertos es único. Jessie Reyez también me encanta y sus letras son muy fuertes. James Blake me inspira muchísimo y su producción es increíble.

¿Cómo defines a tu padre? 
Lo defino como un padre. Es un padre normal que me cuida y me quiere como tiene que hacer. Me hacen mucho esta pregunta: “¿Cómo es tener un padre famoso?” Y nunca sé qué decir porque no lo veo como tal.

¿Qué preferirías, tener un estudio en la luna o en el fondo del mar?
En el fondo del mar.

Una palabra fonéticamente placentera:
Pantufla.

¿Dónde podemos escuchar tu música?
¡Se puede escuchar en todas las plataformas! Hasta ahora ha salido solamente una canción, “Psycho”, que fue para el álbum, inspirada en Roma, ¡pero pronto sacaré otras! ¡Ya las tengo listas!

Fotografía / Camila Urrea (@camilaurreaa)

Gael García Bernal

Por Darío Yazbek Bernal

No fue tarea fácil entrevistar a mi hermano. Siempre es complicado, porque hay demasiadas cosas que ya sé, y una cantidad interminable de preguntas. Pero pocas personas hay a quienes adore más en esta vida. Siempre me ha gustado escucharlo, y es por esto que acepté la invitación: para poder compartir esta plática con todos. Así que se puede decir que una parte de la entrevista es mía también, y espero no se vuelva demasiado local. 

A mi hermano lo conocí cuando nací, pues me lleva doce años exactos. Además de todo, nacimos el mismo día, con el mismo signo chino, y el mismo ascendente. Nunca he entendido bien el zodiaco pero me impresiona más el tino que tuvo mi mamá que otra cosa. Junto con mi hermana, crecimos los tres, dentro del revoltijo que es tener una mamá actriz y las claras diferencias de edades. Sin embargo, siempre tuvimos discusiones profundas, al principio propiciadas por él, que me recogía en la escuela e inspirado por sus clases de filosofía me planteaba problemas metafísicos mientras estábamos atrapados en el tráfico. Yo tomaba de mi agua de limón que se calentaba con el sol, mientras intentaba hacer sentido lógico a algo que me desesperaba, al no encontrar respuestas. Él se reía y profundizaba mientras yo le cambiaba el tema para platicar de futbol o para contarle chistes que improvisaba en ese momento. Creo que mis chistes eran pésimos, ya que siempre regresábamos a la filosofía. 

Pasó el tiempo y yo seguía intentando entrar en esas discusiones, hasta que lo logré (o al menos eso creo), y ya le puedo recomendar cantidad de libros y autores. Esta entrevista es una de esas conversaciones, donde el hilo conductor es el amor incondicional entre hermanos y el entusiasmo de entender las cosas, sin saber siquiera si se logró el cometido. 

Empieza con un proyecto que vi crecer en sus manos: Chicuarotes. Fue un proceso realmente orgánico, y no me refiero a que tuvo libre pastoreo, sino que le exigió a mi hermano su total devoción y cariño. Hacer una película es un proceso doloroso, que consume a los que se involucran con ella. Hay que aplaudir el hecho de que se concrete. Pero hacerla bien, escuchar el proyecto, y plasmar las ideas en algo visual y entretenido, es un hito de héroes. No lo digo porque sea mi hermano ni mucho menos, pero el producto final de la película es impresionante, por la generosidad de la historia, y por lo desgarradores que pueden ser unos minutos de histeria. Al hablar de ella podemos hablar de la condición humana, o de la situación del país, y hasta de las relaciones amorosas adolescentes. Al hablar de Chicuarotes hablamos de la vida, y espero así se transmitan las preguntas: aludiendo a nuestras conversaciones mientras nos entreteníamos en el tráfico en un carro sin radio, ya que siendo el DF en los noventa, algunos Cagaleras siempre te robaban el radio. 

Dentro del alma del proyecto y la parte que obviamente es manufactura, ¿dónde consideras que existe lo tuyo? ¿Dónde empieza Gael y dónde empieza Chicuarotes?

De alguna manera existe, es lugar común que delata que una película te desnuda completamente. O sea que hay tanto tiempo y tanto amor para acompañarlo, sostenerlo, llevarlo a cabo, convocar a todo mundo, creer en el proyecto, que pase algo que ojalá trascienda, creer que ahí va a haber un lugar en donde experimentar y que toda la experiencia va a ser fantástica… Como que toda la ilusión y la convicción del proyecto viene de un profundo amor que te delata, habla de quien eres. Veo la película y puedo apreciar un sentido del humor que es muy parecido al mío. Obviamente todas las decisiones las tomamos los colaboradores y yo, pero veo que es algo construido de parte mía, me veo muy ahí. Y, en una forma psicoanalítica y más aventurada, diría que también la película va un poco de la mano de un sentimiento, que ahora ya es otra cosa, pero alguna vez experimenté, que es la desesperanza. Ahora la vivo de otra forma, pero la desesperanza juvenil es algo que me pasó y de alguna manera siento que está retratada en Chicuarotes, con todo y que los personajes son increíblemente lejanos a mí. Con todo y que el Cagaleras creció en un entorno completamente desprovisto de amor y yo no. Yo crecí en un entorno muy amoroso y cálido. Yo veía otras posibilidades, siempre me causó misterio, incluso mucha impresión y pánico, el hecho de que hay gente que no puede ver más allá, por haber crecido en un lugar completamente violento.

Y la falta de horizonte, ¿no? De un futuro, de algo.

Sí, exacto, y no tiene nada que ver con el lugar. No es cuestión de un lugar, es cuestión natural del haber familiar, del cariño, del crecer con confianza. Alguien que me conozca bien puede ver ese puntito extra que yo no veo al estar tan dentro de mí. Puede encontrarle a la película algunas similitudes conmigo, en forma muy directa y muy relacionada con los proyectos en los que he participado como actor o los proyectos que he dirigido, está todo ahí revuelto.

Hablas mucho de la esperanza, porque conociéndote, obviamente, yo sé que tú ves mucho la esperanza y la parte buena y cómo se puede mejorar. ¿Dónde crees que está eso en la película? ¿Dónde crees que se plasma la luz, el cambio o alguna especie de futuro que tenga un buen augurio?

La esperanza es difícil de articular en palabras, lo que uno vive como esperanza. Uno puede sublimarla en lo cotidiano, pero siento que no se puede tocar, porque al intentar disectarla me doy contra pared, me empiezo a contradecir y empiezo a ver los grises y cómo en realidad esa esperanza que veo es una construcción del día a día para seguir adelante. No necesariamente es en blanco y negro la cosa. No podría asegurar que todo está bien, la desesperanza la vivo ahora de una forma, habiendo cumplido 40, jaja. Sigue siendo muy esperanzador lo cotidiano. En la película lo que me interesaba, y creo que por ahí va la función fantástica del cine o de la expresión artística, sea la que sea, es que puedes explorar la esperanza que existe empíricamente, aunque no la comprendas del todo. En la película siento que Sugheili es ese misterio y esa luz que guarda una esperanza. Ella la habita, es un misterio y es lo interesante de la película. Te hace cuestionarte qué pasa con esa fortaleza y ese seguir adelante. El arco dramático evolutivo de la Tonchi, enfocándonos en las mujeres, que de alguna manera son las que cargan ese peso de la esperanza en la película, ese lo entendemos más. Ella entiende algo y toma acción al respecto. La hermana también está buscando cómo sobrevivir de la misma forma que el Cagalera, pero le toca cargar con el muerto, literalmente. Sugheili en cambio guarda un misterio y sobrevive con ese misterio. Otra luz que hay ahí es el Moloteco, en cuestión de cómo aborda la fraternidad, él avanza desde ahí. Son espacios, indicios de que otra forma es posible. Y el hecho de que exista otra forma ya es una posibilidad que hace que exista esperanza de alguna manera. Hay varios indicios en la película que van por ahí. El accidente que había que provocar era evidenciar ese misterio, y simplemente señalarlo ya es suficiente.

¿Cuál es tu relación con la película terminada después de un proceso tan largo?, ¿cómo te sientes con ella?

Es extraño. El entendido sería que ya, a lo que sigue. Acabo la película y ya quedó caduco ese instante que fuimos. Lo que ha pasado es transversalmente opuesto, me ha interesado muchísimo más la película, los temas que aborda, el trabajo de todos, lo admiro muchísimo. Y le descubro capas a la película. Por ejemplo, la lectura del western es una que no había cachado y ahora veo. Hay un encuentro mitológico entre el padre y el Cagalera. De alguna manera he descubierto cómo la película pertenece mucho a la tesitura existencialista del cine de los 70, donde el héroe te traiciona, y eso es una majadería. Reflexiono mucho en torno al estado del cine y de la narrativa actual, la industria en la época de la posverdad. El número impresionante de opiniones y de información que podemos adquirir y con la que podemos interactuar todos los días, nos ha hecho simplificar nuestra narrativa. Temas específicos como la violencia en México. Hablamos tanto de ello y buscamos tanto y se aparece todos los días. Interactuamos tanto con ella que de alguna manera ya nuestra visión ante eso es un poco simplista, ya sabemos que tiene que parar. Eso nos ha hecho acotar un poco los ejes desde donde podemos hablar de ello. Porque cuando empezamos a ahondar en los grises, ¡hijo!, es una labor cansada y desesperanzadora. Si te asomas un poco al agujero, te das cuenta de que estamos muy adentro.

¿Qué rol crees que toma Chicuarotes en esa discusión de buscarle un sentido a lo que son muchas verdades que en realidad no son verdades?

Ahí es donde creo que la película, por describirlo de una manera un tanto perezosa, cumple con una función muy cinematográfica que te hace ver tres segundos, cinco segundos. Te hace echar un vistazo a algo que ya sabes, para que realmente digas a ver ¡espérate! Es algo que viene sucediendo, con lo que me relaciono, pero por qué carajos me tengo que enfrentar de esta forma a ello. Chicuarotes hace que evolucione esa perspectiva. Por un lado, podemos semánticamente manejar mucho razonamiento en torno a la violencia, la inseguridad, pero siento que la narrativa de salida o la solución se emplea de una forma tangencial, casi poética. Hay un libro nuevo de Srećko Horvat, un escritor croata, Poesía del futuro, que retoma lo que siempre se ha dicho: cómo la poesía de alguna manera te ayuda a llegar antes, la poesía anticipa. La poesía como objetivo artístico de cualquier área. Siento que la película abona a ese terreno fértil donde pueden crecer nuevas poesías, en torno a esos temas. Cumple con ese cometido, ese accidente que queremos generar. Me siento muy orgulloso de la película a la distancia. Me siento muy feliz y extrañamente esto te lo confieso a ti. Digo, cualquiera lo puede leer, pero no me he sentido nervioso en ningún momento con la película, al contrario, me he sentido feliz.

Te dejaste llevar por el tobogán, un poco como el espíritu de la película, ¿no?

¡Exacto! Y otra cosa que veo de la película es que hay también una natural inocencia que surge cuando hay jóvenes en cámara. Es una historia juvenil, tiene una inocencia muy bonita. Entrañable, no solo me remite al cine de los 70 en el sentido del antihéroe, sino que también me remite al cine de la pérdida de la inocencia, en un mundo actual, donde das un paso en falso hacia una narrativa plausible, como secuestrar a alguien. Es una posibilidad, ¿no?, para el Cagalera, y te enfrentas a lo peor de lo peor, lo peor de ti mismo, de la humanidad, de todo. Siento que la película genera lo que Bertolt Brecht proponía antes de mostrar sus obras de teatro: venimos con un problema para que ustedes se hagan cargo. 

La película en ese sentido presenta el problema y lo desmenuza de buena forma. Sí hay similitudes con el western, que encuentras en el espacio, que en este caso es San Gregorio, una periferia que circunda las sociedades desarrolladas, por así decirlo… creo que en el western pasa lo mismo: son estos espacios que no se ubican en un lugar muy definido. El desierto tiene este rollo espiritual y San Gregorio también lo tiene, de forma que se puede exponer este tipo de problemas, salirte del centro para verlo desde afuera. Esto me lleva un poco a la siguiente pregunta. 

Hablando de nuestro amigo Alain Badiou, él en una entrevista habla del tema del medio ambiente, de cómo se tiene que desarrollar una revolución tradicionalista. La búsqueda de un cambio que preserve. En este caso Chicuarotes habla de cómo se preservan las cosas para la supervivencia. Sin embargo, tiene que haber un cambio en cómo vemos eso. Obviamente tiene que ver con el aspecto familiar del Cagalera y también del medio ambiente y del espacio que es San Gregorio. ¿Cómo consideras tú que se podría dar una lectura de esto, o ser parte de un cambio de este tipo?

¡Ay, cabrón! Es la gran controversia de este momento en torno a encarar la emergencia climática. Está la división muy clara entre los que piensan que somos demasiados y ya es insostenible y cómo corresponde eso a todas las áreas, la conservación, si hacerse más pequeños es la solución. O la del otro lado, que es una versión más optimista y proactiva, que es la de, bueno, la ciencia nos va a salvar ¿no? Le vamos a encontrar la vuelta con nuevas tecnologías. San Gregorio es un paraje extraño que sufre las calamidades de humanos decidiendo establecerse en un lugar que está ganado al agua y que de alguna manera está directamente en el caudal de las aguas de la Ciudad de México. Esa ha sido su eterna controversia. A mí me parece que en la película ellos se están queriendo salir de un lugar que podría ser el paraíso, que podría ser uno de los lugares más bonitos de la tierra. El clima es perfecto, crecen las plantas muy bien. Hay mucha fauna, el agua puede correr. Las condiciones están dadas para una sustentabilidad, con un número determinado de personas, obviamente. El uso de las chinampas ha sido ancestral, rinde frutos literalmente y compagina muy bien con el medio ambiente, con las nuevas tecnologías que seguramente han aportado muchísimas ventajas para el desarrollo de la vida ahí. Siento que es una especie de cuña que la película otorga ante este tema, pero justo ahí es donde también despega ese encuentro de soluciones a la vez que evidencia una emergencia que, en términos conservadores, puede ser alguien que quiere conservar un lugar y también alguien que quiere conservar una narrativa jodida y despótica.

Es una revolución tradicionalista: conservemos las cosas que se tienen que conservar para sobrevivir, pero el problema es justo eso. ¿Cómo hacer un cambio positivo hacia eso? Un cambio hacia el conservadurismo ambiental. ¿Cómo encontramos las cosas que sí pueden ser verdad y además signifiquen un cambio constructivo de conservación?

Los medioambientalistas importantes han señalado mucho eso, cómo los negacionistas, por ejemplo, son conservadores. Es muy raro porque está atorado el lenguaje, ya no da para más.

El problema es que los conceptos de conservador y liberal ya no dan para la situación. En el mundo del Cagalera y el Moloteco todo se está cayendo, está en ruinas y se viene el terremoto, y todo mal. Sí hay un sentimiento en la película de que todo se está yendo a la chingada, de que hay una decadencia que terminará con una aniquilación total de la especie. Hay un tren de pensamiento de eso, de que no hay remedio. ¿En dónde ves tú como persona que esa aniquilación se puede revertir? ¿En dónde están los polos que podemos revertir? ¿En dónde podemos encontrar una narrativa distinta para cambiar ese sentimiento de que todo se está cayendo?

Esa es la desesperanza. Es muy difícil, muy complicado, porque hablar de forma abstracta es una cosa, pero siento que el Cagalera es el arquetipo de personaje que está caminando al borde del abismo de los monstruos y parece que la película es el momento en donde lo jalan y se lo llevan consigo. Hay un punto en donde él pudo haber tomado otras decisiones, pero no. Ahí es donde siento que es muy doloroso ver a alguien que parece ser insalvable, ¿no? Él, al tomar esta decisión terrible, casi al final de la película, al hacer eso con su novia y dejar que la lastimen para salvarse, ahí ya no hay vuelta atrás. Tendrá que luchar contra esos demonios que él mismo creó. Y es muy difícil, desde afuera, sacar a alguien de ahí.

¿Tendrá redención de alguna forma?

Quiero creer que sí y casi casi me niego a decir que no. Hay que lucharle y hacer el intento, pero está muy difícil, muy muy complicado. Lo que podemos hacer es crear toda esa red de contención y explorar la libertad para inspirar a otras personas a tomar esa libertad y responsabilidad que conlleva. ¡Vivir está cabrón!

¿Hablas de tomar la libertad nosotros para abrir el panorama de libertad a otros?

¡Exactamente! Sí, lo retomo de este lado más poético. Carlos Fuentes lo mencionaba una vez que estábamos hablando mucho de noticias, de lo que estaba sucediendo en el país y en el mundo entero. Hablábamos y empezamos a meternos en un callejón sin salida, y de repente dijimos: ¡ay, cabrón!, todo se va a ir a la chingada, el panorama se ve durísimo. ¡Qué difícil que no se puede llegar a solucionar todo! ¡Qué difícil que, por más red de apoyo, instituciones, si un niño crece en un entorno completamente violento, sea en México o en las sociedades más avanzadas, es un desastre! Mucha gente sobrevive a eso y obviamente entre mejores condiciones tengas, hay más posibilidades de sobrevivir a ese desamor, pero hay gente que no. Por eso Carlos Fuentes decía que hay que escribir más libros, hay que hacer más películas y más expresiones artísticas, las que sean, para instigar a que otras personas agarren esa libertad y puedan cambiar su entorno, su vida, y puedan ejercer esa libertad. Esa es una invitación desde la más pura libertad, casi anarquista. La poesía te la oportunidad de vivir varias vidas dentro de una vida. Obviamente la sociedad le teme a eso, pero pues es en donde está la salida.

¿Qué consideras tú como un momento cinematográfico? ¿Qué hace un momento de cine?

En el cine yo lo vivo como si de repente sucediera todo detrás de mí y en el momento en que me doy cuenta, de forma incauta e inocente, y digo wow, volteo, y me doy cuenta de que ya estaba construido. Como si la noción inconsciente de un momento de cine me llegara a destiempo. Sucede antes, y mucho después me doy cuenta.

¿Cuál era tu miedo más grande como director siendo actor?

Había un miedo puntual. A diferencia de muchas películas, esta era una película que necesitaba un gran actor para hacer el Cagalera. Es el eje de la película, alguien que fuese un personaje fascinante. Era un miedo que se terminó en el momento en que conocí a Benny. Dije: ya, aquí hay un gran mediocampista y es de los mejores mediocampistas con los que me ha tocado jugar, jaja. 

¿Cómo crees que la dirección te haya cambiado en tu parte de actor?

En una forma traicionera a veces. Por un lado, la primera vez que descubrí la dirección me di cuenta de muchísimas cosas como actor. Me di cuenta de que en realidad como actor no controlas nada. Y que todo es una especie de Frankenstein medio extraño, pero por otro lado me relajé más gracias a la dirección. En la actuación me enfoco solamente en la actuación. Cuando estoy actuando me enfoco en el personaje, me enfoco en disfrutar esto. Dirigir me ha hecho disfrutar muchísimo más actuar, pero ha hecho más complicado el hecho de que de repente, si hay una situación o dificultad en el set y los directores no están pudiendo dirigir, me frustro mucho porque dirigir es una cosa muy cercana a manejar un equipo, un caballo, son detalles que no se pueden escapar. Es mucho de instinto, tienes que dejar volar, es un tema muy complicado, por eso no todo mundo puede hacerlo o no todo mundo lo hace bien. Es cabrón dirigir y me ha ayudado mucho como actor.

¿Te pudo haber quitado un poco de esa ingenuidad virtuosa, pero también te dio un poco de calma para enfocarte?

Sí, había algo en la ingenuidad virtuosa: me sentía que yo controlaba todo, pero me di cuenta de que no.

Hay una idea que me gusta bastante, y es que todo mundo tiene el potencial de ser artista. ¿Tú crees eso o se nace con eso? 

Pues esto del arte puede venir de cualquier lado, me encanta eso. No cualquiera sino más bien de cualquier lado. Hay gente que manifiesta su vida a través de la estética y se vale de la estética como forma de interactuar con el mundo. Desde cómo hablas hasta cómo caminas. Hay gente que tiene más conexión con ese talante, con ese lado que puede venir de cualquier lugar. No sé a qué obedece, no tengo idea. Hay gente que nunca tuvo ningún acercamiento artístico y de alguna forma su arte se manifiesta de otra forma, muy constante y muy fuerte, muy potente y hace a la persona. Definitivamente creo que hay que crear las condiciones para que esto se dé, pero no te podría decir de dónde viene. Siento que no he leído, sentido ni escuchado nada que me haga tener la afirmación así tan clara. Quizá voy a sonar muy hippie, pero tal vez viene desde el amor.

¿O de la libertad?

Exactamente. ¿Qué no son lo mismo? 

Bueno, una última pregunta: ¿Qué futuro le deparas a la Selección Mexicana con el nuevo entrenador?

La verdad, un gran gran futuro, porque hay jóvenes que están jugando impresionante. Siento que tenemos un gran camino por delante. 

¿Ahí está la esperanza?

Sí, es que además está hecha de pura esperanza, jaja, vienen cosas interesantes. Va a estar bueno y nos puede dar buenas sorpresas. 

Fotografía / Ricardo Ramos

Realización y estilismo / Fernanda Aragonés

Asistencia de estilismo / Álvaro Valadez

Maquillaje / Zulema Ramirez

Locación / Hotel Demetria


Viaje infinito

Por Álvaro Váladez
Intervención Gráfica @sincuerdo 

Lo que ves es lo que hay: es la norma que se dicta desde las pantallas de nuestros dispositivos móviles en cualquiera de las redes sociales en la actualidad. La obsesión por construir una identidad propia en su edición 2.0, al mismo tiempo que creamos una imagen pública “perfecta” al ritmo insaciable de los likes y followers en Instagram, no ha hecho otra cosa más que exponer —y detonar— las presiones, las inseguridades, las aspiraciones y la frivolidad a las que nos enfrentamos todas y todos en nuestra cotidianidad. Pareciera que la internet y las nuevas herramientas de comunicación —contrario a lo que pensamos— nos han llevado a un estado de aislamiento y mimetización no sólo cognitivo sino también emocional.

La saturación de información a la que estamos expuestos, lejos de generar mayor conocimiento, ha provocado hastío, disparando nuestros niveles de estrés y ansiedad; pero quizás más grave aún sea nuestra creciente incapacidad de profundizar. Hoy no contamos con el tiempo, la necesidad, las ganas, ni las agallas para profundizar; la superficialidad que ha traído la inmediatez se ha filtrado en lo más hondo de nuestra existencia y no excluye a nada ni a nadie. De nueva cuenta las redes sociales son la mayor proyección del estado en el que nos encontramos como individuos y como sociedad.

Trends_YalBasta ver lo que ha sucedido en los últimos meses con la película Roma de Alfonso Cuarón. Lejos del impacto mediático, el reconocimiento de la crítica o la calidad de la película, la reacción de la gente en redes sociales ha sido un “fenómeno” digno de análisis. La batalla desatada entre quienes aman la película y quienes la descalifican, ha sido proporcional a las discusiones originadas en torno a la imagen de una de sus protagonistas, Yalitza Aparicio. Los juicios categóricos y las opiniones viscerales han sido una constante no solo respecto a la película sino a cómo luce Yalitza. Su portada en la revista Vogue y sus apariciones en las alfombras rojas de las principales entregas de premios, resultaron el detonante para que los usuarios de redes sociales, desde la comodidad que supone el anonimato, hagan de esto la vía perfecta hacia una autoafirmación y validación que difícilmente encuentran fuera de la web.

Si la película es muy lenta, si está sobrevalorada, si es clasista, si el vestido Miu Miu de Yalitza en los Globos de Oro le quedaba bien o no, si ella es un nuevo icono de la moda, etcétera. La “opinionitis” se ha esparcido como un virus. Es cierto que tanto el arte como la moda —al igual que el concepto de belleza— son asuntos muy subjetivos, pero lo que realmente ha expuesto la “opinionitis” en torno a Roma es la carencia de diálogo, de argumentos sustentados que conlleven a una reflexión y un análisis que no se limite a la simple percepción. ¿De verdad una película como Roma se puede calificar como aburrida por sus largas secuencias carentes de diálogo? ¿Es solo un retrato personal y clasista de un segmento social privilegiado? De verdad, ¿la historia de Yalitza Aparicio y su desempeño actoral pasa a segundo plano ante una elección de vestido o una portada

La falta de contexto, de referencias y de contenido, nos ha llevado al límite de la banalización. Es fundamental regresar al origen y entender que la vida y las personas no se pueden descifrar a la brevedad de un hashtag, bajo 280 caracteres o con un buen filtro. Es momento de refutar nociones tan tóxicas como las que aseguran que una imagen vale mil palabras o que como nos ven nos tratan. Somos muchísimo más complejos e interesantes de lo que podamos percibir desde el exterior; otorguémonos el privilegio de volver a indagar en las profundidades de las sensaciones, de las emociones y del conocimiento. Porque lo material no trasciende y mucho menos es infinito, las ideas y las emociones sí lo son.

Del celeste al índigo

C36_edito_1En esta edición de Cream exploramos los alcances simbólicos de esa gama de color que va del celeste al índigo. Transitamos, pues, alrededor del mar y el cielo: de lo infinito, lo simple y lo profundo. En su infinidad de matices –y tras las manos de nuestros colaboradores–, la gama resultó entrañable y heterogénea. Y estas páginas son un muestrario de ello.

Como primera gran apuesta, nos llena de emoción tener por primera vez una doble portada con dos de las mujeres que han sacudido la vida reciente en nuestro país: Yalitza Aparicio y Marina de Tavira. A unas semanas de anunciar su nominación al Óscar, ambas actrices nos cuentan el proceso tan excepcional por el que atraviesan y las implicaciones de que su trabajo sea reconocido a este nivel. Las entrevistas de ambas se acompañan de un exquisito trabajo fotográfico por parte de Ricardo Ramos, uno de los lentes más emblemáticos de la escena en México.

En otras páginas, el azul fue plasmado con parsimonia y pertinencia. En especial en aquellas retrospectivas fotográficas con el trabajo de Diego Ramos, el imprescindible recorrido visual de Renata Juárez Huerdo sobre monjas de claustro, el oportuno ensayo Cruces de Steffanie Padilla y un apartado sobre el mar tras los ojos de múltiples autores. En el arte y la arquitectura, la gama osciló entre las ávidas exploraciones de Daniel Barreto, la pertinencia de Maj Linström y el refinamiento de Ambrosi Etchegaray.

Estas páginas toman el azul como pretexto para seguir celebrando el talento de México. Un horizonte interminable que no nos cansamos de seguir descubriendo.

Jorge, Ashley y Jocely

Yalitza Aparicio

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Por Jose Acévez (@joseacevez)

Fotografía / Ricardo Ramos (@ricardoramosphoto)

La historia de Yalitza Aparicio se ha convertido en un mito para la vida cultural mexicana de los tiempos recientes. Una mujer mixteca de la sierra oaxaqueña que por un desliz del azar terminó convirtiéndose en una estrella reconocida y aplaudida en los rincones más sofisticados del mundo. Una historia sobre las excepciones; de esas que abundaban en la televisión abierta o en las películas con poco presupuesto. Una historia casi inverosímil si no fuera por, literalmente, la magia del cine. Ese cine que es capaz de retratar y reconocer, de abrir espacios para interrogantes genuinas. Esa “magia” lúcida que abunda en Roma, donde la actuación de Yalitza es elemento imprescindible para la completud.

Cuando a inicios de noviembre de 2018, la edición estadounidense de Vanity Fair publicó una entrevista con Aparicio junto con su coprotagonista, Marina de Tavira, y Alfonso Cuarón, director de la tan esperada película producida por Netflix, el nombre de la maestra normalista que se hizo actriz comenzó a ebullir. La entrevista se acompañaba de las fotografías que realizó Cristina de Middel, las cuales están llenas de una atmósfera estética particularmente vasta y caleidoscópica. Las imágenes no tardaron en viralizarse y en generar todo tipo de comentarios. No es común que en México veamos a una mujer mixteca vestida de Gucci, Louis Vuitton y Prada, posando con elegancia y rodeada de elementos formales (colores, flores, luces) que no niegan su etnicidad, sino que la engalanan. Un encuentro poco explorado entre el exotismo de lo originario y el mundo del glamur que solo le corresponde a unos pocos. Fue un momento donde comenzamos a imaginar, a discutir, a vislumbrar alcances. ¿Por qué nos hemos negado tanto tiempo la posibilidad de adular nuestra compleja diversidad? ¿Por qué tenemos que reservarnos la exclusiva de la belleza autóctona mexicana en su contexto folclórico y no verla como un engranaje más de los referentes que se suponen universales?

La historia de Yalitza —y su repetición recurrente, constante y múltiple— ha desatado todo un fenómeno de reflexión (a veces superflua, otras muchas más profunda). Hacia el interior de nuestro país, en dos sentidos: primero, sobre la trama de Roma (el oportuno y casi urgente cuestionamiento acerca del tipo de relación que hemos construido con quienes se dedican a que los hogares mexicanos sean espacios vivibles, a quienes les debemos, sin hipérbole, la supervivencia de la cotidianidad); y, dos, sobre cómo nos hemos relacionado históricamente con los pueblos originarios de México. Ambas cuestiones se entrelazan en un fenómeno tan único como inédito: la superación de Yalitza ante el personaje de Cleo para convertirse en un icono de la cultura masiva internacional, pero sobre todo mexicana. Además, a nivel global, con el León de Oro y diez nominaciones al Óscar, entre las que Aparicio compite por el premio a mejor actriz, la película que retrató con manufactura exquisita un momento históricamente tan situado del México de los setenta, pero cuya narrativa no impidió que se comprendiera en cualquier punto del mundo, nos dejó entrever un talento innato, que desde su estreno ha estado sobrado de aplausos. Es aquí cuando las capas se vuelven visibles y podemos reconocer a Yalitza Aparicio, a Cleo, y a la primera interpretando a la segunda.

Nos hicimos de pronto de una de las mejores figuras que ha entregado México al cine internacional, representando, sí, un papel cuyas vetas nos hacen cuestionar profundas huellas de las diferencias que han marcado a este país. Pero que, sin embargo, no se quedó ahí. Yalitza no fue Cleo y no la entendimos a partir de su personaje, sino que sus rupturas y replanteamientos nos han permitido ver más allá de lo evidente. Rehacer códigos no es sencillo y el perfil de Aparicio fue un aliciente pocas veces experimentado.

CREAM_36-38_aDespués de Vanity Fair llegó el epítome del reconocimiento estético: Vogue. Por primera vez en la historia de la edición mexicana, la portada fue para una mujer que no ocultó ni maquilló sus rasgos indígenas. Los retratos de ese “orgullo mexicano” se enaltecieron. A la Frida Kahlo, a la María Félix, a la Angélica María. Pero bajita, morena y con abismal mirada negra. Estábamos siendo conscientes de la creación de un nuevo referente, de un antes y un después. De un momento en la historia visual mexicana donde, además, leíamos In tiu’n ntav’i, la traducción mixteca de “Una estrella ha nacido”. La validación (aunque no solicitada) fue explícita.

Y eso es lo que más se reconoce y aplaude de Yalitza: no le bastó una actuación monumental, una comprensión detallada de la realidad de miles de mujeres que tienen que enfrentar la pesadez de la desigualdad y el desdén. No. Su capacidad rebasó al personaje para entregarnos a una mujer completa que se planta con igual distinción en Londres y en Los Ángeles, en el New York Times y con Jimmy Kimmel.

A Yalitza Aparicio le debemos la reformulación de muchas de nuestras convicciones. Sabemos, gracias a ella, que nos estábamos limitando y que eso nos hacía daño. Hoy, como en ningún otro momento de la historia contemporánea de México, podemos reconocer las anomalías con las que se construye y se aprecia la belleza. Por lo que poco abona la obediencia perpetua a un modelo o a una regla.

Los pendientes son todavía cuantiosos. Sabemos que la separación entre Yalitza y un personaje que replica los estereotipos de las mujeres indígenas en México, si bien no fue fortuita, no es aún una constante reconocible. Lo que sigue es que la validación y el porte de quien se presenta como el nuevo referente se replique sin dudas o trabas. Que sean cada vez más las portadas que no cuestionen el origen o el tono de piel; que se diluya el reconocimiento monolítico para construir otras (y múltiples) maneras de que no haya jerarquías entre colores. Lo que sigue es que Yalitza ya no ocupe el papel de Cleo, sino que la realidad y el cine obedezcan a contar más historias que no estén limitadas a que los personajes vivan atados a una raza, a un género o a una clase social.

El primer paso ya lo dio Yalitza y lo que sigue es mantener la congruencia, pero sobre todo la apertura para facilitar y apreciar. Que Oaxaca y cualquier parte del mundo sea un retrato pertinente y pulcro.

C36_Yal_01Platicamos con la actriz sobre esto y sobre los retos y disfrutes de hacer Roma. Aquí algo de lo que Yalitza nos platicó.

Cuéntanos cómo es Tlaxiaco, tu ciudad natal.
Tlaxiaco es maravilloso. Crecí y siempre he vivido ahí. Considero que todas las personas son muy amables, muy respetuosas; me encanta como se llevan entre sí. Aún es un lugar pequeño y cuando vas por la calle, toda la gente se saluda. Eso me encanta de mi ciudad.

¿Qué te llevó a elegir la docencia como primera profesión?
Elegí la docencia porque desde que recuerdo, es algo que me ha gustado. Me encanta convivir con los niños y siento que ellos tienen esa facilidad de aprender las cosas de una manera muy natural. Además cuentan con la inocencia de la edad, que les permite ir formándose con los aprendizajes de acuerdo a sus experiencias. Son esas razones que me llevaron a elegir esa profesión tan maravillosa.

Cuéntanos qué es lo que más te gusta y si hay algo que no te guste de ser mixteca.
Me encanta todo de ser mixteca. Estoy muy orgullosa de mis raíces, orgullosa de cómo es mi gente. Son personas muy alegres, siempre apoyándose mutuamente y es por ello que estoy tan feliz de haber nacido en la Mixteca y de haberme criado con su cultura. Aunque mi familia pertenece a dos culturas diferentes (Triqui y Mixteca), yo crecí y nací en Tlaxiaco, por lo que aprendí a amar todo lo que significa.

¿Y de ser mexicana?
Me encanta que tenemos una cultura tan diversa, tenemos tantos lugares maravillosos, cada persona tiene características diferentes que nos hacen ser únicos. Además de contar con una gastronomía tan grande y tan rica.

Durante el proceso de rodaje, ¿Cuarón te contaba de Libo? ¿Cómo fue que te apropiaste del personaje de Cleo?
Conocí a Libo un poco antes de comenzar el rodaje. Tuve la oportunidad de hablar con ella y también Alfonso me contó sobre su historia con ella. Pero, repito, esto fue antes de que comenzara el rodaje y no me contaron qué sucedería en la película.

CREAM_36-50¿Qué es lo que más admiras de Cleo y Sofía?
Lo que más admiro de Cleo y Sofía es la fortaleza que tienen como mujeres y el amor tan grande que tienen por la familia. El amor las ayuda a salir adelante.

¿Cuál es tu escena favorita de Roma? ¿Por qué?
Es cuando Cleo está arrullando a Sofi y que Sofi está también cantando esa canción de cuna en mixteco. Es algo muy bonito, porque se muestra cómo Cleo comparte su lengua materna con la niña que cuida y a quien quiere tanto como si fuera su propia hija.

¿Qué sigue para Yalitza después de Roma?
Es algo que me he estado preguntando en los últimos días. Esperaré a ver lo que pasa, pero sé que si llegara a presentarse la oportunidad de hacer otra película, sería algo maravilloso. Y si no, igual estaría feliz de regresar a dar clases, ya que es lo que siempre me ha gustado y para lo que me preparé.

¿Quién o quiénes son las personas más interesantes que has conocido últimamente?
Todas las personas que he conocido son muy interesantes. He tenido la oportunidad de ver que mucha gente en esta industria se ha esforzado mucho para llegar a donde está y es algo para admirarse.

Cuéntanos sobre algún momento inolvidable de los últimos meses.
El momento que nunca olvidaré fue en Venecia, cuando se presentó la película en el festival de cine. Fue la primera vez que estuve en una alfombra roja y no tenía idea de lo que tenía que hacer y era algo que me tenía muy nerviosa. Pero fue una experiencia maravillosa.

Marina de Tavira

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Por Lety Sahagún (@letysaha)

Fotografía / Ricardo Ramos (@ricardoramosphoto)

Siempre he tenido pensamientos alrededor de los sueños. ¿A qué huelen? ¿Qué pasa cuando los tocas? ¿Qué cambia dentro de ti cuando eres nombrada como una de las mejores actrices del año a nivel mundial? ¿Cómo se siente desfilar por todas las alfombras y saber que tu nombre va acompañado de todo tipo de elogios por parte de los críticos de cine? ¿Qué se activa cuando ese trabajo que tanto alaban es algo que se relaciona con Alfonso Cuarón, quien como director confía en tus recursos actorales y te da la libertad de fluir con tu personaje? Con estas y otras dudas llego a casa de Marina de Tavira y entiendo todo. Me recibe con un café en la mano, sin una gota de maquillaje, mientras nos sentamos en una banquita pintada de colores a hablar del fenómeno que ha sido Roma.

Todo se ha movido más rápido que nunca para ella. Viene llegando de Los Ángeles y debe asistir a una entrega de premios dentro de algunas horas. Cuando le pregunto si se mudaría para allá, si cruzaría todas las puertas que se empiecen a abrir a partir de ahora, me sorprende su respuesta. Con toda la certeza del mundo, me habla de sus prioridades y de lo bonito del ritmo de su vida antes de Roma, de su amor por el teatro, por la vida tranquila en Coyoacán, por su familia y por esa casa con un naranjo precioso que se ve al entrar. Y entonces, desde la felicidad de lo que ya es, goza lo que esta película ha traído, pero no se obsesiona con Hollywood ni con los reflectores que acompañan este sueño. Ella lo supo desde niña: quería la vida que tenía, y quizá por eso llegó con tanta fuerza todo esto, porque no lo buscaba y no lo esperaba, pero ahora que llegó, lo disfruta a plenitud.

CREAM_36-16¿Quién es Marina de Tavira?
A estas alturas, muchas cosas. Soy actriz básicamente, es lo que más me apasiona, lo que quise ser desde niña, lo que más disfruto en términos profesionales, además de ser mujer, mamá, amiga y todas las demás partes de la vida.

¿Te acuerdas de algún momento en particular en que dijiste “quiero ser actriz”?
Sí, desde muy muy chiquita, casi a los tres años. Mi tío Luis (hermano de mi papá) es director de teatro y mi papá era un gran amante del teatro y también hacía teatro, tenía su propio grupo que ensayaba en mi casa. Desde chica me llevaban al teatro de adultos, no necesariamente al infantil. Desde siempre supe que quería pertenecer a ese mundo que me parecía mágico y fascinante. Podía ir a saludar a las actrices al camerino acabando la función. Nunca pensé en otra cosa, lo tenía muy claro.

¿Cómo fue para ti crecer en la Ciudad de México?
El momento en el que empecé a ser más feliz fue cuando entré a estudiar actuación en Coyoacán en la Casa del Teatro, que es mi alma mater. Siempre me encantó Coyoacán y el espíritu que ahí se sentía. Mi infancia fue maravillosa, la adolescencia y toda esa parte de la preparatoria siempre es complicada, creo que se empieza a disfrutar la vida hasta después, jaja.

Tienes muchos años dedicándote a la actuación, pero todo esto que ha pasado es una locura. ¿Cómo has lidiado con todo esto que ha venido acompañando a Roma?
Ha sido maravilloso. He trabajado desde los dieciocho años en teatro, cine y tele, pero nunca había hecho un proyecto que tuviera esta resonancia. Ha sido maravilloso recibir todo lo que por la misma película ha sucedido, pero también agradezco que sea una película que haya puesto a la luz tantos años de trabajo.

Tú qué eres actriz y desde niña soñabas con esto, ahora que estás al lado de personas a quienes todos admiramos, ¿cómo se siente?, ¿es algo con lo que habías soñado?
Curiosamente yo no había soñado con eso. Siempre quise ser actriz de teatro, fue lo que me enamoró, con toda la conciencia que tiene otro tipo de proyección. Cuando tenía pláticas con amigos que decían que querían hacer cine en Hollywood, yo decía “yo soy muy feliz en mi teatro”. Estoy feliz de estarlo viviendo, pero no es algo que yo deseara. Ha sido increíble descubrir que estas personas a quienes te refieres son de carne y hueso. Estuve en una mesa redonda con actrices increíbles y hablábamos de hijos y de mamás y de cómo nos cuesta trabajo estar en tacones tantas horas. La vida finalmente es lo mismo para un actor, simplemente son escalas distintas.

Hace poco entrevistaba a Diego Luna y me decía lo mismo. Él creció en el teatro con su papá. Decía que todo era abrumador y lo agradecía mucho, pero no era su objetivo. Hay tanta gente que se frustra en el intento, y a veces solo te enamoras de tu pasión y se nutre más orgánicamente…
Pues sí, entiendo perfecto lo que dice. Entiendo cómo fue su infancia: él estaba mucho más cerca que yo con Alejandro, su papá, un gran escenógrafo. El teatro es un mundo tan mágico que te jala y lo que quieres es estar ahí. No es que no quieras lo otro, sino que es muy cansado estar aspirando. Ese es el mundo que yo conocía, al que tenía acceso y que ha sido muy generoso conmigo. La idea de estar en Los Ángeles y haciendo audiciones me parece muy cansada. Admiro mucho a los que han decidido hacerlo, pero no es algo que tuviera en el horizonte.

¿Cómo fue trabajar con Alfonso Cuarón?
Fue un reto enorme, la verdad. Nunca se me quitaron los nervios cada vez que me llamaban al set. Es una persona increíblemente talentosa y así como se exige a sí mismo, exige a los demás. Todos en el set querían dar lo mejor porque él estaba haciendo lo mismo. Yo crecí con maestros que me exigían muchísimo. Mi maestro más querido, Luis de Tavira, es una persona que tiene la misma manera de abordar su trabajo, que es siempre pedir el máximo. Eso te hace nunca estar en tu zona de confort y siempre cuestionarte e ir más lejos de lo que hubiera sido tu primera intuición. Alfonso me ayudó mucho a ir más allá, a entender la actuación desde otro lugar. Y fue increíble que alguien me cambiara la dinámica a estas alturas de la vida.

C36_Mar_01¿Cómo es entender la actuación desde otro lugar? ¿Tú tenías un método y el usaba otro?
Él trabajó en orden cronológico, no compartió el guion con nadie, es algo totalmente distinto. Normalmente construyes un personaje antes, habiéndolo leído, analizado y encontrando sus puntos de cambio; en fin, todas estas cosas que te enseñan en la escuela, que son nuestras herramientas. Y con él no había nada de eso, era confiar en que, de alguna manera, ese personaje estaba en ti, porque por algo te escogieron, porque tienes las cualidades necesarias para abordarlo y se trató sobre todo de un asunto de confianza y de estar en el presente. Actuar es estar en el presente porque si no, el personaje no se sorprende de lo que le está pasando, pero en este caso fue con mayúsculas, lo experimenté en su totalidad.

Vivimos en un país machista, pero en varias familias son las madres quienes se hacen cargo. Estas mujeres se convierten en “todo terreno” por necesidad, incluso cuando el papá vive ahí. ¿En quién te inspiraste? ¿Cómo te preparaste?
Definitivamente en mi mamá. Y también en la mamá de Alfonso, que es Cristina Orozco. Ella representa a las mujeres de toda una generación, e incluso a las mujeres en general. Se vuelven cabezas de familia y tienen que asumir la responsabilidad de ser mamás y papás al mismo tiempo. En el caso de Sofía, mi personaje, no es una decisión, es algo que le sucedió, a lo que se tuvo que enfrentar, y tuvo que crecer. Hay muchas mujeres en esta situación. Al final Sofía, como Cleo a su manera, representa a todo un grupo de mujeres. Sí, como sociedad y como país, tenemos que reforzar lo que significan las paternidades. No solamente desde el punto de vista de lo que los hombres tienen que hacer: también las mujeres. Es un arma de dos filos, no es nada más culpar, demandar, criticar lo que el hombre no hace. Las mujeres a veces solemos tomar la tarea y no dar espacio a que los padres se vuelvan padres. Se necesita fortalecer la conciencia de la paternidad en los hombres. Hay padres maravillosos y también hay los que se desentienden de esa responsabilidad. Las mujeres hemos asumido socialmente que nos corresponde tomar el control de la situación y luego no lo soltamos.

Sofía es como un péndulo. Pasa por un quiebre personal por tristeza, incertidumbre, le rompen el corazón, pero al mismo tiempo es sostén para Cleo y para sus hijos. ¿Cómo ibas explorando sus vivencias?
Pues yo creo que esa es la razón por la que la vemos romperse tantas veces y tener momentos en los que no es la mejor versión de sí misma. Le avienta a Cleo toda la frustración solo porque es la testigo silenciosa de su dolor, y también al hijo. Ese momento en el que le pega por puritita desesperación y miedo al dolor de él, de que haya escuchado. Somos seres complejos y contradictorios, y no siempre nuestras respuestas salen de la mejor manera, pero nacen del amor y eso es lo más interesante.

¿Qué descubriste de ti en estos seis meses de rodaje?
Descubrí que entiendo perfectamente a Sofía. Me inspiré en mi mamá, pero soy también yo. Que la relación entre Cleo y Sofía, así como yo tengo esa misma relación en mi vida personal, es una relación a la que le tenemos que pensar. Que hemos establecido una dinámica social que viene arrastrando cosas desde la colonia y que hay mucho que pensar e investigar porque es una relación bellísima, fundamental, indispensable, y sobre todo si eres madre. ¿Qué podemos hacer para mejorarla, para todos los involucrados?

¿Cuál fue para ti el momento más difícil?
El principio, la primera semana que fue entender el tono actoral que estaba buscando Alfonso. Y empatarme con la forma de trabajar de los demás, con quienes estaba actuando por primera vez. Es decir, olvidarme de lo que sabía y simplemente entregarme a lo que me pedía Alfonso, a su manera de trabajar y a lo que los otros estaban dando. Él ayudó mucho con lo que comentábamos hace un momento, con la forma en la que cambiaba la situación a la mera hora o le daba información distinta a cada personaje. Eso es muy interesante porque la vida es así, podemos estar todos en una misma mesa sentados y cada quién está en una mesa distinta, por lo que trae y por la forma en la que entiende la dinámica familiar. La primera semana fue difícil, fue un reto enorme. Me rompí la cabeza para entender cómo olvidar mis dinámicas actorales.

¿Quién te inspira a ti en la vida después de haber vivido esta experiencia?
Mis amigas que son mamás y todo lo que implica en estos tiempos querer realizarte profesionalmente y al mismo tiempo ser una mamá presente. Eso es todo un trabajo diario de encontrar el equilibrio. De no olvidarte de ti misma, porque entonces te deprimes y te frustras y se lo avientas a tus hijos. Pero tampoco se puede caer en el no estar, porque el tiempo se va muy rápido y se va para siempre.

¿Cuándo te sientes más libre?
Con un grupo de amigos en la playa, de vacaciones.

¿Cuándo tienes miedo?
Siento miedo todo el tiempo en esta carrera. El otro día estaba pensando que escogí la carrera en la que nunca sueltas el miedo ni los nervios. Cada cosa que hago, dar función, estrenar, entrar a un llamado, cruzar por una alfombra roja, por Dios, nada más contrario a mi personalidad. Las entrevistas. Todo el tiempo es estar con la adrenalina.

CREAM_36-71Para los mexicanos fue muy fácil identificarse con Roma, un vivo retrato de la cultura mexicana. Lo fue especialmente para quienes vivieron en esa época, en la Ciudad de México y en la colonia Roma. Pero lo que más llama la atención de este proyecto es que gente de todos los países, idiomas y culturas está conectando con la historia: gente que nunca ha pisado México, pero que quedó enamorada de la película. ¿A qué crees qué se deba?
A que todos fuimos niños y todos perdimos algo en la infancia, todos tenemos cicatrices. Y también tenemos a alguien a quien darle las gracias, ya sea la mamá, la abuela, la mujer que vivía en nuestra casa y ayudaba a cuidarnos o nuestro abuelo o padre. Es algo intrínseco del ser humano.

Cada quien vive su historia. Sofía estaba luchando por sobrevivir como mejor podía, Cleo también, los hijos igual. Y hasta después puedes juntar las piezas del rompecabezas. En el momento, cada quien busca su aire para respirar…
Por eso Alfonso dice que esta película la tenía que hacer ahora. No la podía haber hecho a los 30, cuando empezaba a hacer cine, porque es algo que debes reflexionar tiempo después de haber vivido la experiencia. Le queda muchísima vida por delante, pero digamos que este es un momento en el que pudo mirar hacia su infancia y su adolescencia, y preguntarse por aquellos que estaban ahí. ¿Quiénes eran? A mí Sofía me hizo pensar en cómo vivió mi mamá un divorcio en los 80. Y tener muchísima más compasión y entendimiento por ella que de niña, porque de niña estaba enojada.

Parece que has alcanzado el gran sueño. ¿Con qué sueñas en esta etapa?
Sueño con poder estar tranquila y contenta con las decisiones que tome en mi vida, tanto profesional como personalmente. Ya sea quedarme en México y seguir haciendo teatro o aceptar otros proyectos. Estar en paz con esa decisión. Quiero estar contenta, serena y feliz con lo que tengo.

Creo que sí te va a tocar tomar decisiones grandes porque se te van a abrir muchas puertas después de esto.
Nunca se sabe, jaja. ¡Ojalá!

¿Qué es lo que quisieras que la gente supiera de México?
Que tiene gente maravillosa, en especial las personas que pertenecen a la comunidad indígena, que ha sufrido muchísimo. Los indígenas no han recibido el agradecimiento que se merecen, de este país y el mundo. Hablamos de una comunidad que está siendo constantemente agredida en las fronteras. Me encantaría que esta película, al retratar la belleza de Cleo y la belleza de Yalitza Aparicio, interna y externamente, y de Libo, la mujer en la que se basa su personaje, al retratar a esos seres maravillosos, multiplique su resonancia por millones, y podamos regresarle a esa comunidad un poco de lo que históricamente le ha sido arrebatado.

Prada SS 2019

 

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Peep toe en acabado tipo serpiente

Colección primavera/verano 2019

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Mocasín en piel con acabado trenzado

Colección primavera/verano 2019

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Sandalia en piel napa

Colección primavera/verano 2019

 

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Stiletto en piel grabada tipo serpiente

Colección primavera/verano 2019

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Distrito Cube, hacia una vida sustentable

PanelS_Flat_líneasLos estilos de vida actuales exigen más que estética y funcionalidad en los espacios habitados. La propuesta de Grupo Cube consiste en un desarrollo inmobiliario que, además de un diseño a la medida y una excelente ubicación, apuesta por la sustentabilidad y la conciencia ambiental.

Distrito Cube, creado de la mano de Luis Aldrete Arquitectos, se convertirá en el primer desarrollo en el país en funcionar cien por ciento con energía solar. Tanto los hogares que lo componen como las áreas comunes se valdrán del uso de energía sustentable, prácticamente gratuita.

Gracias al programa Vida Sustentable, Distrito Cube contará con más de 550 paneles fotovoltaicos colocados en las azoteas de sus edificios, de manera que las cuotas mensuales se reducirán significativamente, igual que la huella de carbono del desarrollo. El mantenimiento de este innovador sistema es mínimo: prácticamente, solo requiere limpieza.

Disminución de gasto de consumo de energía (y, por lo tanto, de egresos), sistemas totalmente ecológicos, amplias garantías, un mínimo de mantenimiento y una aplicación capaz de valorar la energía usada en comparación con el desembolso económico, son algunos de los grandes beneficios de Distrito Cube, un oasis para la vida sustentable.

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